Sábado, 15 de diciembre de 2018

Código ético del PP

Profesor de Derecho Penal de la Usal

¿Cómo reaccionarían los miembros de una comunidad de propietarios si su presidente comienza la discusión de los puntos del orden del día de la reunión diciendo que ha de aprobarse un código ético en cuyo primer apartado se diga que todos los miembros de la junta tienen prohibido matar, violar, robar o blanquear dinero y quién lo haga será sancionado por la propia comunidad? Probablemente alguien de los presentes, por muy lego que fuera en la materia, diría que ese código es un auténtico disparate porque todo el mundo sabe que si alguien mata o viola a otro u otra será perseguido, debido a que las normas penales ya establecen una prohibición de esas conductas y quién las realice será condenado a largas penas de prisión.

Pues a eso mismo es a lo que han dedicado parte de su tiempo esta semana los miembros del Comité Ejecutivo del PP, aprobando un Código Ético donde se regulan las finanzas del partido, estableciendo prohibiciones que ya están reguladas en el Código Penal, como el tráfico de influencias o la financiación ilegal. Han hecho falta 30 años de historia de este partido y condenas por corrupción para que regulen definitivamente su financiación, aunque las decisiones a las que han llegado esta semana sean sólo una operación de imagen y que ya no son necesarias al estar reguladas en las leyes penales.

Pero no son esas las únicas hazañas logradas por el PP durante la semana; su líder, Pablo Casado, ha vuelto a adueñarse de los símbolos de todos los españoles dejando claro que España son sólo ellos y los únicos que defienden la historia, la cultura, las tradiciones y el progreso de nuestro país. No obstante, esto último es difícilmente compatible con la reacción contraria del PP (al igual que Ciudadanos) a un presupuesto elaborado por el Ejecutivo que prevé más políticas sociales que beneficien al conjunto de los ciudadanos, sobre todo a los que pertenecen a los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

La decisión de los miembros del PP de destruir todos los puentes de diálogo y consenso que restauren los jirones de la convivencia entre las diversas formaciones políticas, está motivada única y exclusivamente por la obsesión enfermiza de recuperar el poder a cualquier precio. No importan los medios que tengan que utilizar (aunque sea poniendo palos en las ruedas, como hacen siempre que están e la oposición) con tal de conseguir el fin deseado: desalojar al PSOE del gobierno, cueste lo que cueste.

Así, la ex ministra García Tejerina (quién posee uno de los patrimonios más elevados de los políticos del PP) afirmaba con rotundidad que los niños de Castilla y León de 8 años están mejor preparados que sus homólogos andaluces de 10, siguiendo la estela de la también ex ministra Ana Mato cuando en una ocasión manifestó que “los niños andaluces son analfabetos”. Estoy seguro que todos esos niños habrían visto algo que Ana Mano no supo o no quiso ver: la existencia de un Jaguar en el garaje de casa si sus padres lo hubieran adquirido o se lo hubieran regalado como producto de actividades corruptas.

Estos personajes me recuerdan los de aquella “España caduca, evangelizadora, muerta, hueca y carcomida”, a quienes no les importaban las desigualdades sociales y la pobreza de la mayoría de sus gentes y que se situaban siempre al lado del poderoso económicamente y del opresor de los más débiles, al lado de los de “las manos muertas” que, en cambio, dominaban España sin piedad hasta la llegada de nuestro sistema democrático en 1978.

Esto confirma, por otra parte, que ya ha comenzado la campaña de las elecciones andaluzas. Nos espera un año plagado de confrontaciones electorales en las que oiremos verdaderas barbaridades, como la dicha por el Secretario General del PP, Teodoro García Ejea, que afirmó que el gobierno andaluz de Susana Díaz “gasta más en prostitutas que en educación” ¿…?

En fin, creo que habría sido mejor que el Comité Ejecutivo del PP (por cierto, poco paritario porque la inmensa mayoría son hombres) hubiera incluido en el código ético de este partido la utilización de palabras y expresiones sensatas y razonables y siempre desde la crítica constructiva, sin tener que acudir al insulto, la descalificación y la mentira. Será libertad de expresión, por supuesto, y hay que respetarlo, pero en la arena política, por muy sucia que parezca, a veces, no vale todo. Estoy seguro que los ciudadanos sabrán deslindar claramente entre la oposición que se ha tirado al monte y la que construye con sus propuestas.