Martes, 23 de julio de 2019

Una inmensa multitud

 

            Hoy es la fiesta de todos los Santos,  es una típica fiesta cristiana, que nos recuerda que "Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos... seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es" (2. lect.). También el prefacio: "y alcancemos, como ellos, la corona de gloria que no se marchita" (prefacio I).

            Nuestro camino de Hijos de Dios no es otro que el camino del Hijo: él ha pasado por la gran tribulación, el mundo no lo ha conocido, ha sido perseguido y calumniado. "Nos ofreces el ejemplo de su vida, la ayuda de su intercesión" (prefacio I). Todos los Santos es una fiesta familiar: la de quienes han caminado con Jesús y ahora gozan con su dicha.

            En este día reconocemos y recordamos a Pedro, Esteban, Teresa, Juan de la Cruz, Agustín, Francisco, Ignacio... Hombres y mujeres de carne y hueso como nosotros, que supieron de verdad seguir a Jesús y amar como él amó.

            Todos estamos llamados a la santidad. S. Pedro, citando el A.T., nos dice: "sed santos en toda vuestra conducta como el que os llamó es santo". S. Pablo insiste en que la voluntad de Dios es nuestra santificación. Los santos viven entre nosotros, quizá nos cuesta descubrirlos. Son hombres y mujeres de nuestras familias , de nuestros vecinos, que caminan por nuestras calles, trabajan, sufren y ríen con nosotros. Son hombres y mujeres que luchan por ser justos y pacificadores, pobres y compasivos, limpios de corazón y de corazón compasivo, según el espíritu de las bienaventuranzas. En los santos encontramos ejemplo, estímulo y ayuda para nuestra debilidad.

            Los santos es una inmensa multitud, son muchos más que esos pocos santos populares que conocemos abogados de algo: san Blas y los males de garganta, san Cristóbal y los conductores, san Isidro y los agricultores, santa Rita… De esa gran multitud podemos aprender mucho los cristianos.

 Hemos nacido para vivir en comunión con Dios y con los demás. "Mi corazón está inquieto hasta que descanse en Ti", decía S.Agustín

            Los santos viven entre nosotros, quizá nos cuesta descubrirlos. Son hombres y mujeres de nuestras familias , de nuestros vecinos, que caminan por nuestras calles, trabajan, sufren y ríen con nosotros. Son hombres y mujeres que luchan por ser justos y pacificadores, pobres y compasivos, limpios de corazón y de corazón compasivo, según el espíritu de las bienaventuranzas. En los santos encontramos ejemplo, estímulo y ayuda para nuestra debilidad.

            Los santos es una inmensa multitud, son muchos más que esos pocos santos populares que conocemos abogados de algo: san Blas y los males de garganta, san Cristóbal y los conductores, san Isidro y los agricultores, santa Rita… De esa gran multitud podemos aprender mucho los cristianos.

Es bueno recordar, de forma sintetizada, lo que el Vaticano II dice  sobre los santos:

-están unidos a los Apóstoles y los mártires en la veneración de la Iglesia (LC 50);

-están recomendados a la devoción e imitación de los fieles (LG 50);

-realizan una función de impulsarnos hacia lo eterno (LG 50),

-de ejemplo e iluminación para nuestra vida (LG 50);

-Dios se manifiesta en los santos (LG 50);

-los santos son hombres como nosotros (LG 50);

-se transforman en imagen de Cristo (LG 50);

-realizan una función reveladora y de signo (LG 50);

-son testigos que atraen (LG 50),

-y dan testimonio de la verdad del Evangelio (LG 50);

-damos culto a los santos por su ejemplaridad (LG 50);

-su culto nos une a Cristo (LG 50

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