Viernes, 16 de noviembre de 2018
Las Villas al día

“Me gusta trabajar con la comunidad, conocer al paciente y su entorno”

Firme valedor de la sanidad pública, critica con dureza las largas listas de espera y pide aumentar la coordinación entre los médicos de atención primaria y los especialistas
José Manuel Fernández

Defiende la importancia de escuchar y conocer al paciente y rechaza que siempre se busque la solución en una pastilla. José Manuel Fernández (Villaverde de Guareña, 1953) llega a la jubilación cargado de ideas y pasión por su oficio tras atender durante catorce años a los habitantes de Huerta, Nuevo Amatos y Nuevo Naharros.

 

¿Cómo está viviendo el paso a la jubilación?

Con sensaciones ambivalentes. Sé que tengo que acostumbrarme a una nueva vida. También estoy esperanzado porque tengo bastantes hobbies, no tengo problema para ocupar el tiempo. Son sensaciones extrañas. Echo de menos a mis pacientes, los pueblos y los compañeros de trabajo. Pero creo que lo voy a superar bien.

 

En los cuarenta años que lleva practicando la medicina imagino que ha habido cambios.

Sí, la medicina ha cambiado mucho. Aunque la medicina primaria creo que no ha cambiado tanto, o al menos mi concepción de la atención primaria. Mi primer trabajo fue en Candeleda, mi primer contacto con el medio rural. Después tuve una interinidad en Carpio de Azaba, un pueblo que está cerca de Ciudad Rodrigo. Me desplazaron a Bermellar, donde estuve tres años.

Mi primer pueblo como ‘propietario’ fue Cipérez, donde pasé cinco años. Después estuve ocho años en la Administración, cinco de ellos en Palencia ligado al movimiento de la reforma de la atención primaria. Volví a mi plaza de origen, tenía plaza como médico rural. Estuve siete años en San Miguel de Valero y los últimos catorce años viendo pacientes de Nuevo Amatos, Nuevo Naharros y Huerta.

 

Entre administración y consulta con los pacientes, ¿con qué se queda?

Con la consulta, sin ninguna duda. Pero mis años en la Administración fueron muy intensos, de formar parte de equipos de trabajo con gente muy motivada e ilusionada. Creíamos en un proyecto, la reforma de la atención primaria, y era una oportunidad de ponerlo en marcha. Nunca dejé la atención primaria porque siempre estabas en contacto con los profesionales.

 

¿Por qué médico rural y no urbano?

Entiendo que la medicina rural tiene algunos elementos que la diferencian del medio urbano. Me gusta trabajar con la comunidad, en el medio urbano la comunidad está menos definida. En un pueblo ves más los factores, las familias, cómo vive la gente. Todo eso me interesa porque forma parte de la atención primaria, el conocimiento integral de la persona y su entorno. Para mí eso es muy gratificante. He tenido muchas posibilidades de trabajar en el medio urbano, pero he querido mantenerme en el rural. Cuando estaba en los primeros pueblos viví que el médico rural trabajaba 24 horas. Vivías en el pueblo, conocías más a la gente. Eso en atención primaria es primordial. Los problemas de salud no son solo biológicos, también hay un componente psíquico y social. Eso en una consulta no se ve.

 

¿Los nuevos médicos comparten su forma de ver la medicina de atención primaria?

Yo soy tutor de médicos residentes de medicina de familia. A mis residentes les intento transmitir estas cosas, pero no veo que este espíritu esté en todos ellos. A algunos les gusta, pero a otros no les gusta tanto ir al domicilio. Hay una cosa que siempre les digo, que tienen que asumir que por ser su médico le van a contar muchas más cosas.

 

¿Cómo valora el estado de la sanidad rural en Las Villas?

Estos momentos no son los mejores para sanidad rural. Hay que analizar el contexto de cada zona de salud, no hay una solución universal. Si en un pueblo hoy va uno, mañana otro y pasado otro, eso distorsiona totalmente.

 

¿Deben preocuparse los vecinos de Huerta por su asistencia sanitaria tras su jubilación?

Yo creo que la asistencia sanitaria está garantizada. La plaza queda vacante y la ocupará un interino. El problema que puede haber es que no hay médicos suficientes. Pero tenemos la suerte de que, como es un pueblo cercano en Salamanca, va a ser una plaza muy solicitada. Probablemente la medicina rural en el sentido en el que yo la ejercí en mis primeros años ya no existe, no conozco ningún médico que viva en el pueblo. Yo tenía en [en la última etapa] diez consultas a la semana, cada día en dos sitios.

 

En el homenaje que le hicieron en Huerta, contó que la conexión con internet le ha dado problemas.

Creo que todos los médicos rurales tenemos problemas con los ordenadores porque hay un problema de cobertura de la banda ancha. Si no estoy conectado, no puedo ver si estuvo en urgencias ayer, si fue al especialista, si pedí unos análisis… Muchas de las técnicas diagnósticas están colgadas en la intranet del Medora, el programa que utilizamos. Para la medicina biológica es importantísimo eso. Para la atención primaria es una parte, pero de la que no se puede prescindir hoy en día.

