Miércoles, 19 de diciembre de 2018

Charo Ruano, versos para decir verdades

La poeta y periodista salmantina conversó en La Biblioteca de La Casa de las Conchas sobre las verdades y las mentiras de una maternidad vivida desde las páginas

Charo Ruano (Izquierda) y Francisca Noguerol en la Casa de las Conchas / Foto: Alberto Martín

La sala de conferencias de la Casa de las Conchas es un espacio diáfano y austero que le va muy bien a Charo Ruano. Ella es así, directa, sin artificios, por eso recibe las presentaciones y los actos de homenaje con cierta distancia. Aunque la queramos y la admiremos, como bien afirma la profesora de literatura de la Universidad de Salamanca, Francisca Noguerol, gran conocedora de su obra y de su persona y una inmejorable voz para recorrer la trayectoria poética de la autora salmantina.

Una autora que despierta amor y admiración por su persona y por su larga dedicación a la poesía y a la escritura en Salamanca. Una autora cuyo trabajo, coherente y duradero, es un ejemplo de periodismo ético, entregado a la cultura, dedicado a la poesía y siempre comprometido con la enseñanza y la poesía infantil de la que fue precursora. Una poeta, según las atinadas palabras de Noguerol, que sabe abordar los terrenos de lo íntimo, coherente siempre para mostrarnos esa ternura que rodea de dureza. Directa siempre y pronta para mostrar el lado de la luz y de la alegría que rodea a ese niño del que siempre afirma rotunda: Para mí los niños son sagrados.

Sin embargo, este poemario, que como todos los nuevos de la autora, es una fiesta para los que la conocemos y admiramos, incide en lo más duro de la maternidad, esa que no se deja ver. Esa, afirma Noguerol desde su infinito conocimiento del tema, que las mujeres están obligadas a vivir sin que nadie les haya preguntado su opinión. La maternidad, cruda y dura, aparece en este libro de textos depurados con el lenguaje, conscientemente fácil de la autora, que podemos leer no como poesía, sino como monólogo dramático. Un monólogo que, como en todos los libros de la autora, gira en torno a una constante, y se adorna de bellos títulos ¡qué bellos son los títulos de Ruano desde Hicimos de la noche un largo poema! Libros que nos recuerdan no solo su voluntad narrativa en las últimas entregas, sino que nos sitúan frente a una de las trayectorias más sólidas de la poesía salmantina. Sólida y constante. Libros que construyen una narración, a ratos autobiográfica, donde retratar y retratarse.

Libros que nos remiten a otros libros, porque para la autora, el libro es la patria, el refugio, el lugar donde aprender de las grandes autoras y de sus palabras sobre un tema, la maternidad, que en la actualidad tiene voz de mujer, una voz alejada de la visión edulcorada que han querido vendernos. Si algo no le falta a Charo Ruano es la valentía de decir las cosas claras, y más en un tema que, a lo largo de 25 años ha ido engendrando en ella este discurso que afirma con las madres, con las mujeres, nunca contra, y mucho menos, contra la maternidad. Una maternidad que no esconde la risa del niño, pero que, en palabras de Noguerol, está asociado a conceptos como la ansiedad, la depresión, la culpa. Porque este libro bello, que debemos al empeño de Mario, el artífice de la librería Víctor Jara y de la editorial imprescindible en Salamanca Amarú Ediciones, lleva en la portada esa ventana no solo para mirar el exterior, sino para escapar de todo lo malo. La ventana que es libertad y la cita que es constante, porque la autora llena este libro articulado como una pieza musical de citas de aquellas autoras, madres o no madres, que han alimentado sus lecturas y reflexiones.

Unas reflexiones que los lectores disfrutamos, leemos y ahora, escuchamos en la voz de una autora agradecida que, siempre, recuerda a Gonzalo Torrente Ballester, el escritor que presentaba siempre sus títulos y que la animaba a abrirle la puerta a la poesía cuando esta te elige para llamar a tu puerta ¡Cuántos poetas acuden a la presentación de Charo Ruano! Da igual la niebla, la hora, la proximidad del puente, el cansancio… Charo tiene a su alrededor a quienes la leen, la respetan y saben llamarla cuando precisamos de su acerado conocimiento del trabajo periodístico, del trabajo literario. De ahí que sus libros sean recibidos como un acontecimiento del que nos felicitamos, dispuestos como bien afirma Francisca Noguerol, a dejarnos llevar por su dureza y canto, su voz contundente, en ocasiones poco complaciente, pero siempre certera.

En medio del silencio de esta sala austera resuena la voz, la voz fuerte a pesar de todo de Charo Ruano. Sus versos que son casi narraciones, monólogo continuado de un proceso de descubrimiento y reflexión, nos hacen detenernos. La visión edulcorada y falsa, de puntillas y espumas de aquello que nos impusieron sin preguntar está lejos de sus versos escuetos. Tiene esa ágil gravedad de Virginia Woolf y una habitación propia, nuestra Charo Ruano, dentro no solo de nuestras lecturas y de nuestras mentes. El suyo es un espacio honesto y claro que habita, libro tras libro, dentro de nuestros corazones. Pregúntale a ella.  

Texto: Charo Alonso.

Fotografía: Alberto Martín.