Domingo, 25 de agosto de 2019

La provincia del hombre

Existimos en lo pequeño, en lo cotidiano, en un mundo donde todo es próximo, donde lo extraordinario solo ocurre de guindas a brevas, e incluso, en todas las sociedades suele estar marcado, ya sea por los calendarios festivos o por los ritos de paso (nacimientos, bodas, entierros…), que cada sociedad celebra a su modo, un modo conocido por toda la ciudadanía. Es el pequeño mundo del ser humano de que hablaran los humanistas.

Hasta el momento, hemos agrupado nuestros artículos bajo un marbete temporal (‘Al hilo de los días’). Lo dejamos a partir de este momento, por otro espacial más bien (‘La provincia del alma’), que hemos elegido en momentos anteriores, para comentar, o poner el texto o leyenda a algunas fotografías aparecidas en este mismo medio.

Pero sabemos –a partir de ese gran estudioso de las ciencias humanas, que fuera Mijail Bajtin, lúcido analista del carnaval y de la obra del escritor clásico francés François Rabelais; y también de filósofos muy anteriores– que tiempo y espacio van de la mano, se interrelacionan. Debido a lo cual, Bajtin creó el concepto de ‘cronotopo’.

Todos existimos en ese cronotopo, peculiar en cada sociedad y en cada momento, pero, al tiempo, con rasgos universales y arquetípicos. La provincia es, también, claro, otro cronotopo.

En él nos vamos a situar, a partir de ahora, para comentar nuestros patrimonios, aquello que hemos ido elaborando a lo largo del tiempo, en nuestro pequeño espacio provincial, en nuestro pequeño mundo, y que por ello nos pertenece, pero que, en no pocas ocasiones, descuidamos y abandonamos.

Iremos comentando nuestros pequeños patrimonios. Pero, al tiempo, a medida que transcurran los días, también los acontecimientos culturales y sociales, a los que un artículo de opinión que se precie no se puede sustraer. Eso sí, situándonos en esa ‘provincia del hombre’ –tomando el título de ese hermoso libro de aforismos del escritor judío de origen sefardí y Premio Nobel de Literatura Elías Canetti– y de la mujer.

También hay un provincianismo morboso y levítico (en todas las pequeñas, medianas y grandes capitales provinciales) del que queremos, deliberadamente, prescindir, pues se instala en ese vicio, tan cultivado por los españoles, de lo provinciano. No nos interesa para nada lo provinciano, esos pequeños pudrideros humanos de intereses, de dimes y diretes, que tantas veces atentan contra la dignidad de todos. Ese mundo lo desmenuzaba, a su modo, el escritor navarro Miguel Sánchez Ostiz en su hermoso relato titulado ‘La negra provincia de Flaubert’.

No. Evitaremos siempre cualquier perspectiva de la ‘negra provincia’, pues no nos interesa para nada. Y nos situaremos más en esa perspectiva de nuestro tiempo y de nuestro espacio, desde esa ‘provincia del hombre’ –y de la mujer, claro– de que hablara ese extraordinario escritor –léanlo, es tan recomendable– que es Elías Canetti.

Comenzamos tal travesía con el arranque del año, a través de un nuevo cronotopo, pequeña barquichuela desde la que trataremos de percibir ese pequeño mundo de todos nosotros.