 

Los pacientes suelen ir a la consulta en busca de una pastilla. ¿Tiene que ser siempre así?

A buscar una pastilla o un volante para que me vea el otorrino o el oftalmólogo. El médico ahí tiene que gestionar eso. Son demandas que muchas veces están en la sociedad en la que vive. Somos consumidores de salud. Cuando ves la televisión, de diez anuncios cuatro son de pastillas y te dicen que consultes a tu farmacéutico. Vivimos en una sociedad de consumo, parece que tiene que haber soluciones para todo. Por eso se llenan nuestras consultas. Un médico de atención primaria debe gestionar el tiempo y dedicárselo a aquellos que realmente lo necesitan. 

 

¿Ha conseguido revertir esto en sus pueblos?

Sí. Nos ayudó mucho la receta electrónica. Es una magnífica herramienta para que deje de ir la gente a buscar un papel en el que ponga el medicamento que está tomando. Durante un año irá por otras cosas. Un médico tiene que gestionar la demanda, debe ser importante para aquel paciente que requiere importancia. Si no, te puedes ver desbordado por la demanda. Si tú derivas a todo el mundo, eres un buen médico porque derivas. Mucha gente quiere eso.

 

¿Cuáles son las principales dolencias que ha tratado en Huerta?

Fundamentalmente artrosis. Es un problema degenerativo. Necesita intervención del traumatólogo cuando la cadera o aquello que es susceptible de cambiarse se puede cambiar. Si no, lo que necesita es una intervención paliativa en el dolor. Vivir sin dolor es una utopía, pero se ayuda a sobrellevar el dolor. También hay patología vascular y cada vez tenemos más pacientes diabéticos tipo dos. Además, tenemos el cáncer, que nos sigue sorprendiendo. Al cáncer lo vamos a tener que ir venciendo a través del diagnóstico precoz y de actuar sobre los factores determinantes y modificables. La edad no es modificable, pero el consumo de tabaco y alcohol sí lo podemos cambiar. En el cáncer de colon tenemos una medida para el diagnóstico precoz, que es la sangre oculta en heces; para el cáncer de mama, tenemos la mamografía. Todo el mundo está preocupado con el PSA para el cáncer de próstata, pero no es un factor determinante, no es tan importante.

 

¿Qué opina de la homeopatía?

Es una tomadura de pelo, así de claro. Yo no creo en esas cosas. La medicina es una ciencia y, como ciencia que es, no lo cura todo. Investiga y vamos avanzando.

 

Recomienda a los mayores mantenerse activos. ¿Se aplicará su propio consejo?

Sí, claro. Siempre he hecho deporte, no voy a tener que cambiar mucho en eso. Me gusta el campo, dos días a la semana juego al pádel, me gusta pasear. Hay dos partes: la parte física y la parte intelectual. Tendré más tiempo para leer.

 

¿Qué se lleva en especial de Huerta?

De cada pueblo siempre me llevo cosas. De Huerta guardo recuerdos muy bonitos. Fundamentalmente las veces que me he reunido con la gente. Lo que surge en los debates. Cuando salió la Ley de Dependencia, hicimos una reunión para explicar en qué consistía. Eso fue una esperanza para mucha gente.

 

¿Le seguirán viendo los vecinos de Huerta?

Sí. Muchos días me acercaré a tomar un cafetito.

 

Llega a la jubilación cargado de ilusión e ideas. ¿Cómo le va a dar salida?

Llevo militando en la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública desde el año 1981. Defenderé este modelo. Me encontrarás en foros y cosas de estas. Me jubilo, pero voy a seguir en el mundo, esto también es estar activo. Cómo lo enfocaré, no lo sé. En estos debates de lo público me vas a encontrar siempre. Tenemos la gran suerte de tener un sistema nacional de salud. Aunque en el sistema público no todo son virtudes, tiene que cambiar mucho. No podemos tener una lista de espera de seis meses. El sistema público no puede funcionar sin listas de espera, pero una cosa es que lo preferente tarde quince días y otra, seis meses. Además, no puede ser que un médico derive cincuenta pacientes y otro, con el mismo número de pacientes, derive diez. Algo está pasando, habrá que actuar. Hay que aumentar la capacidad de resolución de los médicos de atención primaria.

 

¿Cómo valora la gestión de la sanidad pública?

Nefasta. Creo que no hay gestión. La dejación de la gestión del sistema público va en beneficio del sistema privado. Cada vez hay más gente que se hace un seguro médico. Quiero ver a mis gestores enfangados con los médicos para solucionar los problemas. Sé que son difíciles, pero los quiero ver ahí. No van por los centros de salud, ¿cómo es posible? Siempre voy a defender al gestor que se mete en los problemas, no al que los ve desde arriba. Sobre lo que está ocurriendo, dicen que no hay médicos. Es verdad que hay un problema, que también tiene responsables. ¿Por qué de trece residentes que acaban en Salamanca se quedan dos o tres? Porque en Madrid, Castilla-La Mancha o Extremadura les ofrecen contratos indefinidos o de un año.