Jueves, 24 de enero de 2019

Año nuevo con viejos problemas

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Llevamos pocas horas del nuevo año y los problemas sociales y políticos siguen en la misma dirección. Lamentablemente, en Laredo (Cantabria) ha fallecido la primera mujer de este año víctima de la violencia machista, mientras los políticos de Vox ponen como condición a PP y Ciudadanos que retiren las ayudas a las víctimas de esta indecente lacra para dar su apoyo al nuevo gobierno andaluz. ¿Les importan más a estos señores de Vox, los toros, la caza, el caciquismo y la patria hispana reaccionaria (no la universal e integradora, que reivindico aquí) que el respeto a los derechos humanos de todos, sin distinción de raza, color, sexo, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, como establece el artículo 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos?.

Resulta del todo vergonzoso que el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, por Vox, Francisco Serrano (ex juez) fuera condenado a inhabilitación, por un delito de prevaricación, al dictar una resolución judicial injusta que ampliaba las vacaciones de un niño con su padre, sin contar con las indicaciones ni del juzgado de violencia de la mujer, órgano que tramitaba el divorcio de los padres, ni con la madre del pequeño. Con estos señores quieren pactar, tanto PP como Ciudadanos, para formar gobierno.

La ansiedad del PP por gobernar Andalucía y España está llevando a sus dirigentes a situaciones esperpénticas. Su líder, Pablo Casado, deambula como una marioneta de un lugar a otro y sin rumbo fijo en un escenario controlado por sus autores mediatos: los ideólogos más reaccionarios del PP y los líderes de Vox. El viaje a Melilla predicando dureza contra la inmigración, pidiendo que se devuelvan en caliente a los menores extranjeros no acompañados, -cuando ni la legislación española ni las convenciones internacionales lo permiten y lo ha recordado sistemáticamente el Comité de Naciones Unidas para los derechos del niño-, es una prueba de ello.

Esa irracionalidad la predican también el resto de los dirigentes del PP. Los últimos ejemplos han sido, por un lado, la compulsiva entrega de banderas españolas en los actos de celebración del 527 aniversario de la toma de Granada por los Reyes Católicos, dando a entender que son los únicos que defienden a España y están “picados” en esto con Ciudadanos y sobre todo con Vox, “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces” y, por otro, el secretario general de esta formación, García Egea, respondía al video publicado por Puigdemont desde Waterloo, en el que el dirigente catalán fugado interpretaba al piano la canción de Serrat “la Saeta”, con otro video interpretando al organillo el himno de España. Una vez más, queriendo atribuirse un amor a España que no es menos falso que un billete de madera, porque sólo aman a una España, la que piensa como ellos, la callada y sumisa, la de los súbditos y no la de los ciudadanos libres, divergentes y críticos. Políticamente, aunque las respete, no comparto ni las ideas políticas de Puigdemont ni las de Casado, porque tanto una como otra son radicales, excluyentes y sectarias.

Ahora bien, personalmente siento una emoción más intensa con la poesía de Antonio Machado “La Saeta”, hecha canción por Serrat. Simplemente porque, como decía el poeta sevillano “¡no puedo cantar, ni quiero/ a ese Jesús del madero,/ sino al que anduvo en el mar!”, siempre me ha gustado más el Cristo revolucionario, inquieto, reflexivo, humano y comprensivo, hablando con sus discípulos y predicando la fraternidad entre los seres humanos, conforme a la filosofía de los “peripatéticos”, en el campo, en los lugares de trabajo, con la gente, delante de los problemas de todos, a los que hay que dar solución, que la imagen que ha dado el catolicismo barroco de la ultra ortodoxia, adorando figuras de madera, inalcanzables, que sólo transmiten la imagen de un Dios justiciero e inflexible; lo mismo que me interesa más el Cura que se integra en las vivencias diarias de la gente intentando vendar las heridas sociales en lugar de echarles sal, que el que impone su doctrina desde el púlpito sin esas relaciones interpersonales directas y sin pisar el terreno de juego de realidad cotidiana.

Con estas conductas radicalizadas y descritas anteriormente, el PP no solo está causando un daño a la sociedad en su conjunto, alterando la convivencia pacífica y generando división y enfrentamiento entre ciudadanos, tampoco obtiene un provecho para su partido, sino un perjuicio, porque se le irán los electores moderados y apoyarán a otras fuerzas políticas menos radicalizadas y más tolerantes. Ha preferido actuar así que, por ejemplo, apoyar al pueblo extremeño (que ha sufrido, una vez más, los problemas de su mala conexión ferroviaria con Madrid) y reivindicar, ante RENFE y el gobierno central, la mejora en el funcionamiento de los trenes. Las causas: la obsesión enfermiza por llegar al poder cuanto antes y las heridas, sangrantes aún, de la moción de censura que prosperó en junio.

El italiano Carlo M. Cipolla, uno de los mayores historiadores del siglo XX, en su obra “las leyes fundamentales de la estupidez humana”, decía que todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos. Los incautos son los que con sus acciones consiguen beneficios para los demás, aunque ellos obtienen pérdidas; los inteligentes son los que procuran un beneficio para los demás y para ellos mismos; los malvados, los que obtienen beneficio causando daños y perjuicios a otros; y, los estúpidos, los que, sin obtener beneficios propios, incluso provocando perjuicios a sí mismos, causan daño a otra persona o grupo de personas. ¡Qué razón tenía!