Sábado, 17 de noviembre de 2018

Cospedal abandona su escaño de diputada en el Congreso para “liberar” al PP de los “ataques” 

La exsecretaria general de los populares defiende en su adiós sus tratos con Villarejo para “esclarecer comportamientos sospechosos”

María Dolores de Cospedal / Foto: Archivo.

La exsecretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, ha anunciado este miércoles que deja su escaño de diputada en el Congreso. En un comunicado colgado en Twitter, la dirigente popular explica que lo hace para “liberar” al partido de “cualquier ataque” tras conocerse que se reunió con el comisario José Manuel Villarejo, ahora en prisión, en su despacho de Génova en 2009.

Desde que saltase el escándalo la exnúmero dos de los populares ha insistido en que no ha hecho “nada malo” y que cumplía su “obligación”. En su despedida también lo ha hecho y justifica sus tratos con el comisario en la necesidad de “esclarecer comportamientos sospechosos”. “Si es un pecado mortal haber hablado con un comisario de Policía que por aquel entonces acababa de ser condecorado por el entonces ministro del Interior del PSOE, entonces, me equivoqué”, afirma.

Cospedal admite que se equivocó al pedir a su esposo, Ignacio López del Hierro, que ayudara en una interlocución que “no era fácil”. “Me equivoqué a la hora de pedirle que ayudara al PP. Ahora él está pagando por haberme ayudado a tratar de tener una visión más clara de lo que estaba ocurriendo”, asegura.

En su despedida, la exministra de Defensa recuerda los “más de veinte años” que ha dedicado a “servir” a España a través del PP y subraya su “actitud” ante los casos de corrupción que “dañaron innegablemente” a su partido. Eso, afirma, le hizo “merecedora de la autoridad para defender el honor” de otros compañeros que fueron “objeto de injusticias, sospechas y vapuleos” por el hecho de formar parte de la formación conservadora.

Una década ha durado el periplo de María Dolores de Cospedal por las más altas instancias del PP. Fue nombrada secretaria general por Mariano Rajoy en el trepidante congreso de Valencia en el verano de 2008. Diez años después se va sin lágrimas de despedida porque no tiene quién la llore.

Fuente: Norte de Castilla