Sábado, 15 de diciembre de 2018

La doble vara de medir

Profesor de Derecho Penal de la Usal

La elección de Pablo Casado como presidente del PP y candidato a la presidencia de gobierno por esta formación ha entregado a la arena política un orador con una formación más que cuestionable porque, por un lado, no sabe dirimir con argumentos sólidos y coherentes, los asuntos de naturaleza política que se debaten en la sede de la soberanía nacional: Congreso de los Diputados y Senado y, por otro, promete la iniciativa de reformas legislativas y de gestión de asuntos que no ve de igual forma cuando afectan a terceros que cuando le afectan a él mismo.

Ejemplos los hay en abundancia. Hace unos días publicó, a bombo y platillo, que iba a promover una iniciativa legislativa para que gobernase la lista más votada en las diferentes confrontaciones electorales. Esto no lo ha cumplido él mismo en el proceso interno que tuvo el PP hace unos meses para la elección de su líder. Como sabemos, en la primera vuelta de las primarias del PP la lista más votada fue la de Soraya Sáenz de Santamaría, no la de Pablo Casado. A pesar de eso, aceptó los apoyos de algunos candidatos eliminados en la primera vuelta y resultó elegido presidente del PP. El principal apoyo lo tuvo de los militantes que dieron su voto a la ex número dos de los populares, Dolores De Cospedal.  

Con el paso de los días, Casado se ha olvidado de la iniciativa, al igual que Ciudadanos, porque ambas formaciones creen que si unen sus fuerzas podrán hacerse con el gobierno andaluz en las elecciones al parlamento de esa Comunidad que se celebrarán en diciembre. “Consejos vendo y para mí no tengo”, que diría el refranero M. Rajoy.

Además de estas debilidades, Casado, en lugar de utilizar la crítica constructiva, intenta destruir cualquier iniciativa (aunque beneficie a los intereses generales de los ciudadanos) cuando ésta no parte de su formación política, utilizando una doble vara de medir para la exigencia de responsabilidades políticas por irregularidades cometidas por un adversario político o por un compañero de formación

Esto es lo que está ocurriendo con las informaciones referidas a las presuntas reuniones entre Dolores de Cospedal y su marido, López del Hierro, con el comisario Villarejo en el verano de 2009, confirmadas por la propia Cospedal hace unos días. La finalidad de las conversaciones -según cuentan esas mismas fuentes- sería que los miembros del PP implicados en los graves casos de corrupción política, como el de Gurtel, pudieran tener información anticipada de operaciones policiales,  darles la oportunidad de destruir pruebas que dificultasen las acusaciones por corrupción contra cargos del PP y, en consecuencia, torpedear las pesquisas en la investigación o, lo que es lo mismo, intentar presionar a Villarejo, para que hiciera lo posible por cambiar el rumbo de la investigación de la tramas de corrupción que Cospedal conocía y sabía que afectaban a su partido.

Ante esto, Casado y los miembros del PP, que son muy proclives a calificar a sus adversarios gratuitamente como “amigos de los terroristas, golpistas y secesionistas, de estar inmersos en las cloacas del Estado, de no ser patriotas, de querer que España se hunda” y otras lindezas semejantes, han estado callados durante varios días y lo único que se le ocurre al iluminado líder del PP es afirmar que “Cospedal no ha mentido, dando ejemplaridad, transparencia y rendición de cuentas”, pero no ha dado explicaciones sobre el fondo de la cuestión. Es cierto que Casado ha evitado dar un apoyo expreso a Cospedal, pero tampoco ha criticado abiertamente su conducta ni le ha pedido que se aparte de la política como sería lo razonable en estos casos.

Estos hechos confirman, una vez más, la pesada hipoteca que porta en sus hombros el líder del PP. Es heredero ideológico de la línea más dura y casposa de la derecha española y de los que conocieron, ampararon e intentaron ocultar los casos más graves de corrupción.