Martes, 29 de septiembre de 2020

Un saludo a la vida

Cada día hay que agradecer la oportunidad de poder estar aquí, y no podemos permitirnos perder ningún momento, ningún instante, todos hay que vivirlos tal y como vienen, pero con actitud positiva.

El otro día conocí a Miriam Fernández, una joven actriz y cantante que llegó a Salamanca para contar su historia y su filosofía de vida.

Al nacer le diagnosticaron una parálisis cerebral que le impediría andar. Su familia era muy humilde y la dieron en adopción nada más nacer pues no disponían de los medios para atenderla. Ella, consciente de lo duro que debió ser para sus padres biológicos, reconoce su adopción con gratitud, y lo ve como una decisión basada en la generosidad y el amor.

Destacan en esta joven el optimismo y una fuerza de voluntad enorme. Reconoce que el apoyo de su familia adoptiva ha conseguido que hoy camine con la ayuda de un andador, y tenga una vida totalmente autónoma y feliz. Y no solo ha sido capaz de caminar, sino que a los catorce años se proclamó campeona nacional de natación y, más tarde, su pasión por la música la llevó al concurso televisivo de talentos ‘Tú sí que vales’, en el que también destacó como ganadora. Actualmente ha grabado un disco, pues cantar es algo que la hace feliz. Ella ha aprendido que “en eso radica la felicidad, en tomar la decisión diaria de ser feliz”. Miriam nos enseñó a todos los que estuvimos escuchando que “ser feliz es más fácil de lo que parece”, solo tienes que mirarte al espejo y aceptar lo que ves con una sonrisa y con ella afrontar el día. Ella nos dice que “hay que creer en uno mismo”; en el momento en que uno se acepta, es mucho más sencillo deshacerse del miedo y sentirse capaz de lograr metas. Estoy de acuerdo en que el miedo es nuestro peor enemigo, el que más nos limita, el que nos impide ser felices.

Cada uno tenemos nuestro camino, un camino que a todos nos lleva hacia el mismo lugar, pero con obstáculos diferentes para cada uno de nosotros. Cuando comienzas a andar ya tienes ganas de correr y habrá muchos momentos en los que quieras incluso volar. Yo hoy, quiero simplemente caminar, despacio, para poder disfrutar de todo, de mi familia, amigos… y por qué no, de uno mismo. Este camino es tan simple como las flores, un día brotan ofreciéndonos un saludo a la vida, con su colorido y su aroma, pero otro día se marchitan. Hay situaciones que sí podemos cambiar, otras llevan impreso su curso, un día ves cómo se apaga una idea, un sentimiento, o quizás se nos va algún ser querido. Pero así es la vida, cada día hay que agradecer la oportunidad de poder estar aquí, y no podemos permitirnos perder ningún momento, ningún instante, todos hay que vivirlos tal y como vienen, pero con actitud positiva.

La vida nos va moldeando de acuerdo a lo que vamos aprendiendo en el camino, y lo vamos trabajando en desarrollar nuestras fortalezas y restar nuestras debilidades. Yo he tenido la suerte de encontrarme al comienzo de mi camino con una compañera, y con ella he ido definiendo nuestros horizontes, hemos levantado nuestro castillo de ilusiones, soñando con el mañana. Siempre es más fácil ir acompañado, de familia, una pareja o amigos.

Me gustaría que hicieras una promesa: simplemente busca una ilusión que te ilumine y no dejes de alimentarla, que nunca se apague, porque sin ilusiones, yo al menos, no sé vivir. Como dice Miriam, la felicidad simplemente consiste en tomar la decisión diaria de serlo.