Sábado, 24 de agosto de 2019

Panorama actual de la salud mental en España

Al hilo de la celebración del Día mundial de la Salud Mental, hace unos días, surge esta reflexión general sobre el estado de la salud mental en nuestro país.

La primera impresión sobre el estado actual de la salud mental es que las grandes líneas de este complejo y extenso tema no difieren demasiado de las que se dan en la mayoría de los otros países europeos: en todos los países occidentales está ocurriendo un movimiento en la psiquiatría y en la psicología clínica que está desplazando al sujeto de la salud mental, como centro de asistencia e investigación, y poniendo el cerebro y otras variables biológicas como nuevo centro. Otra vez en el antiquísimo dualismo de la mente y el cuerpo, la balanza se está inclinando en los tiempos actuales hacia las bases biológicas de la conducta humana.

Resulta llamativa y paradójica esta actual escisión, cuando los resultados de las investigaciones actuales de las neurociencias, concretamente las del campo de la epigenética, están corroborando las hipótesis que ya hace casi un siglo el psicoanálisis y la medicina psicosomática han estado sosteniendo: que solamente el punto de vista de la unidad indisoluble entre lo somático, lo psíquico y lo social pueden explicar la salud y la enfermedad.

Pero esta tendencia o “moda” de intentar explicar lo psíquico por sus bases biológicas no se queda en las discusiones teóricas de las disciplinas afectadas, sino que repercute directamente en la asistencia a los trastornos mentales: en las décadas pasadas la mayoría de los tratamientos en salud mental estaban compuestos de las medicaciones  oportunas Y DE LA PALABRA del enfermo o persona que consultaba. La palabra, a través de las diversas modalidades de psicoterapia tenía tanta importancia (o  más importancia en muchos casos de psicopatología) que los psicofármacos y otras terapias biológicas. Actualmente el uso de fármacos está siendo el privilegiado, y frecuentemente el único, en psiquiatría.

Esta tendencia produce resultados económicos muy positivos para la industria farmacéutica, pero numerosos indicios y datos objetivos muestran que la eficacia terapéutica actual es, en general, mucho menor que en las décadas pasadas.

Lo físico y lo psíquico no pueden ni ir separados, ni menos se pueden negar los factores emocionales, familiares, sociales…en el enfermar humano y en la ausencia de bienestar.

Los médicos de cabecera son los que más saben, por su experiencia diaria, con enfermos que comienzan su consulta quejándose de un síntoma físico, para, a continuación, si se les da tiempo y escucha, hablar de tantos aspectos de su vida de relación, en su familia, trabajo o grupos de pertenencia, donde el sufrimiento nace y hace desaparecer el bienestar.

El síntoma por el que consultan es, con enorme frecuencia, la “tarjeta de presentación” de otros malestares que se generan en sus relaciones afectivas y sociales. Y cada vez más, en su soledad. La creación de un Ministerio de la Soledad, en el Reino Unido, señala el camino por donde debe ir la asistencia en salud mental.