Miércoles, 23 de octubre de 2019

Se le abrieron los ojos

Resultado de imagen de fotos de la curación del ciego

   “… Jesús dijo al ciego Bartimeo:

- ¿Qué quieres que haga por ti?

   El ciego le contestó:

  - Maestro, que pueda ve...” (Mc 10,46-52)

            Cuando el astronauta Y. Gagarin dijo que, en su paseo por el espacio, no había tenido la fortuna de toparse con Dios, un sacerdote de Moscú replicó: “Es natural. Si no lo has encontrado en la tierra, no lo encontrarás jamás en el cielo”.

     Para ver a Dios en el cielo hay que descubrirlo en la tierra, pues sabemos que, desgraciadamente, hay muchas personas que teniendo ojos no ven a Jesús, aunque lo tengan delante.

El ciego de Jericó tiene una gran confianza en Jesús y grita suplicándole: “Ten compasión de mí, Hijo de David”. Aunque la multitud lo increpa para que se calle, el hombre grita mucho más su fe en el Hijo de David. En su grito: “Hijo de David, ten compasión de mí”.

     La gente le llama y le anima: “¡Vete! ¡Ten confianza! ¡Te está llamando!” Todo lo que llamamos apostolado está en ese impulso: “¡Acércate! ¡Te está llamando!”.

 Bartimeo arroja su manto que le molesta para ir corriendo hacia Jesús, se despoja de todo lo que le estorba

 En Bartimeo el poder de Jesús y la fe obran el milagro: “Anda, tu fe te ha curado”. Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

     Bartimeo, que así se llamaba el ciego, es decir, ‘el hijo de Timeo’, es un hombre solo, que estaba sentado, postrado, envuelto en tinieblas, sin horizonte ni camino; es el símbolo de todos los seres humanos que desean ver, caminar y vivir, y buscan un sentido para sus vidas en medio de la noche. Pero, ¿qué es preciso hacer para ver?, ¿qué condiciones permiten descubrir en Jesús al Señor? El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios. Felices los de corazón limpio porque ellos verán a Dios. Es voluntad del Padre que todo el que vea al Hijo y crea en él tenga vida eterna. Jesús se presenta como el rostro humano de Dios. Él es luz para el camino. Bartimeo, apenas recobrada la vista, se puso a caminar.

La curación de la enfermedad corporal de un ciego es en los evangelios una señal que nos habla de la curación de la ceguera del corazón. Y sabemos que en nuestra sociedad esta ceguera es muy frecuente.

            "¿Qué quieres que  te haga?". ¿Qué le responderíamos nosotros? (Un puesto a tu derecha y otro a tu izquierda). ¿“Auméntanos la fe” (Lc 17,5)?; ¿“Creo, pero ayuda mi falta de fe!” (Mc 9,24)?; ¿“Maestro, que  recobre la vista” (Mc 10,51)?