¡Vade Retro¡

Cuando la justicia empieza a ser un cachondeo uno debe comenzar a preocuparse, a preocuparse mucho. Ese “a por ellos” y “a sus órdenes” coreados desde los tribunales resultan inquietantes. Los “ellos”, siempre son los “otros”. Los “otros” son: los que no se callan, los jueces que no atienden llamadas, los políticos que no admiten regalos, los periodistas que no se venden, los ciudadanos que protestan, la gente honrada en su conjunto, los catalanes, los vascos, las feministas, los que viajan en pateras, los que pasan de tantos y tantos símbolos vacíos, los ateos, los agnósticos, los cristianos de verdad, los que se atreven a pensar. ¡Mala gente! Así, en lo más profundo de su inhóspito corazón e ignorante cabeza concuerdan. También obedecen, sumisos. Y no a la ley, por cierto.

Para esas gentes agresivas, depredadoras, despiadadas, la persona de bien: se queda en su casa, mira por sus exclusivos intereses, no se mete en política, tiene a “su” pobre en la esquina e incluso le sonríe, se emociona viendo desfilar a la Legión y a la Benemérita, aborrece de las coletas y cree en algún diosito de mi vida.

Un joven lampiño y atildado decía en Alsasua: “Cuando se agrede a un guardia civil se agrede a la Constitución” ¡Sí, se agrede! No obstante, debería haber matizado tal afirmación: ¿en el ejercicio de sus funciones? ¿obedeciendo órdenes justas? La “verdad” no es blanca ni negra, siempre resulta grisácea. El joven lampiño también debería haber mencionado otras agresiones a la Constitución, incluso de mayor calado. Las calló. Las omitió.  Por ejemplo: la corrupción institucionalizada, la justicia politizada, los servicios de información subordinados a los intereses partidarios, los lobbies bancarios que deciden el quehacer político y judicial de un país, derechos sociales insuficientes, la privatización de servicios públicos, la extrema precariedad del empleo, el escandaloso paro juvenil, los inadmisibles privilegios de la Iglesia oficial, los desmanes de una monarquía corrupta e inviolable y más y mucho más.

Conjunción astral la de Alsasua: “Tres personajes en busca de autor”. Mejor dicho, a su reencuentro. La música me suena, ya soy bastante viejo. Ésta recuerda a un tal José Antonio. Dice así: “a los milicos se les ensalza, a los amos se les obedece y a los pichis se les reprime”. En suma: Ley y Orden.

Entre su Ley y su Orden nada cabe. Por no caber, no caben ni un titiritero, ni una blasfemia, ni un aborto, ni una nacionalidad, ni un perroflauta ¡Da miedo!

Estos muchachos vuelven a apostar por el pensamiento único y la España una. Medran al rebufo de una ola autoritaria, neoliberal y antidemocrática que se extiende desde EE. UU e invade al resto de occidente.

La tormenta perfecta comienza a gestarse: debacle financiera, revueltas sociales, estados de excepción, gobiernos de salvación nacional, caudillos carismáticos, represión, mordaza, matariles y, a la postre, inmensas derrotas. Pinta bastos.

¡Vade retro! Deseo equivocarme. Deseo pensar que, a la postre, triunfarán las fuerzas del bien. De un bien que no está anclado en ningún lucero y sí en esta tierra nuestra. La única. La de todos.