Miércoles, 26 de febrero de 2020

Navidad preanunciada

Prepararnos con buen sentido para celebrar digna y alegremente los misterios cristianos de la Navidad

Ya están nuestras calles adornadas con los signos de la Navidad destinados a ser luminosos a partir de los primeros días de diciembre, por lo menos a partir del día de la Constitución y de la Inmaculada. En verdad, estas luces de preanuncio sólo hacen referencia a una fiesta laica y comercial, que tiene poco que ver con el misterio de la Navidad que es el origen de nuestras fiestas.

Años ha podíamos contemplar algún que otro angelito y hasta algún Niño Jesús en el pesebre de Belén. Hoy ya, el pretexto de que los signos que rememoran la historia original del cristianismo puede ofender a los practicantes del islam, de los que profesan otras religiones o de los que se confiesan ajenos a toda religión, ha terminado por eliminar todos los signos cristianos.

Con dificultad se encuentra alguna que otra estrella o acaso algún signo que recuerda el copo de nieve en una forma sofisticada. Ojalá los cristianos venzamos el pudor de mostrar nuestros signos distintivos y propios, y adornemos nuestros balcones o portales con el misterio de Belén. Con su Niño, su pesebre, la Virgen y San José, y hasta un distinguido número de pastores, con la vaca y el buey, los ángeles, los Reyes y la estrella. Si se quiere incluso con el palacio de Herodes, las corrientes de agua y los consiguientes molinos.

Y si añadimos los turrones y los villancicos, la fiesta queda completa. Más todavía si se cuenta con regalos de Noche Buena (no de papá Noel) o también de la noche de Reyes.

Además de las luminarias navideñas, otros signos anticipan las fiestas, a veces con varios meses, como ocurre este año con el anuncio de la venta de los números de la lotería de Navidad. De hecho se anunciaba ya desde el lejano mes de agosto.

Y luego nos acompañan y abundan los rastrillos solidarios, las comidas o cenas navideñas, las compras de los juguetes, que tampoco dicen ya referencia a los misterios navideños, y ni siquiera se depositan junto al portal de Belén, si es que se monta en la casa, porque muchas veces queda ya reducida la manifestación festiva a un inexpresivo árbol de Navidad.

La campaña de los sin techo, o la jornada de los pobres del mundo que celebraremos el próximo domingo, también preanuncian la llegada, o por lo menos la proximidad de la Navidad. En contraste, la Navidad estará repleta de comidas y cenas extraordinarias que nos regalarán, a su vez, unos cuantos kilos de más.

Ojalá volvamos a la sencillez del encuentro familiar de la Noche Buena y de la Misa del Gallo, sumándonos a la fiesta de la Sagrada Familia, que tiene lugar en el domingo siguiente a la Navidad. Y que también en la Noche Vieja superemos los abusos impertinentes y molestos y recibamos con gozo y agradecimiento la entrada del nuevo año.

Que los Reyes completen nuestras celebraciones festivas con la máxima sencillez y el cariño familiar, en el que los protagonistas felices sean nuestros ya escasos niños.

Que el anticipo del anuncio de las fiestas nos ayude a prepararnos con buen sentido para celebrar digna y alegremente los misterios cristianos de la Navidad. Y que la fraternidad acoja a todos los que la necesitan.