Miércoles, 21 de noviembre de 2018

Micro-fascismos

Iba a hablar de algo creyéndome original. Pensaba que mi brillante imaginación me había permitido idear la palabra: microfascismo. De nuevo, la frase “todo está escrito” vuelve a hacerse patente. Parece que se me adelantó ni más ni menos que el mismísimo Foucault… Yo quería centrarme en ese tipo de fascismos que vivimos en nuestro día a día, a los que somos sometidos o a los que, quizás, inconscientemente sometemos a los demás. Un fascismo admitido incluso entre los más “progres” de esta nuestra querida sociedad capitalista.

Cito a Foucault:

El fascismo. Y no solamente el fascismo histórico de Hitler y de Mussolini – que tan bien supo movilizar y utilizar el deseo de las masas- sino también el fascismo que existe en todos nosotros, que habita en nuestros espíritus y está presente en nuestra conducta cotidiana, el fascismo que nos hace amar el poder,  desear esa cosa misma que nos domina y nos explota.

El lector puede creer que siempre ando con rollos de sometimiento y de la importancia del lenguaje, no lo voy a negar. Tampoco cambiaré hasta que encuentre un tema que me hierva la sangre lo suficiente como para poder escribir sobre ello.

Si seguimos con la línea del microfascismo, convendría que cada uno de los que estamos leyendo este artículo nos preguntásemos de qué manera puedo estar negando la palabra a alguien sin dejarle siquiera expresar su opinión; si adopto formas paternalistas hacia el otro mediante la sobreprotección y, como resultado, arrebatándole su autonomía… Si el poder nos sube de tono o se han enamorado ustedes del poder, por favor, que cada uno lo reserve para su intimidad. En nuestro día a día la gente se merece la paciencia y dedicación con la que queremos que nos traten a nosotros mismos. Practicar la escucha activa sería una muy buena opción, ya que la prepotencia de creerse en posesión de la verdad y ser el elegido empieza a quedar obsoleta bien entrado ya el siglo XXI… En fin, sería una ingenuidad negar que estos comportamientos no se dan en este siglo, están camuflados y son más sutiles, mucho más peligrosos.

Se filtran, asimismo, entre la ignorancia, nos educan con verdades absolutas que caen con el tiempo como un castillo de naipes… Verdades como que en este país hay igualdad de oportunidades o como que el fascismo solo se daba en esa Segunda Guerra Mundial de los libros de historia que leías con una mezcla de horror y curiosidad o con ese señor llamado Franco… Giremos un poco la cabeza hacia el continente americano (entre otros), que está llorando. 

ILUSTRACIÓN DE EUGENIA MORO MARCOS (gracias). 

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