Lunes, 9 de diciembre de 2019

Pensar nos humaniza

“Tú eres el reflejo de lo que piensas diariamente”

Aristóteles

“Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive”

Gabriel Marcel

“El último vértice de la interioridad es el pensar. El hombre no es libre cuando no piensa, pues entonces se está comportando en función de otro”

Hegel

La filosofía y el pensamiento no solo son necesarios en las aulas, es primordial que no dormite en el limbo de la cotidianidad

En estos tiempos de crisis, no solo nos aturde el consumismo y la indiferencia, también vivimos un fuerte invierno democrático que se cierne en la vieja Europa y que alarga su sombra más allá del Atlántico, donde el autoritarismo y el racismo parecen romper la brújula de la razón. Si falta el pensamiento, la acción deja de ser transformadora, queda aletargada en la desesperanza y pasa por alto ante el dolor y las víctimas de tantos necesitados que se acercan en caravanas humanas buscando un futuro mejor.

La filosofía y el pensamiento no solo son necesarios en las aulas, es primordial que no dormite en el limbo de la cotidianidad, aletargada en las rutinas y que sea la voz crítica desde las grandes preguntas. Es necesario levantar la voz en medio de las sinrazones egoístas y narcisistas de tanta política mediocre que no respeta la dignidad y los derechos de los más desfavorecidos. La filosofía, al igual que el buen pensamiento, es acertar en lo importante (G. Amengual).

Horkheimer, en su Crítica de la Razón instrumental, reconocía que “los avances en el ámbito de los medios técnicos se ven acompañados de un proceso de deshumanización. El progreso amenaza con destruir el objetivo que estaba llamado a realizar: la idea del hombre. Benjamin dejó constancia de la ambigüedad radical del concepto de progreso, la barbarie, en general, y el fascismo, en particular, no son lo opuesto al progreso sino una de sus posibilidades. Esa fatal posibilidad es para la víctima, la norma.  Kafka capta anticipadamente la reducción fascista del hombre, donde el individuo pierde todo el valor y sólo queda reducido a mera expresión de poder.

Las caravanas de la pobreza nos interpelan, en Honduras o en el Mediterráneo, en la frontera sur de España o en la de México o Estados Unidos. Son muchos los que tienen que abandonar sus tierras ya que pasan necesidad, pobreza, asesinato de familiares, extorsiones, reclutamiento de niños y adolescentes, violencia sexual, secuestros, tentativas de homicidios o el despojo de tierras. Me llegan a la memoria aquellas palabras de Mohamed Yunus cuando recibió el Nobel de la Paz: “La pobreza es la peor enemiga de la paz”. La injusticia estructural siempre es violenta y tiene respuestas incontrolables, la auténtica paz social se sustenta con la justicia. Sin una mejor distribución de la riqueza en el mundo no podrá haber paz, la violencia siempre generará violencia.

En nuestras sociedades que solo valoran la productividad, la eficacia y la rentabilidad económica, su razón instrumental amenaza los valores de los individuos y de las sociedades. Un capitalismo salvaje que quiere destruir todo lo que no es útil, también el propio pensamiento, la ocultación mora en la verdad y da paso al cálculo y la estadística. Vivimos en una banalización del pensamiento, donde la pregunta desde la perplejidad y la duda se torna lo secundario, incluso molesta. Pero la pregunta, aunque no tenga respuesta, es necesaria para sobrevivir a la posverdad y, poder establecer unos criterios mínimos para distinguir lo que se debe de lo que no se debe hacer, lo que es prioritario de lo que es secundario. Quien pregunta busca, el interrogante es inquieto y necesario para no quedar atrapados en la rutina de la indiferencia.

Más allá de los partidos políticos, necesarios en las democracias, se necesitan plataformas cívicas responsables, que lleven a cabo iniciativas socio-políticas capaces de renovar y revitalizar la sociedad desde los valores de la solidaridad y la justicia. A final no nos preguntarán sobre nuestros conocimientos o nuestras dudas, sino sobre lo que hemos realizado para hacer una sociedad más digna y justa. Los hechos concretos de amor, solidaridad y justicia serán nuestros únicos valedores. No podemos claudicar del pensamiento, ya que vivimos tiempos de incertidumbre y de ceguera moral, debemos apostar por creatividad y la solidaridad, levantar la esperanza y reconstruir el amor, la amistad y la lealtad, sin las cuales nada bueno se había desarrollado en la humanidad (Bauman).