Viernes, 16 de noviembre de 2018

Si manda la Banca no es Justicia

Hace años decíamos que “lo llaman democracia y no lo es”. Ya sabíamos entonces que no estábamos gobernados por quienes “elegíamos” en las urnas, sino por los poderes económicos. Y siempre hemos tenido dudas de que el Poder Judicial fuera realmente imparcial, había claros indicios de que convivían dos clases de justicia: una para la gente de a pie y otra, muy distinta, para los poderosos.

Pero lo que está pasando con el Tribunal Supremo no tiene nombre. Siempre nos hemos imaginado que la Banca movía sus poderosos tentáculos a diestro y siniestro para hacer cierto el dicho de que “la Banca siempre gana”, pero esto es el colmo de los colmos: el Tribunal Supremo desdice de un día para otro a sus componentes más expertos en el tema. Una de dos: o no eran tan expertos, o el pleno del Supremo está al servicio de la Banca. Cualquiera de las dos cosas, mal, pero todos los indicios conducen a la segunda.

 

Esto no es Justicia. Es una tomadura de pelo. Otra tomadura de pelo más, a la colección de las que ya llevamos: “no era una crisis, era una estafa”. No era que hubiéramos vivido por encima de nuestras posibilidades sino que los bancos nos habían estafado en mil formas distintas: preferentes, hipotecas subprime, cláusulas abusivas…

Y mientras, la Justicia no le quitaba la razón a los bancos para no provocar una hecatombe, pero ahora sabemos que no era por un exceso de prudencia financiera, sino del propio interés del sistema judicial.

Porque las hecatombes individuales, las de cada familia desahuciada, de cada trabajador y trabajadora al límite del umbral de la pobreza, las de ser uno de los países con mayor tasa de pobreza infantil…, esas hecatombes nunca han tenido importancia para la Justicia en sí, la única hecatombe que les ha importado es la del sistema financiero.

Tuvimos que rescatar bancos, que con el dinero de los rescates desahuciaban a familias sin contemplaciones. Y el pago a esos rescates son más rescates, más desahucios, más cláusulas abusivas, más subidas de intereses a los préstamos y más bajadas de intereses a nuestro dinero.

Y por si no quedaba claro, ahora esto: la Banca está al mando del Tribunal Supremo.

Me pregunto qué pensarán ahora aquellas personas que en su día defendían los rescates a la Banca, con la frasecita “si cae la Banca, caemos todos”. Pues bien, la Banca no ha caído y sin embargo, nosotros, hemos caído muchos: la brecha de la desigualdad económica se ha disparado en España mientras la Banca sigue con sus milmillonarios beneficios.

Pero no pasa nada, nosotros, la ciudadanía, seguiremos sacando banderas a los balcones mientras nos adormilamos en el sofá, como la rana en la cazuela que va calentándose lentamente. Cuando el agua empiece a hervir, cuando nos corten a todos la luz y el gas, ya no tendremos fuerzas para levantarnos del sofá y protestar, ya estaremos cociditos como la rana.