Jueves, 24 de enero de 2019
Las Arribes al día

A la luz de una nueva hoguera  

Ayer viernes, 4 de enero, el grupo de Teatro ‘Lazarillo de Tormes’ representó su montaje ‘Teresa, la jardinera de la luz’ en el marco del conjunto de actuaciones patrocinadas por la Diputación de Salamanca

La representación tuvo lugar en la iglesia parroquial de La Inmaculada

“Ya vienen los Reyes...” Así empieza uno de los villancicos del folklore tradicional. En este fin de semana se celebra esta festividad en la que al margen de creencias, se sucumbe a la magia de esperar un regalo, algo que de forma material o emocional llegue a sorprendernos, a hacernos sentir especiales. También dice otro refrán que “por los Reyes lo sienten hasta los bueyes...”, refiriéndose al aumento del tiempo de luz que acumulan los días, poco sin duda, apenas perceptible, pero que casi sin darnos cuenta nos conduce de forma mágica también a la luminosa primavera.

Con una luz muy particular y casi de modo imperceptible, una obra de teatro, Teresa, la jardinera de la luz, ha ido convirtiéndose en un hecho teatral de hondo calado entre todos los que la han disfrutado. No sólo encierra la luz de la biografía de una mujer tan singular como lo fue Teresa de Jesús, no tan cercana y conocida como se creía, sino que se la presenta desde una óptica diferente a las anteriores, más humana, más próxima, más mujer, así “en la Tierra como en el Cielo”. Y esta labor la ha llevado acabo un grupo de teatro de aficionados, ‘Lazarillo de Tormes’, que a lo largo de estos últimos años ha recorrido casi tantos caminos como lo hiciera la carmelita del XVI, y que inicia el nuevo que nos abre el recién comenzado año 2019, en este primer fin de semana de enero, que se prepara para La Epifanía.

La Vídola, pueblo de La Ramajería, en las estribaciones de Las Arribes, es la que recibe ilusionada un montaje teatral que tanta luz ha ido sembrando entre espectadores de tantas localidades de distinta envergadura y que en muchos casos, nunca habían disfrutado de un espectáculo teatral, y que de esta forma lo han hecho para conocer en su auténtica realidad a alguien, que ahora parece formar parte más cercana de nuestro patrimonio cultural, histórico y social. Cultural, porque no cabe duda del enorme filón que esta monja fue, culta, docente para sus hermanas y pródiga escritora en diversos géneros, por lo que tanto la Iglesia como la Universidad la reconocieron doctora de ambos estamentos. Históricamente nos conduce inexorablemente a una de las épocas más prolíficas de la historia de España, la de Felipe II, allá por el XVI. Época que además nos habla de una sociedad de varones poderosos, cerrazón social y minusvaloración absoluta del género femenino. La nueva forma en que “Teresa, la jardinera de la luz” nos explica a esta mujer, arroja luz sobre todo lo anterior, sobre lo viejo.

No es necesario menoscabar el significado de esta palabra. Probablemente la etimología de La Vídola venga de una antigua palabra, “veta”, cuyo significado, vieja, será también el origen de “veterano”, que siempre nos acerca a cierto grado de sabiduría. A través de la puesta en escena de ’Lazarillo de Tormes’ se nos muestra a una nueva y sabia figura de mujer, compendio de toda la modernidad que aglutina aquello que se convierte en universal. Y este trabajo reúne en torno a sí una reconocida veteranía que en los escenarios de cientos de iglesias que lo han acogido, ha dado a luz la frescura de una historia contada de otra manera.

La iglesia de la Inmaculada de La Vídola puso como telón de fondo a ‘a jardinera de la luz’, las antiquísimas y sin duda muy valiosas pinturas medievales que aparecen en las paredes de su altar mayor. Como tantas veces, y una vez más, singular y diferente, como en cada actuación, siete monjas carmelitas, un padre inquisidor en su púlpito, y la bella música que sale del órgano del maestro Salinas, dibujaron también sobre la asombrada atención de los espectadores presentes, toda una vida llena de contrastes, matices, luces y sombras como los que tienen los diálogos de este sucinto guion que como siempre les trasladó al convento de Alba de Tormes. Al finalizar la representación y después de recibir el homenaje emocionado de los vecinos de La Vídola, los componentes de este grupo teatral recogieron su atrezzo y las personalidades tan bien dibujadas de sus personajes, y como en una especie de caravana llena de sus regalos para todos los amantes de la magia del teatro, regresaron por el camino que los había conducido a un pueblo, de casas antiguas de granito, sus huertos y ganado, el palacio señorial de los nobles y unas tradiciones que como la de las ‘bolagas’ encienden hogueras para celebrar la luz de un misterio que cada festividad de la Inmaculada, sus habitantes mantienen incólume, aunque quemando plantas y ramas para inmolar los malos espíritus que una vez quisieron hacerlo con Teresa en otro tipo de hoguera. La Diputación salmantina que lleva apoyando a ‘Lazarillo de Tormes’ con esta obra a lo largo de todo un año, podría haberlo incluido en su precioso belén de la Salina como parte de ese paisaje lleno de magia, humanidad y buenos propósitos.

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