Miércoles, 19 de diciembre de 2018

Cartas de los lectores

El adobeo proconstituyente

De un  tiempo esta parte nos desayunamos, un  día sí y al siguiente también, con aquello de la “urgente necesidad de la reforma de la Constitución”, y acontece que, ante tal grado de insistencia--- principalmente proveniente de los cenáculos (¿o son lobby´s?) madrileños (de la hispánica siempre Castilla La Nueva y/o Reino de Toledo) y de algún que otro corifeo de la periferia--- de aquellos lugares que siempre hicieron negocios [muy buenos, suculentos y rentables] con los regímenes de turno (que sabido es fueron muy contrapuestos entre sí, lo cual apuntala su pragmática maniobrabilidad) y con cuyas ideologías, de alto impacto social, apenas mostraron-.- en sus cúspides dirigentes-.-  asintonías y/o escrúpulos, ligándolo todo a la practicidad rentable y contable.---.

A veces ocurre,  en este general y ciudadano cotidiano caminar constitucional, que puede parecer (¿solo lo parece?), que estamos no  entre Caribdis y Escila (en ese mar de Mesina donde pudiera haber pasado Ulises, en sus homéricas tentaciones de las sirenas) , sino que esto queda más próximo, o sea, casi al lado, digamos que entre Pinto y Valdemoro, que en nuestro derredor de cercanías, en nuestra leonesa tierra zamorana, lo ubicábamos entre Bretó y Bretocino (dos pueblos  ribereños del Río Esla---el antiguo Astura que hacía temblar a  las legiones romanas al atravesarlo para conquistar la ciudad fundada, tras el diluvio, por Habidis y después conocida como Astúrica Augusta--- ) que durante tiempo, cas inmemorial hasta que se hizo el puente, se miraron de frente como ribereños, pero que sucedía que, para ir de uno otro, se debía dar un amplio rodeo, de  más de 40 km, por Puente Quintos.

 Es ahora un querer a todos, ¡ y con todo!, hacernos ir, ¡ como sea!, a una situación de precipitación instrumentalizada --- en un insuflado adobéo de principio a fin---, que trata, a lo que se ve, lee y oteamos, de salvar la cara a unos(muy pocos) y a otros(también muy pocos) que , por diversas y varias situaciones no aclaradas en su base explicativa, han tangentizado (¡ y hasta bordeado se puede decir!) la aplicación directa  y el mandato concreto del propio texto constitucional--- puede que en la complicidad, del dejar hacer, de la mudez social, acaso institucional y en todo caso política--- y una vez que se han instalado, provenientes de tal vaco argumental, en tan quebradizo y resbaladizo camino pretenden como intento de tocata y fuga, en lugar de admitir el error y/o equivoco y dar los consiguientes pasos necesarios y obligados hacia atrás, que el resto de los ciudadanos españoles--- de todos y cada uno de los lugares de la España Nación, les agasaje en su acomodad y pantagruélico festín  y les dé, por tratarse de ser una exclusiva parte en sus lugares, un incondicional apoyo,¡ que en todo caso tiene que ser apoyo ciego!, a sus posibles sumadas equivocaciones, supuesto amagamiento de tretas, presuntos chanchullos  y/o fabulaciones de mesiánicos desvaríos.

Hemos vuelto, y otra vez, hacia aquellos pretéritos momentos constituyentes, para desde el pertinente y escenificado cuadro iniciático llegar, con la rectitud plena de los argumentos y a ser posible en compañía de otros más, hacia los acontecimientos potenciales de los cuales tomamos observancia referencial, instructivas lecciones y posiblemente ejemplos. Estamos pues de nuevo ante el texto constituyente que repasábamos, como lectura familiar, aquella tarde del 5-12-1978, lo teníamos ante nosotros  y  comentábamos sobre él, en lo referente a su extenso articulado, composición estructural, posicionamientos concretos, salvedades utópicas y vectorizaciones instrumentales.

La esencia del texto constituyente nos pareció entonces, no solo radicaba en el enfoque de la forma y/o sistema de gobierno de  España y, hasta si nos apuramos y en permitiéndonos, en la significación monárquica del conjunto estamental, pues ya estimamos, en aquel entonces, vislumbrar que el bloque trascendente, en el que parecía radicar la fiabilidad de todo el proceso constituyente,  estribaba en el espacio argumental dado y/o propuesto para la escenificación territorial,  en el cómo, y de qué manera y forma--- cuál sería el modelo mayestático de aplicación práctica a seguir--- , se pasaba mancomunadamente , ante el conjunto ciudadano de la España Nación, de las musas al teatro.

El proyecto constituyente que teníamos ante sí los opcionables posibles electores/votantes, en aquel día 5-12-1978, daba guionística y procedimentalmente, ante su escrutada observación, en lo que asumidamente entendemos, de forma directa y nítida, la modelización política, tanto en la funcionalidad administrativa como en el estadio de los niveles del poder ejecutivo compartido, de un incipiente formato del  “estado regional español”, donde la estructuración del mismo se construía con la observancia precisa, seguida y programada de un organigrama vehiculador que actuaba de faro guía en la singladura que, desde la acción social, y por ende cívica, de todos y cada uno de los ciudadanos españoles, se presentaba a su aquiescencia aprobatoria al día siguiente 6-12-1978.

La modelización, en principio teorética, del proceso constituyente en el año 1978,  toma como base interactiva  del bloque de actuaciones, gustara más a unos o gustara menos a otros, la plasmación, con amplitud de generalización, del “estado regional español” y lo hace, decidida y e impulsadamente, véase el texto de la CE´1978, en atención a evidentes distingos políticos, tanto de situaciones próximas como de aquellas que pudieran parecer un tanto lejanas, e incluso con la marcada intencionalidad de posibilitar amplias y ostensibles mejoras sobre aconteceres pretéritos.

