Miércoles, 19 de diciembre de 2018

Tratado de la impaciencia

La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Art. 1,2

La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social

Art. 10,1

 

Vivimos en una sociedad que premia y ensalza la velocidad y la inmediatez. Se nos educa desde pequeños a pensar en el futuro, aprender para la vida, se nos enseña que el tiempo es un gran valor y que conviene aprovechar. Así apenas el hombre moderno se atreve a realizar cosas que no sean practicas ni provechosas. No es posible ninguna paciencia sin comprensión, sin saber el modo como va la vida, sin el aroma de la historia.

En el año 1978, Joaquín Sabina publicaba su primer disco “Inventario”, cuya segunda canción se tituló “tratado de la impaciencia”.  En la canción se cuenta una historia de amor que no tuvo lugar, lo que pudo pasar y no pasó. Sabina declararía años más tarde que de su primer disco esta es la única canción que puede cantar sin vergüenza. Un disco que puede provocar rechazo sino se contextualiza en el momento que fue concebido. Cuarenta años después, Sabina y su música han sido testigos privilegiados de los cambios sociopolíticos y culturales vividos en estos años de democracia.

Las lágrimas de Arias Navarro y su reformismo imposible, dieron paso al “error Suárez” según la prensa, ya que se pensaba que se estaba designando a un nuevo gobierno de Franco para calmar a las oligarquías del régimen. No sin problemas, junto a otros protagonistas, nos llevó a la democracia, con la autoliquidación de las Cortes franquistas y la legalización de los partidos políticos, incluido la del Partido Comunista de España. Estaba el hoy abierto al mañana/ mañana al infinito/ Ni el pasado ha muerto/ Ni está el mañana ni el ayer escritos (A. Machado).

Es necesario destacar el importantísimo papel desempeñado por la institución monárquica. En un proceso de transición democrática siempre está el peligro de la quiebra de la legitimación, en este aspecto, la monarquía jugó un papel esencial en el tránsito de la dictadura a la democracia, sin romper la legalidad se fue cambiando todo el sistema desde dentro.

El PSOE jugará un papel relativamente pequeño en comparación con la UCD y el PCE, aunque contribuyó a dinamizar todo el proceso y ampliar lo que podría haberse quedado en tan sólo una democracia otorgada. Su papel fue el de convertirse en alternativa al gobierno a lo largo del periodo de transición y, por tanto, una rueda de cambio a un sistema político que la necesitaba.

Más decisivo fue el papel del PCE, cuya dirección procedente de la Guerra Civil era consciente de evitar otra nueva, podían haber rechazado el modo de la transición o no haber prescindido de las liturgias republicanas, con esto hubiesen aumentado sensiblemente sus votos, pero la transición hubiese resultado muy difícil.

La Iglesia española, tendrá también su protagonismo. El Concilio Vaticano II estaba dando resultados, en el año 1972 la revista “Iglesia Viva” hablaba de “taranconazo” y desenganche de la Iglesia con relación al régimen. Sin extremismos, pero el camino iniciado hacia la reforma y el cambio era un hecho, que quería ser plasmado en el documento sobre la “Iglesia y la comunidad política”, provocando una fuere tirantez con los políticos del régimen y con la Iglesia eterna de Trento que seguían cantando con desgarro el “Cara al sol”. Superando los gritos de “Tarancón al paredón” del funeral de Carrero Blanco, realizará una verdadera obra de orfebrería, en la homilía de coronación de Juan Carlos I, marcando la senda de la monarquía para todos los españoles. Todavía se recuerda el titular de un periódico inglés: “Nada ha cambiado pero ya todo será diferente”.

Todos los grupos políticos supieron negociar y llegar acuerdos más allá de las posiciones ideológicas, estableciendo un consenso político de mínimos para poder hacer efectiva la democracia. Posiblemente jugará un papel decisivo el peso de la historia y la necesidad de configurarla, en el trasfondo estaba una sangrienta guerra incivil y cuarenta años de dictadura. Más allá del consenso, también hubo importantes disputas políticas y fuertes disensos, pero era necesario redactar una constitución para la convivencia de todos los españoles.

La labor principal en la primera parte del proceso para elaborar la Constitución de 1978, correspondió a una subcomisión formada por siete personas, son los llamados padres de la Constitución: fueron Miguel Herrero de Miñón, Gabriel Cisneros y José Pedro Pérez-Llorca, de UCD; Gregorio Peces Barba, del PSOE; Manuel Fraga, de Alianza Popular; Miguel Roca, de la minoría catalana, y Jordi Solé Tura del partido Comunista de España. En mayo de 1978, el proyecto pasó a discutirse en el pleno de la comisión del Congreso de los Diputados. En julio, fue aprobada en el congreso con una gran mayoría con diputados tan antitéticos como Carrillo y Fraga. Sólo la extrema izquierda nacionalista vasca y la extrema derecha votó en contra. Fue ratificada en referéndum el 6 de diciembre por el pueblo español.

España se constituía en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, con la monarquía parlamentaria como forma de Estado. Recogía la división de poderes y la organización territorial basada en las autonomías. Los partidos trataron de no repetir los errores cometidos con la Constitución de la Segunda República. Buscando la reconciliación nacional y la acomodación entre derecha e izquierda, entre la Iglesia y la cultura secular, entre el centralismo y los nacionalismos.

Es necesario adaptarla a los nuevos tiempos, como limitar a los partidos políticos el monopolio de la política y hacer más efectivo la participación ciudadana, la sucesión al trono o darle un nuevo impulso a las Autonomías. Vivimos “tiempos de impaciencia”, tiempos de crisis con la irrupción de la extrema derecha populista en el horizonte político, pone de nuevo a prueba nuestra capacidad de comprensión y de impulsar una realidad más justa para los más desprotegidos. Más que hacer reformas necesarias, me preocupa proteger lo conquistado en estos cuarenta años, como apoyar con firmeza las autonomías, generar un estado social efectivo, defender derechos de las minorías, la memoria histórica, la eliminación de las fronteras, la solidaridad y la justicia.