Jueves, 20 de junio de 2019

Libros y Plaza Mayor, espacio de lo público

En este mundo nuestro donde se confunde lo público con lo privado y donde evidentemente, al político no le interesa lo de todos, sino lo suyo propio y qué hay de lo mío y no de lo nuestro salvo para pedir el voto y que los intereses de unos cuantos se vean favorecidos ¿Están ustedes pensando en los nacionalismos, por ejemplo? es prioritario decirle a los señores que nos gobiernan que piensen, únicamente, en el sentido común. Lo digo, lo decimos, porque a los salmantinos, y por extensión al resto de los habitantes de pequeñas ciudades como Cáceres o Badajoz en otros espacios, se nos bombardea inmisericordemente en épocas de ocupación hotelera sobre la necesidad de despejar la Plaza Mayor de todo elemento discordante, evidentemente, para esa hostelería que recibe feliz a los grupos de visitantes. Y por ahí no. Evidentemente, el turismo es riqueza y nada me gustó más esta última Semana Santa, que comprobar como las calles de Cáceres estaban llenas de gente y había que hacer cola para ver el aljibe árabe. Una es misántropa ma non troppo porque a las ciudades el turismo les da ese movimiento que crea riqueza y puestos de trabajo aunque sea una molestia para los que vivimos en ellas. Lo criticable es, que amparándose en el turismo, ciertos sectores defiendan que lo público responda a sus intereses… como si los demás no contáramos. Es decir, que la Plaza Mayor de Salamanca debe estar expedita de todo para que pueda fotografiarse, lo cual no evita que haya terrazas, conciertos, y hasta una vergonzante Nochevieja universitaria tan lesiva para el monumento.

Vamos, que montamos un macrobotellón en la Plaza churrigueresca pero nos sobran las casetas de la Feria del Libro, mire usted. Y para colmo, algunos de los medios con más solera de la ciudad supuestamente letrada se hacen eco de dicha molestia y abogan por arrojar los libros de la Plaza. Un despropósito que si no fuera tan triste, nos haría reír. Y a carcajada limpia porque nos quieren incultos y borregos, dispuestos a la caña –yo la primera que me apunto- y no a la música, al teatro, a la representación, a la charla, a los libros. Salamanca tiene dos ferias del libro organizadas por las Bibliotecas municipales, esas que acercan la lectura a todo el mundo, que son una fiesta de títulos, autores, músicos, propuestas escénicas, musicales y culturales de primer orden. Llenan el espacio de todos de libros, de cultura, de conocimiento, de alegría por el paseo, la búsqueda, el encuentro y el tapeo. Son una forma magnífica de contagiar a los niños el gusto por la lectura y una excusa perfecta para bajar al centro y disfrutar de sus alicientes… entonces ¿A qué viene decir que la Plaza está “okupada” y pretender llevar la Feria por la puerta de atrás a otro espacio?

Hay cosas que no responden al bien común y al espacio de todos, sino al interés económico de unos pocos que mandan mucho. La pinza del partido minoritario que hace palanca mueve demasiado en su provecho. La presión de unos cuantos hace tanto daño que aquellos que nos sentimos sorprendidos por este abuso estamos que no nos lo creemos. La Plaza es de todos, como lo es el espacio público, el bien común, la lectura, la cultura, el encuentro… de ahí que sea tan difícil concebir que pueda criticarse, arrinconarse, apartarse. Defendemos la cultura y pretendemos llevarla al patio de atrás. Defendemos la lectura y criticamos la Feria del Libro. Hay algo que va tan mal como luchar contra la ludopatía y permitir publicidad y dar licencias para abrir salones de juego ¿Estamos locos o qué? No es interés común, es el interés de quien presiona al que gobierna. Y no, al menos no nos harán callar. Lo denunciamos alto y claro: lo común es de todos, y todos somos todos.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.