Martes, 13 de noviembre de 2018

El espantapájaros de Las Arribes

Desde que apareció la noticia en Arribesaldía estoy incrédulo y perplejo Y me pregunto, pero, ¿ES POSIBLE? De este espasmo me despertó el artículo, “La pasarela de Aldeadávila” de Orlando Castelao, 30 de octubre, tan razonado, templado y tan arribeño.

¿Es posible tanto atrevimiento contra lo bello ambiental? Ese armatoste, ese molinete eólico, ese “dron” volandero aterrizado en un picón sobre el cañón del Duero, esa nave inmigrada que espantará y hará emigrar a buitres, milojes (alimoches), cigüeña negra, cormoranes, águilas, ese artefacto marciano que degradará nuestras ARRIBES SALMANTINAS, ¿es un aborto primerizo para atraer a las moscas facilonas, “golosonas” y teledirigidas por un turismo a la carta? “A un panal de rica miel dos mil moscas acudieron”, a la rica miel de la belleza agreste y salvaje de Las Arribes, las tan bellas y tan desconocidas hasta ayer. Y está bendecido por la Junta de Castilla y León. ¿Turismo?, ¡SÍ! Pero no a cualquier precio.

Irá el turista, dirá: ¡oh, qué bonito!, se disparará fotos selfie precipitantes hacia el Duero, echará una meada entre las escobas porque el campo relaja, o desde esta balconada al embalse produciendo una esmirriada cascada titiritera. ¿Se atreverá a hacer parapente o “puenting” hacia el colchón del embalse? Y así. Y sin más. Y se irá. Y, ¿qué harán los desheredados de la ilusión?

Aquí, el turista sentado en una peña debe contemplar en silencio este paisaje duro, no el paisanaje, e, identificado con estos picones ceñudos e impertérritos, tiene que hacerse salvaje, arriscarse entre escobas, jaras y hojaranzos, trepar por resayos, senderos y carriles de los derrumbaderos. Y, como Sísifo, con la mochila al hombro, bajar y subir estos Reventones hasta los cimeros donde quieren crucificar ese “libélulo” ferruginoso. Estos picones, budas ciclópeos, no pueden acicalarse y amariconarse con el turismo pijo. El que quiera peces del Duero, que se moje el culo. Para entender estos Picones hacen falta más quiñones.

Vive Dios, que me espanta tanta profanación de este santuario de Las Arribes, por la fiebre calenturienta de políticos extraños al lugar, cocinada en despachos elucubrantes de proyectos turísticos tan “guais” como este sombrajo volandero, EL ESPANTAJO de espantapájaros. ¿Serán giratorias esas alas ferruginosas para abanicar los rostros taciturnos e indómitos de los picones enriscados? ¿Será un monumento estilo cubista al buitre, una caja avizorante desde el Picón del fraile? ¿Seguirá promocionándolo la Junta? ¿Lo permitirá Iberdrola? ¿Lo permitirá el Duero, antes turbulento, ahora productor de energía, el Río hecho luz, ya bastante torturado y enmaromado? ¿Qué dice el Seprona, que acosa a los ribereños para no construir un caseto al ganado, no cortar una mata de carrasca, no permitir hacer rutas por estas laderas por no molestar la siesta del ave rapaz? ¿Y este jolgorio de autobuses turísticos? Ya consintió la Junta, aunque al principio lo prohibió, el voladizo en Masueco sobre el Pozo de los Humos. La voz DESDE LAS ARRIBES clama.

¡Despierta, naturaleza salvaje! Los picones se sublevan por este acogotamiento! ¿Tendrán que alzarse otra vez los picones arribeños contra esta ENRESA del ESPANTAJO?

¡VIVE DIOS QUE ME ESPANTA ESTE ESPANTAJO! empingorotado en LAS ARRIBES.

Artículos en pro y en contra, enviar a Miguel Corral “redacción@lasarribesaldia.es

Baste esto por hoy. “Volverán las oscuras…”

Venancio Pascua Vicente