¿Hay algo mejor que un bolero de Moncho para despedir el año?

Se fue Moncho, Ramón Calabuch, qué más da cuál era su nombre de pila. Moncho, el gitano del Bolero, ¿recuerdan?. Le esperaba un gran homenaje de muchos compañeros famosos, un gran homenaje a toda una institución como artista de la canción, del bolero esencialmente. Pero no llegó. Moncho era nuestro manzanero (de hecho Armando Manzanero le escribió “Llévatela”, uno de sus grandes éxitos, un bolerazo cuya letra ahora, como anda el patio, estaría de actualidad en eventos judiciales.

 Moncho acunó el bolero como nadie, quizá Gatica, un suponer. En su Barcelona del alma Moncho es un Rey mago admirado, querido y adorado. Ni las palmas por bulerías, ni la soleá, ni la silla de enea, que va. Moncho de fue joven a Cuba, a beber de los grandes soneros y boleristas, a copiarles sus raíces que él condimentó con unos pellizcos de rumba catalana cuyos ecos prístinos y sabrosones enduendaron el barrio de Gracia y respiraron el modo de vivir el arte gente como El Pescaílla, Peret, Chacho o Gato Pérez, que se fue pronto al otro mundo, demasiado pronto, con la vendimia intacta por recoger.

 Moncho bulle mucho ahora por Internet con actuaciones memorables en el Palau de la Música de Barcelona, incluso en el Liceo (seguramente considerado un contradiós durante mucho tiempo). Viendo un video ayer en éste último escenario, acompañado por percusión (piano, congas, contrabajo) y tres guitarras como sacadas de los músicos callejeros de la rambla…me imaginé los entresijos para apañar aquel concierto en lugar tan sagrado para Bel Canto.

 Pero Moncho era ya una institución incontestable en esta tierra tan hermosa, querida y ahora agujereada. Su arte no tenía parangón en los expositores de cintas en los bares de carretera y, junto a los chistes de Arévalo, arrasaban. Les iban a la zaga Dyango y Mari Trini, pero, sinceramente, no había color. Los Amaya y Rumba 3 también pegaban fuerte, es cierto.

 Este artista, con cara de ese gitano señorito que va vendiendo relojes “de marca” por la calle, ha grabado un puñado de boleros eternos acompañado de una orquesta sinfónica  y ha publicado casi cien discos en distintos formatos, tiñendo el amor, el desamor, la traición amorosa  e historias de asuntos de sentimientos deshabitados y turbios, de un soniquete vocal poderoso y enamoradizo, justo a adecuado para los asuntos volátiles, lacrimógenos y emotivos del género bolerístico.  La condición humana abierta en canal, vamos.

  ¡Y qué bien se bailaba el “agarrao” en su melodiosa voz! Sólo por eso, gracias amigo.