Jueves, 13 de agosto de 2020

Pero ¿ha terminado la Transición?

 

… Lo mucho que cuesta hacer libre por las leyes a un pueblo que es esclavo por sus costumbres

(Mariano José de Larra)

 

El 40º aniversario de la Constitución ha agitado el automatismo de las efemérides y ha reavivado las polémicas en torno a la Transición y a la calidad de la democracia vigente. Pocos admitirían hoy que la aprobación de aquella en 1978 supuso sin más la implantación de esta, de modo que la cuestión se podría plantear así: si España se convierte en democracia si y sólo si la Constitución se aplica en todos sus términos, ¿cuándo puede decirse que ocurre tal cosa?  o, lo que es igual, ¿cuándo acaba la Transición?

En diciembre de 1978 seguían vigentes los ayuntamientos y diputaciones franquistas, que no se renovaron hasta las elecciones del año siguiente. Ese fue otro paso en el proceso. Pero hubo que esperar a 1983 para que se aprobaran los últimos estatutos de autonomía. Ahora bien, si aplicamos a estos el mismo criterio que a la Constitución –la autonomía no es completa hasta que se han hecho todas las trasferencias y el estado autonómico queda definido y acabado- cabe preguntar: ¿cuándo ha ocurrido tal cosa, si es que ha ocurrido? Lo ignoramos. Pero si el sistema autonómico no está acabado, tampoco lo está la Constitución, de la que es pieza esencial.

Pero vayamos por otras vías. Algunos sostienen que la democracia española se asentó por fin con el fracaso del golpe del 23 F, que supuso la victoria de la democracia sobre el franquismo residual. Sin embargo, las fuerzas armadas tardaron aún varios años en dejar de estar orientadas hacia el “enemigo interior”, como lo estaban desde 1936, y en pasar a manos del poder civil  -del gobierno y del parlamento– la definición de la política de defensa. Según algunos solo su encaje operativo en la OTAN y en la UEO significó la plena “civilización” de los militares españoles. Todo eso, según argumentó Narcís Serra, solo culminó a finales de los ochenta. (Y no es cosa de recordar aquí los peajes que esa subordinación internacional ha supuesto).

En fin, según otro criterio, la victoria del PSOE en 1982 vino a revalidar la democracia, pues sería la primera alternancia pacífica en el gobierno después de muchas décadas, apartando a una clase política aún muy nutrida de neofranquistas. Sin embargo, no es difícil ver aún hoy rescoldos del cuarentañismo aquí y allá, como hemos expuesto en algunas columnas anteriores.

Y es más: tras 40 años ¿cuándo han estado o estarán plenamente vigentes en España los derechos al trabajo, a la vivienda, a la asistencia social, a la igualdad y a los demás derechos que la Constitución prevé? Por cierto, también son principios de la Declaración universal de los derechos humanos que ahora cumple setenta años, una declaración ratificada por España.Sin embargo, ¿acaso el reformado artículo 135 no da prioridad a otros objetivos políticos, en buena medida contradictorios con la garantía de esos derechos sociales?

Según declaración reciente del secretario de Amnistía Internacional “la batalla por los derechos nunca se gana de forma definitiva en ningún lugar ni en ningún momento”. Eso reza también para España y quizá por eso ciertas efemérides merecerían más dosis de autocrítica que de brindis y retóricas vacías.