Martes, 20 de noviembre de 2018

Cartas de los lectores

La fábrica tuvo un defecto

España como realidad nacional e histórica, como Estado respetado y respaldado en Europa, tiene la obligación de defenderse sin miramientos de quienes se han propuesto extinguirla como Nación. A pesar de los despropósitos cometidos en la redacción de la Constitución del 78.

Ahora después de cuarenta años nos estamos dando cuenta de esos errores. Por eso ahora puede ser el momento de corregirlos. El primero fue fabricar diecisiete autonomías que dividieron a los españoles, generando una burocracia o, “burrocracia” y una maraña de regulaciones que se enfrentan entre sí. ¿Por qué se aprobó ese demencial sistema? ¿Para contentar a los separatistas vascos y catalanes? Aquí está la clave. Los separatistas.

Y a partir de aquí, con la grave injusticia cometida, llegó un ministro de las Regiones y ala “café para todos” poniendo al país patas arriba para disimular las diferencias entre los ciudadanos.

Por eso las causas del separatismo, por lo menos parciales, se promulgó en la Constitución del 78, solo cinco de cada cien catalanes se proclamaban separatistas por entonces y no digamos del porcentaje de los vascos; cuarenta años de vigencia de la Constitución, ya son casi cincuenta de cada cien, en lo que se prueba que el citado texto es una fábrica de separatistas. Es una fábrica de separatistas en primer lugar, por consagrar un régimen autonómico que, lejos de combatir los males del centralismo, los ha multiplicado por diecisiete, convirtiendo cada autonomía en un Estado diminuto que, allá donde había un sentimiento nacionalista, no solo aniquiló el sentido de pertenecer a una patria común, sino que los multiplicó. Y es también una fábrica de separatistas por pretender que las tensiones se aplacarían mediante sobornos que, aparte de abandonar servicios públicos esenciales para la protección de la igualdad y solidaridad entre los pueblos, pierden el sentido de pertenecer a una patria común. Se ha provocado una espiral de rivalidades entre autonomías.

La Constitución, en fin, ha fracasado totalmente en su propósito de crear un patriotismo constitucional. El autentico patriotismo no se nutre de diferencias sociales, sino de vínculos ciertos y amores palpables con hechos reales. El patriotismo constitucional ha tenido un efecto corrosivo sobre cualquier noble anhelo patriótico, empezando por la escuela que solo enseñaron y enseñan historias localistas y leyendas negras del pueblo de al lado. No aciertan, o la ideología se lo impide a expresar el pensamiento de forma inteligente la historia y el amor a España. Solo recuperando el espíritu propio de los pueblos de España podremos recuperar la unidad perdida, la integración en la diferenciación. De lo contrario, solo habrá separación; o algo todavía peor: odio entre los pueblos…

Máximo de la Peña Bermejo