Viernes, 18 de enero de 2019

Toma falsa de La Purísima

Interior de la iglesia de la Purísima, donde se puede apreciar el retablo de mármol

Antes de ayer, 8 de diciembre, en doble sesión de tarde, el Equipo de Fe y Arte de la Unidad Pastoral del Centro Histórico presentó en la iglesia de La Purísima el fruto de un largo trabajo de investigación y diálogo sobre esta iglesia napolitana atracada en Salamanca, como si hubiera venido navegando desde las faldas del Vesubio hace más de trescientos años.

En cierto sentido así ocurrió. “Fe y Arte” es un grupo liderado por los actuales párrocos de la Unidad Pastoral “Cristo, Luz de los Pueblos” (parroquias de la Asunción de Puente Ladrillo, San Francisco y Santa Clara, el Nombre de María y San Isidro) Tomás Gil y Juan Andrés Martín. Allá donde han estado han fundado estos grupos para concienciar a sus comunidades parroquiales de las posibilidades del arte y el patrimonio para expresar la fe, o a la inversa, del patrimonio arquitectónico, pictórico, escultórico, musical y cultural –por generalizar con un concepto global- que en su día surgió de la fe del Pueblo de Dios y que ahora tenemos el deber de comprender, explicar, custodiar, mantener, restaurar y, en lo posible, ampliar.

El patrimonio es una oportunidad importante para presentar y proponer el Evangelio y facilitar la experiencia de fe a través de la Belleza, sin imponérsela a nadie, sino en total y consciente libertad. La suerte que hemos tenido es que, entre los feligreses, hay profesores especialistas en arte, aficionados que saben tanto o más que los profesores, guías de turismo, estudiantes y, naturalmente, los párrocos, Poli Díaz y yo mismo, que somos los que menos sabemos y, tal vez por ello, los que más disfrutamos del trabajo previo…y del resultado. Estos son sus nombres: Puri Álvarez, Ana Castro, Fran Jaspe, Juan Antonio Mateos, Flor González, Carmen Ingelmo, Cecilia Herrero y José Rufino Belmonte.

A mí me correspondió redactar un pequeño texto de presentación del trabajo, pero pasó con él como ocurre con las buenas películas, que el Director, a la hora de montar, corta y coloca para favorecer la unidad, en este caso, del video. Muchas escenas son desechadas por distintas razones y, a veces, se presentan al final como un complemento interesante y, en muchas ocasiones, divertido. Bueno, esta fue mi “toma falsa”:

El galeón procedente de Nápoles está embocando la entrada del puerto de Cartagena. Cincuenta y dos carretas de doble tiro esperan alineadas, tranquilos y entrenados los bueyes de carga que Monterrey ha hecho venir desde Galicia. Cada carreta va a transportar hasta Salamanca unas cuantas cajas de mármoles italianos previamente montados y vueltos a desmontar en el taller de Cósimo Fanzago en Nápoles: un púlpito, las calles del retablo, el iconostasio y un sinfín de estatuas y otros detalles decorativos destinados a embellecer la capilla del Monasterio de las Agustinas, y muchas cajas grandes, una de ellas inmensa, que parecen contener obras pictóricas.

Don Manuel de Zúñiga, virrey, conde de Monterrey, ve cómo su sueño va haciéndose realidad. La promesa que hizo durante su experiencia de conversión vivida años atrás cuando el Vesubio entró en erupción, amenazando sus vidas y haciendas, va tomando forma. Ha merecido la pena invertir gran parte de sus recursos en trasladar al mármol, a la pintura, a la escultura, al espacio sagrado que va tomando forma enmarcado por la arquitectura del templo que se alzará frente a su casa-palacio de Salamanca. Una vez que se concluya la iglesia, sueña con poder ser enterrado en ella. Su sobrina y la comunidad agustina de la que es priora, garantizarán en el futuro la oración perpetua por su alma.

Quedas invitado a embarcarte en este viaje.