Miércoles, 23 de enero de 2019
Las Arribes al día

Tomás Bernal Villoria, el pintor del Campo Charro

Ofrecemos aquí la entrevista realizada en 2013 a una persona que dejó huella en Vitigudino y toda su comarca. El funeral será mañana domingo a las 10.00 h. en Vitigudino. DEP

Tomás Bernal Villoria con uno de sus cuadros dedicados al toro bravo

Enamorado de la Capilla Sixtina y del conjunto de la obra de Miguel Ángel –¿y quién no?–, del David, Moisés y de La Piedad. También le persigue en sueños Velázquez y sus Hilanderas, La fragua de Vulcano y, por supuesto, Las Meninas.  Huye de los bodegones por ser “demasiado fáciles” y en su caballete se entrega por completo a la tauromaquia, a las estampas del toro bravo que le cautivaron de pequeño en el Campo Charro, a los caballos al galope en plena libertad, a los paisajes de la dehesa con sus robles vestidos de nidos de cigüeñas.

Toda su vida ha sido un lienzo, con idas y venidas de un lado para otro, como el carboncillo que comienza a dar cuerpo al blanco del papel. Tomás Bernal Villoria nació en Majuges hace 55 años, aunque su presencia en este municipio, entonces, fue anecdótica, pues a los tres meses sus padres se trasladaron a Peralejos de Abajo. Su pasión por el arte, la pintura, le surgió de niño en la escuela, donde comienza a dibujar “por encargo del maestro, láminas de lucha libre”, todo un reto para un niño de tan solo 9 años y que solventa con soltura.

Las necesidades familiares le obligan a trabajar desde muy pequeño, primero con Ángel Mateos en su taller de Vitigudino y más tarde con Electrodomésticos Medina “colocando televisores y electrodomésticos”, aunque esta actividad, de lunes a sábado, no logra aplacar su instinto creativo, así que con 27 años decide ingresar en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy, donde a lo largo de casi tres años de docencia conoce a “grandes profesores”, entre los que cita a “Joaquín Secal, María Cecilia y Miguel Ángel Gascón”, que imparten clases de dibujo, pintura al óleo y carboncillo.

De aquella etapa no olvida sus primeros desnudos y la técnica del carboncillo, pero mucho menos al que se convirtió en un gran amigo, Florencio Vicente Sotobal, de quien asegura ganó varios premios de dibujo para menores de 21 años, “todo un artista”, añade, aunque sus sueños artísticos se desvanecen ante la necesidad de vivir, y de nuevo regresa a Vitigudino para convertirse en rotulista de vehículos, una profesión en auge ante el desarrollo industrial y comercial que Salamanca comienza a experimentar a finales de los años 80. Primero fueron las ambulancias de Vitigudino y las papeleras que instaló el Ayuntamiento, “todo a pincel –recuerda–, entonces no había pegatinas ni nada parecido”.

Tras esta primera experiencia, da el salto a la capital, Talleres PAR, MOSA…, y empresas de transporte requieren de su arte para publicitarse. En Salamanca permanece como rotulista durante una década, profesión que mantiene durante 15 años. Es en ese momento cuando comienza la creación de grandes murales en distintos establecimientos comerciales de Vitigudino, “en El Quijote, Pepiño, Toreros, El Retiro” son los primeros, recuerda, hasta los últimos en Salamanca, ‘los piratas’ del Peter’s, “que ha tenido varios premios”, o los más recientes realizados en Bañobárez, en el hotel Quinto Pino o las “cartas gigantes” del Casino II en Vitigudino.

Su pasión por el toro bravo le conduce a que sean temas taurinos el eje principal de su inspiración, aunque más que en musas, Tomás cree en el trabajo, en horas y horas sentado frente al caballete, y con la paleta en la mano, mucho tiempo. Nunca es demasiado tiempo para lograr con su pincel la perfección y dar forma con todo detalle a sus obras: “Me gusta mucho cuidar todos los detalles, por eso algunas veces me dicen que parecen fotografías, y sobre todo me gustan los primeros planos”.

La mayoría de las ocasiones trabaja por encargo, sus óleos están repartidos por infinidad de casas, aunque asegura que de la creación le resulta difícil vivir, por lo que alterna su faceta artística con trabajos como pintor industrial. “Ahora tengo pendiente varios encargos para bares, en su mayoría murales, pero no es habitual que acumule trabajo”, una circunstancia que no solo afecta a los pintores, pues esta se traslada a la mayoría de las artes y actividades culturales que se ven afectadas de manera muy especial por la crisis tras el incremento considerable de impuestos como el IVA.

‘El poderío del toro bravo’

A pesar de haber realizado varias exposiciones en distintos municipios de la comarca, incluso una en la Escuela de San Eloy y que recuerda con especial cariño, la que presentará el próximo mes de agosto en Vitigudino, en el edificio San Nicolás, le llena de especial entusiasmo, porque “hasta ahora nunca he visto tantos cuadros míos juntos, y eso me emociona”.

‘El poderío del toro bravo’ está formada por 15 óleos con los toros y la dehesa como protagonistas, de ellos apenas “tres o cuatro están en mi poder, la mayoría tienen ya otros propietarios”. De la obra que más orgulloso se siente y que estará en esta muestra, es un toro negro sumergido en el agua, aunque subraya que “aún me queda por retocar algunos detalles, pero es la que más me gusta y espero tenerlo listo para la exposición”.

Otra de las obras por las que siente especial predilección es el cuadro de los soportales de San Ana, un óleo de 1,50X90 y que cuelga de las paredes del bar El Retiro, aunque confiesa una vez más que son los cuadros de estampas de toros y caballos sobre el verdor de la dehesa salmantina los que más le reconfortan como artista. 

Hasta ahora, Tomás ha navegado ajeno a la profecía en su tierra, pero solo será cuestión de tiempo que se le reconozca como artista, pintor del primer plano de la tauromaquia, del Campo Charro y de las Tierras de Vitigudino,  que ahora pinta en el cielo para la memoria de todos.

Adiós, Tomás. Descansa en paz. El funeral será mañana domingo a las 10.00 en la parroquia de Vitigudino.