Lunes, 19 de agosto de 2019

Resulta que era así de fácil

Solo hacía falta ser amigo del Presidente... Solo hacía falta la palanca…

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento (mediático), se volvió noticia un naturalizado que solía estar al frente de los pelotones de fusilamiento (metafóricos).

Como eso de la naturalización es tema querido por este de la tecla, le puso atención.

Y cayó en la cuenta de que había llegado a México en 1992, sin planes de quedarse pero tampoco con planes de irse.

El tiempo hizo que la vida fuese transcurriendo y en 2003, ya con más visos (aunque sin visas  diplomáticas) de quedarse, se hizo mexicano.

Desde entonces, ha sido broma recurrente con los buenos amigos, paisanos de la patria de la amistad, el hecho de ser gachupín, y de parecerlo; también, claro, de ser muy mexicano de los que nacen donde les da la gana, algo que comparten con los de Bilbao.

Eso sí, en ese empaparse de mexicanidad, sea lo que sea que eso signifique, el de la tecla a veces reivindica, como dice el verso de Rosario Castellanos, “otro modo de ser”. Otro modo de ser mexicano y otro modo de ser español, claro. Otro modo, el propio.

También se le hizo recurrente señalar que, al ser naturalizado, era un mexicano de segunda, puesto que tenía menos derechos que el resto. Cuando se ponía pesado con el tema, aunque había casi siempre afecto en las respuestas, a veces, en algunas, le parecía entrever condescendencia.

Sin embargo, él ahí seguía, cabreándose y encabronándose, por ejemplo, cada vez que “alguno de deportes” dividía a los seleccionados entre mexicanos y naturalizados.

Pensaba que en todos los países, el natural que nació en otro lugar no deja de ser “el chino”, “el francés”, “el argentino”, “el gachupín” o “el gallego”… O “la”, por supuesto.

Sin embargo, hay países en los que las leyes, que para eso son, sí los igualaban, sí les daban los mismos derechos.

México no era de esos países y, desde que le dieron su carta de naturalización, lo aceptó, aunque se propuso, si tenía oportunidad, buscar que esa ley cambiara, o picar piedra para, por lo menos, ir convenciendo a los cercanos.

Sin embargo, resulta que era mucho más fácil, que solo había que convencer a uno, eso sí, que mandara mucho, para que hiciera que otros cambiaran la ley.

Así, gracias a Taibo II, el de la tecla probablemente pudiera llegar a ser electo, si se presentaba a alguna elección organizada por el INE, si es que seguía existiendo. De momento, se le abría el camino para dirigir paraestatales.

El de la tecla se daba cuenta de la ironía de que este cambio lo propiciaba un escritor cuya obra había leído prácticamente en su totalidad en sus inicios como mexicano, porque ahora cada vez le caía peor, entre otras cosas porque lo veía como un radical de la Condesa, un radical de los que podían permitírselo.

Y eso estaba cuando pensó: ¿Me bastará con la carta de naturalización o necesitaré el carnet (así, en gachupín) de Morena?

 

@ignacio_martins

https://www.facebook.com/ignaciomartinescritor

www.ignaciomartin.com

nachomartins (Instagram)