Sábado, 15 de diciembre de 2018
Las Arribes al día

Fuimos felices y comimos perdices

Podría ser una historia de amor más, una de tantas que cada verano ponen punto final al primer acto, como si del teatro de la vida se tratara, con una boda y la consiguiente celebración, pero ésta es algo especial por tener algunas connotaciones meritorias para mí.

Hasta  que Sergio ha llegado a ser lo que hoy es ha dado buenos sustos y algún disgusto, pero también grandes alegrías, como todo el mundo, pero hoy es momento de recordarlo todo. El primer susto nada más nacer, cuando el médico nos habló de cosas que después no hubo, aunque el susto ya estaba dado.

Un gran disgusto  dio  años después cuando un día, que debió levantarse con el paso cambiado  al terminar la enseñanza secundaria,  dijo que no estudiaba más. Colgaba los libros cuando ya sabían en su casa que era el más inteligente, el manitas y el cerebrito de los cuatro hermanos. Siendo sus hermanas, entonces, universitarias de éxito su  faena era más que un jarro de agua fría; pronto se incorporó al mercado laboral.

Por aquel entonces debió ser cuando apareció  Nuria en su vida. Nuria era la chica que en el verano de 2007 fue  elegida por las mozas del pueblo para representarlas como Reina de las Fiestas de San Lorenzo, el mismo año en el que  Sergio  fue elegido, también,  por los mozos  Rey de las mismas. Como todo el mundo decía que hacían muy buena pareja, tal como  nos recordó el cura que les casó el otro día , debieron  creérselo  y quizás  entonces  decidieron prolongar  su reinado de por vida.

 Nuria, con pinta de ser la empollona de la clase, siempre ha sido lo que se dice  una cabeza bien amueblada, seria, inteligente y estudiosa, además de otras muchas cosas, pronto se licenció en enfermería y de inmediato los pacientes de la sanidad madrileña disfrutan de sus cuidados.

Él, mientras tanto, vivió dos experiencias laborales, supongo que tan precarias como las del resto de jóvenes, muy queridos por la empresa pero, a la vez,  muy poco remunerados. Un día, durante esta segunda experiencia ella le cogió  por las orejas, o sabe Dios por donde, y le conminó a retomar los libros en busca de un futuro mejor; pocas veces la influencia de una parte de la pareja sobre la otra habrá sido tan altamente positiva. Entonces se matriculó en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de  Béjar y bien que hizo aprovechamiento del tiempo y de su esfuerzo pues al finalizar el curso 2013/2014  obtuvo el Premio Nacional de Formación Profesional de grado superior en electricidad y electrónica, por lo  que fue nombrado en el BOE al lado de otros 25 alumnos  ganadores del mismo premio en otras tantas especialidades. Cuando la institución universitaria bejarana le homenajeó al finalizar el curso siguiente en un acto académico, no pudo estar presente pues ya trabajaba en Madrid en una  gran  empresa del sector aeronáutico.

Juntos en lo físico en la Capital, el amor siguió su curso y hace una semana se unieron en lo espiritual y religioso en la parroquia de su pueblo para dar inicio, después, a la segunda parte de su reinado particular, aquél que probablemente iniciaron en las fiestas de San Lorenzo 2007.

En lo alto de un cerro en el corazón de la comarca del Campo de Salamanca, nos agasajaron hasta la saciedad y nos deleitaron, por sorpresa, con  dos coreografías cuidadosamente preparadas a lo Travolta, chupa de cuero incluida, una para entrar al almuerzo y otra para comenzar el baile en un derroche de imaginación, alegría y felicidad e hicieron bueno el viejo dicho como si de un cuento de príncipes y princesas se tratara, nos hicieron felices y comimos perdices en un claro quiño a los cazadores de ambas familias.

Solo me queda desearle lo mejor, como a cualquier pareja de recién casados, pero a Nuria y a Sergio lo hago citando el estribillo de una maravillosa canción del maestro de Úbeda, un tal Sabina: .." que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel"; por mi parte solo añadir: Bendito San Lorenzo el  de aquel verano.

Antonio Vicente