Parecía clarificante que, está teorización modelada del oficiante y/u oferente hecho constituyente sobre el “estado regional español”, daba la impresión que quería traer la frescura de los nuevos tiempos ---en el acople de los avances sociales---, junto y al lado de entendibles recordatorios de no tan arcanos odres (posiblemente la CE´1931 junto a otros)--- en el devenir del proceso histórico de España como Nación---, conjuntándolos ambos hacia una puesta a punto en común desde la exteriorizante expectativa, que insistente y hasta machaconamente se insuflaba en la propaganda mediática (realizada por casi todos los grupos sociales y entidades públicas), de la expresa solidaridad, incuestionable igualdad,  asida corresponsabilidad y promovida convivencialidad.

En la tarde del 5-12-1978,  también hacemos cotejos sobre ese umbral y básico “estado regional español”, y los hacemos a la luz de la formación que ya tenemos y de la información que por doquier recabamos, así como de los intercambios que convivencialmente, desde antes del 5-12-1978 mantenemos. Tenemos los  pies puestos en tierra, sin hacer banales proyectos  ni importar aditamentos foráneos, dando de ya, para la ocasión y el momento del ahora en el que estamos----últimos momentos del proceso preconstituyente---, la solidez precisa, la rotundidad necesaria y asunción plena a lo que ya teníamos y en la legitima herencia, que ya de antes recordábamos,  de los que en el proceso integral (social, cultural, histórico y antropológico) nos precedieron.

No es fácil decir que estamos, ¡fíjense bien!, en el ánimo vivencial  del día 5-12-1978, pude incluso ocurrir que, en ese momento futuro que ha de llegar, no sea tampoco fácil, incluso nada fácil, el decir que estuvimos, y en qué forma, a día 5-12-1978, y además señalar el que lo pensamos pormenorizadamente, intercomunicamos socialmente  y ponderamos su evaluación , que en suma lo vivimos y que lo hicimos de forma amplia, versátil y convivencial, en la proximidad de nuestro derredor, la cercanía media de nuestros ambientes y en esa elongación que nos daban, en su utilización profusa, los medios de aquel preciso y hasta preciado momento. No todos los días se tiene ante sí un texto preconstituyente sobre el que tomar una decisión ecuánime, y no solo emocional, que tenga en cuenta el porvenir general y común, como aliciente incluido, de toda la España Nación. Como tampoco lo era el saber que, con la fecha del 5-12-1978, nuestra histórica región sería, desde el acto votacional del día 6-12-197 en su reconocimiento constitucional, parte alícuota importante del “estado regional español”.

Claro que la tarde del 5-12-1978 se hace importante, y de ello se va tomando paulatina, continuada y asimiladamente  recta conciencia, determinación creciente y acerada voluntad. La idea que se ha trasmitiendo, en ese boca a boca de la calle--- de esa amplia calle que va en el estar y ser  del hacer de cada hábitat comarcal a todos los pueblos y pedanías de nuestra histórica región--- o la laboral ocupación de cada lugar y tajo respectivo, es que estamos ante una decisión muy importante, y que en nuestra libre voluntariedad, de ese nosotros como protagonistas, está el tomar la decisión no solo más adecuada, sino también, y oportuno sea al sentirlo, la mejor decisión. Es todo un amplio envite social al que nos presentaremos mañana desde ese amanecer del 6-12-1978.

Al tomar en puridad el hecho constituyente, en la atardecida jornada del 5-12-1978, nos situamos claro está, en el acompasado instante cimero de la máxima  y más próxima bondad que el acontecer, de tales y tan concretos, esperados por algunos  y puede que anhelados por el común general, esbozados preliminares, puedan tener en sí, cuasi desligándolo de las componendas varias, fenicianos entresijos y fariseísmos arrastrados qué, después de vencida la noche y ya con el abrir matutino de los colegios electorales, se harán función social, democracia venidera y cumplidor compromiso, que no obstante teatralizara, con más o menos episódica fortuna, nuestra global vida pública futura.

El proceso que fue el constituyente es el que fue, y no fue nunca, tal vez no lo pretendió ser, otro que pareciera diferente o distinto. Ello nos ayuda a evaluar, con diferenciada perspectiva, los que es la CE´1978 en sí misma y lo que, por otra parte, ha constituido, en la medida que se pueda encuadrar, su llamémosle aplicación, donde  se pueden encuadrar otra serie de observaciones que están más parejas a las coyunturalidades a dohc, albergadas ambiciones y rentabilidades varias de la política ocasional, llevada a la realidad diaria en atención a la pervivencia de antiguas formas, denostados proyectos y modos caducos ya conclusos.

Sí, el día 5-12-1978, es el que nos debe hacer pensar en ese ayer del que veníamos hasta entonces, con variada procedencia convergente, todos los ciudadanos españoles--- por ende la España Nación---, así como de la trayectoria que nuestras respectivas sagas familiares y vecinales---que han instruido nuestra propia conformación personal--- han seguido hasta ese instante, en una larga y puede que complicada andadura no exenta tal vez de dificultades amplias, posiblemente con carencias diversas y expectativas nunca alcanzadas, pero también enriquecidos del concepto del propio trabajo, el estímulo por la superación y la protagonización del hecho vital desde el aporte singular al común beneficio grupal.

Obviamente el 5-12-1978 estimábamos  que el texto constituyente que se pondría a votación en la jornada del día 6-12-1978, caso de salir aprobado de forma mayoritaria, por decisión de todos los ciudadanos españoles, era para que, desde su entrada en vigencia, se cumpliera, en todas partes, por todos y a todos los niveles, de principio a fin.

Francisco Iglesias Carreño