Sábado, 17 de agosto de 2019

Naturalizado=mexicano

Reescribo, por enésima vez, un artículo “dedicado” a quienes diferencian entre mexicanos y naturalizados; aunque no les guste, soy tan mexicano como ustedes… Eso sí, con menos derechos, lo dice la Constitución, que he leído: ¿ustedes?

Considero ofensivo, grotesco y discriminatorio cada vez que un pobre diablo, que generalmente tiene una tribuna para proferir sus estupideces, expresa frases como “a la Selección solo deben ir mexicanos”, como si los naturalizados, por ley, no fuésemos mexicanos.

Estamos viviendo una situación con una caravana de migrantes que, entre líneas, tal vez deja entrever el trasfondo de lo que señalo. Desde luego que esa caravana no se organiza sola y hay líderes en los países de origen, tanto líderes sociales como presidentes, que deberían dar explicaciones: unos por prometer y otros por decir una cosa y hacer como que hacen otras.

Sin embargo, también la falta de empatía de muchas reacciones en México me hizo pensar en mí como mexicano “con pero”, o sea, mexicano pero naturalizado.

Esas calificaciones “con pero” suelen aparecer, como apuntaba, en el mundo del fútbol; sobre todo las dicen futbolistas nacidos en México, así como “periodistas” u “opinadores”; muchos de ellos, que seguro cuentan con un papelito que reza: “Título...”, de una universidad privadísima, carísima y solo para elegidos; hasta se dicen comunicólogos, y a veces “comunican” con palabras como “recepcionar” o alabando goles “de bella manufactura”; entre paréntesis, les aseguro que, en México, el balonmano es un deporte poco habitual...

Insisto: quienes, como yo, tenemos una carta de naturalización, somos también mexicanos; si les jode, fastidia o molesta, jódanse, fastídiense o moléstense; tengo que aceptar que me discrimine la Constitución, puesto que me otorga menos derechos que a quienes aquí nacieron (por ejemplo, en la política), pero me rebelo y me rebelaré ante la conjura de los y las ignorantes y los y las imbéciles.

Tengo la suerte de sentir algo cuando suenan los himnos -mexicano y español- y la paradoja de que, como nunca he sido muy de himnos o banderas, a veces siento lo contrario; ojo, hablo de sentir, no de faltarle al respeto ni nada parecido.

Mi patria, mis patrias, son mis afectos, mis recuerdos… y tres o cuatro ríos, parafraseando a Pacheco. Por eso, en mis patrias se habla español de maneras diferentes, así como francés, portugués, italiano, inglés…

Ayúdenme a hacerles ver a quienes nos discriminan -no muy conscientemente, lo sé-, que, si lo piensan bien, en el extranjero, Trump, Le Pen, Salvini, Orban y los suyos, lo único que hacen es manejar valores parecidos, es decir, ser egoístas e insolidarios.

Los masiosares que en el mundo son se aprovechan del que llega a su país, si les conviene, o lo expulsan sin muchos miramientos, si sienten, o les hacen creer, que pone en peligro su modo de vida, sus privilegios; a veces, hasta construyen muros... O los proponen. O miran con desdén, o tal vez miedo, el paso de las caravanas.

No parece muy coherente pedir valores humanos fuera cuando dentro no los practicamos.

Ojo, quiero dejar claro que cuando quien es egoísta lo es en su casa, estamos ante un asunto ético; creo en un mundo solidario pero también soy cada vez más escéptico ante la posibilidad de que lo construyamos.

Mi queja, sin embargo, es hacia quienes nos consideran ajenos, siendo propios. Porque México es mi casa. ¿Discriminación o desconocimiento? ¿O reflejo, uno más, del desprecio que muchos sienten por la Ley, con mayúscula, por el Estado de Derecho?

Cuánto peligro encierra la ignorancia...                                

@ignacio_martins

https://www.facebook.com/ignaciomartinescritor

www.ignaciomartin.com

nachomartins (Instagram)