Sábado, 17 de agosto de 2019

Máster en "desexcenlencia" y desmotivación académica.

Si abrí los labios para ver el rostro 
puro y terrible de mi patria, 
si abrí los labios hasta desgarrármelos, 
me queda la palabra.

Blas de Otero

Hoy comienzo a escribir citando el Quijote, concretamente, el inicio de la Segunda Parte, cuando llega Bartolomé Carrasco “que viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller” a contarle a Don Quijote las críticas y alabanzas que han recibido sus aventuras. Posteriormente afirma: “pues sabe que soy bachiller por Salamanca, que no hay más que bachillear”  y en la nota a pie de página de la edición de Cervantes Virtual nos dicen: “ ‘ser muy bachiller’, por serlo de la más importante de las universidades mayores; pero también ‘hablar mucho’ e incluso ‘mentir con aplomo’.” 

¿Qué pretendo con esto? Que no es de extrañar que el personaje que Cervantes eligió para representar a Salamanca fuera: “señales todas de ser de condición maliciosa y amigo de donaires y de burlas” y que se refiera a él Don Quijote de esta forma: “sino el inaudito bachiller Sansón Carrasco, perpetuo trastulo y regocijador de los patios de las escuelas salmanticenses”. A lo mejor ya había en esa época una crítica al mundo universitario y a la parafernalia del mismo.

Creo que a la universidad le faltan 800 años de autocrítica.

Se presume la insignia de la excelencia, ni más ni menos que a nivel internacional... Sin embargo, son muy pocos los profesores que pueden sentirse honrados de lograrla.  Somos mucha gente la que pasamos por el “Máster en profesor de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas” (el antiguo CAP). Es triste la ilusión con la que empezamos todos el máster, sin atender a las críticas que hacían los antiguos alumnos, pensando que, quizás, exageraban. Triste porque el otro día, en una de las clases, una profesora nos preguntaba qué queríamos hacer al terminar este año y, la gran mayoría, respondía que al entrar tenían muy claro que querían opositar y ser profesores en institutos, pero que ya NO. Si alguien busca indignarse, por favor, que se matricule en este máster...

Díganme, si un profesor no tiene ilusión por su trabajo y creencia en el cambio, ¿cómo va a ejercer su labor de forma satisfactoria? 

Se toma el discurso fácil de que la situación en las aulas es incontrolable, de que los alumnos cada año son más infantiles o que son maleducados… Puede ser, no les quito razón, pero también hay mucho conformismo y mucha tendencia al individualismo y falta de coordinación en la docencia. Esta es una de las premisas que mejor he aprendido en este máster: el docente tiene que saber trabajar en grupo y buscar la unión y el apoyo de sus compañeros.

La unión hace la fuerza.

Tenemos la suerte de ser un grupo fuerte y unido en la especialidad. Nos hemos encontrado un panorama nefasto, ¿por qué? Por el miedo. Los antiguos alumnos no se quejaban de nada porque no había compañerismo, ¿cómo va a cambiar algo si no eres capaz de dar la cara y enfrentarte a la realidad? Hay una actitud de sumisión total en la universidad promovida por el ambiente competitivo del sistema de matrículas de honor. Pagamos tasas desorbitadas y no nos ofrecen la calidad correspondiente al precio. ¡Se ríen en nuestra cara porque lo permitimos y somos cómplices!

El problema parte de cómo está planteado el máster a nivel nacional. Se aprovechan de que tenemos que cursarlo sí o sí para poder trabajar o presentarnos a las oposiciones; nos cobran la tasa que les apetece y se desentienden del problema. Dentro del máster se van pasando la pelota los unos a los otros (que si la culpa es de fulanito por obligarnos a dar clases en este máster; otros nos dicen que son ellos los que eligen darlas; que si no nos pagan las horas de clase que impartimos aquí; mientras otros nos dicen que sí se las pagan;  que si debemos hablar con cada profesor; ellos nos dicen que hablemos con el coordinador; que si la culpa no es de nadie... pero nosotros pagamos dinero por estas clases y nuestro tiempo… LALALALALALALALALA LA LA) y mientras tanto… ¡Cinco horas diarias aguantando clases de profesores desmotivados, totalmente obligatorias! Repito, no todos los profesores pecan de esta desmotivación y dan ganas de dar un abrazo al que se toma en serio su trabajo, ¡lamentable que hayamos llegado a esto!

Otro tema  son las prácticas. ¡Inocente de mí! Entré pensando que como mínimo serían tres meses y que tendríamos un tutor por persona. Somos dos personas por tutor en las prácticas ; tenemos un triste mes y medio de prácticas y  casi mandan a compañeros a Zamora a hacerlas porque no encontraban tutores. ¡Nadie tiene la culpa! REPITO, ¡NADIE TIENE LA CULPA! Nosotros tampoco. Agradeceríamos, si fueráis tan amables y no fuese molestia, que se diera cierta información, antes de que la gente se matricule en el máster, de que vamos a tener solo un tutor para dos personas y de que, a lo mejor, nos toca desplazarnos a la conchinchina o a un pueblo perdido en la siberia castellana. Quizás, y corríjanme si me equivoco, haya mucha gente que se plantee entonces matricularse en el mismo máster en otra ciudad, a mitad de precio (llamadme loca). 

Sería fácil ir a clase, sentarme y ponerme a hacer cosas más interesantes en mi ordenador, recoger el título al final del año y marcharme. Olvidarme por completo del dinero, de mi formación y de mi tiempo. Esperar a que algún día alguien se despierte iluminado y solucione todo esto cual mesías; no meterme yo en estos problemas. La realidad: este máster se implantó en la USAL en el año 2009. Durante 9 años la gente ha actuado de esta forma, un ciclo sin fin que hay que romper.

Este año, hemos decidido prender la mecha para que explote la pólvora…