Sábado, 7 de diciembre de 2019

Mejor en compañía

En estos últimos días hemos conocido a través de los medios de comunicación dos ejemplares historias de superación personal, un buen estímulo para comenzar el nuevo año.

Natacha López, diagnosticada de cáncer de mama, logro completar 15 maratones el pasado año. Daniel Albero, que tiene diabetes tipo 1, tras vencer en varios mítines de motociclismo, se propone un nuevo reto en este año 2019, competir en el Dakar, una carrera extremadamente exigente y dura. Ambos compiten al más alto nivel, ambos son ejemplos a seguir, pero hay muchos más casos de personas que luchan cada día por vencer sus enfermedades de forma anónima, para todos ellos, mi más sincero reconocimiento.

En 1.978 se diagnosticó en San Francisco el primer caso de VIH en un hombre homosexual. Dos años después se produjeron en Estados Unidos 31 muertes y algunos médicos comenzaron a observar la frecuencia, anormalmente elevada, de dos enfermedades conocidas pero cuya presencia resultaba extraordinariamente rara en pacientes jóvenes. Pero fue 1981 el año que marcó el comienzo “oficial” del VIH, aunque esto puede que no sea más que otra de las múltiples imprecisiones que rodean la enfermedad, porque con bastante seguridad se habían perdido ya muchas vidas desconocidas antes de ese fecha que la pobreza y la lejanía no dejaron llegar hasta la opinión pública.

Algunos años después, el VIH se había convertido en una pandemia que afectaba a muchos millones de personas y continuaba su vertiginosa expansión a razón de 15.000 nuevas infecciones diarias ¡más de 10 por minuto!, de las que un 50% se producían entre jóvenes menores de 24 años. Cierto es que hemos avanzando mucho tanto en su prevención como en su tratamiento, pero no tanto en su aceptación social.

Ya lo pregunte en ocasiones anteriores, pero creo que es oportuno volver a plantear de nuevo la cuestión. ¿Por qué cuando una persona admite públicamente tener cáncer o diabetes es arropado por su entorno, incluso, su lucha personal es ensalzada por los medios de comunicación, y no sucede lo mismo cuando se trata del VIH?

Desde sus orígenes el virus causante del SIDA ha estado rodeado de un oscuro y sórdido velo, de manipulaciones interesadas y de largos y temerosos silencios, que favorecieron, continúan haciéndolo, la permanencia de mitos y falsas creencias muy peligrosas ya que estimulan y alimentan reacciones de desconfianza, exclusión y rechazo.

La reacción que, tanto a nivel individual como colectivos, tenemos frente a las personas que públicamente admiten ser portadores del VIH es injusta. Injusta porque hablamos de personas que sufren una enfermedad, de personas que día a día luchan por superarla, pero que se ven obligadas a hacerlo desde el anonimato sin que se les ofrezca ningún tipo de reconocimiento social. Todo enfermo intenta luchar contra su enfermedad, pero todo es más fácil cuando se hace acompañado. "Sin apoyos es imposible salir adelante”, decía Natacha López.

La respuesta que desde las instancias públicas, también desde la sociedad en general, llevamos décadas dando a los portadores de VIH y a los enfermos de SIDA, deja al descubierto la injusticia social con la que a diario convivimos. Lo que no nos gusta, lo que tememos, se oculta.

¿Qué puede justificar el hecho de que no tratemos de igual forma a Natacha López o Daniel Albero que a aquellas personas que lucha contra el VIH? Si tanto el cáncer, como la diabetes y el VIH son enfermedades crónicas e incurables ¿dónde está la diferencia? En mi opinión la única explicación es el miedo, un miedo heredado que se nutre de la falta de interés y la desinformación a la que todos, también las instancias públicas y los medios de comunicación, sometemos a los afectados por el VIH. Todo enfermo tiene derechos y superar una enfermedad, cualquier enfermedad, siempre es más fácil cuando los demás nos apoyan.

Susan Sontag, escritora, novelista, filósofa y ensayista, norteamericana escribió: “El sida no tiene sólo el infeliz efecto de apuntalar el moralismo sexual, sino que fortalece además la cultura del interés propio, que en buena parte suele pasar por individualismo... El interés propio recibe ahora un nuevo aliento, como si se tratase de un gesto de simple prudencia médica[1].

Para este año nos quedan muchos muros que derribar. Feliz año a todosy que los Reyes Magos nos traigan a cada uno lo que necesitemos.

 

[1] El sida y sus metáforas. (2011)