Sábado, 7 de diciembre de 2019

Que nadie se quede atrás

El pasado martes fue el Día Mundial de la Alimentación, y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) nos informó de ello. Al día siguiente se conmemoró el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza rememorando aquel, de hace ya 31 años, en el que más de cien mil personas se concentraron en París para recordar a las víctimas de la pobreza extrema, la violencia y el hambre, por considerar que se trata de violaciones vergonzosas de los derechos humanos de millones de personas en todo el mundo. Hambre y pobreza van juntas.

La Humanidad tiene hoy la capacidad de poder generar alimento para todos los que formamos parte de ella, entonces ¿por qué 800 millones de personas en el mundo sufren hambre crónica? Y digo “hambre crónica”, no es hambre algunos días, o cuando en ciertas épocas escasean los alimentos, hambre todos los días, cada día.

Algunos de los efectos de esta realidad es que casi la mitad de los niños y niñas menores de 5 años que mueren en el mundo – 3,1 millones – lo hacen por falta de alimento. El hambre impide trabajar, ir a la escuela, participar en las actividades de la comunidad, incluso ser libre. “La libertad es inútil si la gente no puede llenar de comida sus estómagos, si no puede tener refugio, si el analfabetismo y las enfermedades sigue persiguiéndoles”, afirmaba Nelson Mandela.  

La pobreza y el hambre siempre caminan juntas. Causan desnutrición, sufrimiento y muerte. La pobreza y el hambre esclavizan, esclavizan laboralmente, sexualmente, socialmente, políticamente. Esclavitudes, algunas tan antiguas como el hombre y otras de reciente cuño. No podemos negar, sería absurdo y falso, que como Humanidad hemos avanzado, la cuestión es si lo hemos hecho en la buena dirección.

El Secretario General de las Naciones Unidad, António Guterres, exhortaba a los miembros la Asamblea General "Recordemos que la erradicación de la pobreza no es una cuestión de caridad sino de justicia". Y es que mientras la “caridad” es un sentimiento que nos lleva a solidarizarnos con nuestros semejante aportándoles limosna o auxilio, la “justicia” nos remite a un principio moral que nos inclina a obrar y juzgar, respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde.

Así que únicamente superando la caridad, que es un primer paso, podemos avanzar hacia la justicia. Pero es precisos avanzar juntos. Y eso es precisamente lo que este año 2018 proclama la Campaña Pobreza Cero: Que nadie se quede atrás.

Porque, paradójicamente, mientras la economía mundial crecía en un 75% en las dos últimas décadas, las desigualdades también siguió creciendo en este mismo periodo. Porque no es de justicia que 8 hombres multimillonarios acaparen la misma riqueza que la mitad de la población del planeta, 3.600 millones de personas. Como tampoco lo es que 1.400 millones de personas vivan en el mundo en condiciones de pobreza extrema y un 70% sean mujeres; ni que más de 65 millones de personas se hayan visto obligadas a abandonar sus hogares para huir de la pobreza, de las guerras o del cambio climático. y es que a este ritmo de consumo irresponsable necesitaremos 2 planetas - ¡Y no los tenemos! – para prestar los servicios que reclama el sistema de producción y consumo, una situación insostenible que nos conduce al colapso.

Esta y no otra es la realidad y como sabiamente observaba el escritor portugués y Premio Novel de Literatura, José Saramago: Para quien se está muriendo de hambre la realidad no es huidiza es algo que está allí. Se puede filosofar mucho acerca de la realidad, de si lo que vemos es lo que es y todo eso, pero hay que reflexionar sobre los hechos que tienen que ver con la situación del mundo. Y la situación es lo que es, aunque nos empeñemos en no verlo.