Jueves, 24 de enero de 2019
Bracamonte al día

La jardinera llega a la frontera de un nuevo año

Ayer domingo 30 de diciembre, el grupo de Teatro ‘Lazarillo de Tormes’ representó su montaje "Teresa, la jardinera de la luz" en el marco del conjunto de actuaciones patrocinadas por la Diputación de Salamanca
En el sentimiento con el que las integrantes del grupo 'Lazarillo de Tormes' viven la obra, reside gran parte de su éxito

En la víspera de finalizar este 2018, Teresa de Jesús sigue de camino de la mano del grupo de teatro ‘Lazarillo de Tormes’, con su ya también celebrada obra Teresa, la jardinera de la luz. Acierto que ha tenido la Diputación salmantina en la elección de este montaje para llevar a todos sus pueblos no sólo la admirada figura de la carmelita del XVI, sino de hacerlo a través de un fenómeno cultural de primer orden como lo es el teatro. Y esta oportunidad ha sido sencilla de llevar a cabo, por el escenario natural en que se desenvuelve la puesta en escena, el altar de cualquier iglesia.

En estos días navideños en que las reuniones y encuentros ponen de manifiesto la condición humana con todas sus aristas, acercarse a un trabajo de la envergadura de Teresa, la jardinera de la luz en recintos como las iglesias en donde tanta energía vital se ha ido acumulando, da lugar a una complicidad de un especial calado, que el teatro sabe fomentar, y que salta fronteras. En la frontera de acceso a un nuevo año, y en un pueblo de la comarca de Peñaranda que siempre lo ha sido entre los territorios de Castilla y León, llegó una particular ‘jardinera’, a inundar con su luz a una fronteriza Aldeaseca, cuyo topónimo perdió protagonismo.

Espectadores y actores se reunieron en la bellísima iglesia románico-mudéjar de La Asunción, para compartir los últimos momentos de la vida de una Teresa agonizante en el convento de Alba de Tormes, donde sus hermanas, llegadas de otros caminos quieren acompañarla en el suyo final. Sobre un predominante púlpito al pie del altar, un padre dominico, avasalla a unas mujeres en hábito de estameña, cansadas y asustadas por su presencia, y que tan sólo buscan la de la madre Teresa. Se inicia un juicio duro e injusto en el que el público asistente se siente, a pesar de saberse en su hermosa parroquia, en otro espacio, otro tiempo y entre la sucesión veloz de acontecimientos narrados en escena.

Un ábside mudéjar adornado de dos filas de arcos ciegos parece paradójicamente dar luz a las escenas que espontáneamente y con el dinamismo de una buena interpretación se van sucediendo delante. Teresa de Jesús se va perfilando como la mujer de carne y hueso que fue, inteligente y sabia, humilde y valiente, perseguida por la Inquisición y libre ante el cerrado mundo de hombres que imperaba en todos los estamentos de la sociedad que le tocó vivir. Hacer que los vecinos de Aldeaseca de la Frontera vivieran también con ella, es una tarea que los componentes de este grupo de teatro de aficionados ha conseguido a lo largo de sus casi cuatro años de representaciones que ya sobrepasan en otra mediana las 250. Sin embargo en cada una de ellas, la vida de esta singular monja, con sus obras, escritos de carácter pedagógico, lírico o epistolar, siempre parece renovada, distinta, especial para cada uno de los espectadores que conforman el público asistente en cada ocasión.

Este marco del altar mayor en la parroquia de La Asunción de Aldeaseca de la Frontera, fue el espejo de luces y sombras en el que el guion de Teresa, la jardinera de la luz se proyectaba y que ‘Lazarillo de Tormes’ hace perfectamente creíble. Como si de una metáfora de su propio nombre se tratara, este grupo ha guiado por todos los caminos que ha recorrido a los que han querido saber de la luz de una santa, intelectual y humana, que es parte de nuestro más profundo acervo cultural, tan alejada hasta ahora en las hornacinas de las iglesias, y que se ha acercado en ellas de nuevo en forma de evento teatral sin precedentes. Los vecinos de este pueblo tienen como patrón a san Isidro Labrador que vela por la fertilidad de los campos que les dan de comer. En esta tarde límite entre el viejo y nuevo año, una nueva luz, la de un nuevo perfil de mujer, riega también de otra manera este pueblo. Mientras los aplausos acompañan por uno de los pasillos de las tres naves de la iglesia la salida de las hermanas carmelitas de Teresa, una torre que flanquea el edificio y que creció en el siglo en que ella viviera, el XVI, hará sonar muy pronto sus campanas para recibir otro año que aunque diferente, formará parte del gran mosaico de ellos que hacen el tiempo universal, como lo son las notas que salen del órgano del ciego Salinas que no abandona el espíritu de la maestra en todo su recorrido en el escenario que fuera su vida.

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