¿Y tú? ¿Qué quieres ser?

Ser pobre de espíritu es la peor de las pobrezas.

Yo no pretendo aquí, en este pedazo de papel, dar lecciones de moralidad.

No vengo a atacar a nadie tampoco. No quiero que el rico se sienta en deuda con el pobre, ni que el pobre se frustre por no alcanzar al rico.

Pretendo destapar una caja, nuestra caja interior, esa que sabe que nada tiene que ver cuántas riquezas y bienes poseamos.

La pobreza la unimos a carencias materiales, económicas; mas nada tiene que ver con el ser pobre. Ser pobre es no ser agradecido, no ser honesto, olvidarnos de ser sinceros, malgastar el tiempo criticando, ignorar al débil, aplastar al otro, demoler con palabras el alma. Ser pobre de espíritu es la peor de las pobrezas.

Así que por un instante destapemos nuestra caja y preguntemósnos: ¿soy rico o soy pobre?

Seguramente hayamos sido muy ricos unas veces y otras muy pobres, ¡ENRIQUEZCÁMONOS!

Empecé a mirar dentro de mí y me encontré con tanto odio, tanta ira… que me dio miedo. Fue entonces cuando pensé en un cambio.

Yo quisiera ser rica sí, ¿y quién no? Pero esa riqueza material tal vez la alcance o tal vez no. No está sólo de mi mano. Pero sí está de mi mano “dejar de ser pobre”, pobre de espíritu.

¿Y si dejo de ansiar poder y riqueza?

¿Y si empiezo a enriquecer mi pobreza?

Y aquí estoy, invitandoos a comenzar este trabajo de enriquecerse.

Yo me despido de mi pobreza entonando un meaculpa por muchas cosas; pido perdón a quien lastimé, reconozco que la verdad es que mentí y doy las gracias a quien estuvo, a quien me arropó, a quien supo comprenderme: GRACIAS

Camino

Participante del Centro de Día de Adicciones de Cáritas Diocesana de Cáritas