Jueves, 13 de agosto de 2020

Casado: historia y ética pendientes

… la mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo creó, es el descubrimiento de Indias (…) Nunca nación extendió tanto sus costumbres, su lenguaje y armas ni caminó tan lejos por mar y tierra, con armas a cuestas.

(Francisco López de Gómara. Historia General de las indias. S. XVI)

 

Alguien tendría que decirle al chico este que lidera la derecha nacional que podría y debería jugar en ese campo sin meter la pata en cosas de historia (se ve que eso de adquirir títulos en las rebajas tiene un peaje); ni poner el dedo en el ojo de los que reivindican la memoria histórica o el derecho a una muerte digna. Esto es algo moralmente censurable: ¿por qué agraviar a ciertas personas en situación difícil solo para calentar los oídos de un electorado reaccionario? Y es políticamente estéril: están ahí los de Vox para darle quince y raya en espíritu nacional y los de C's para ocupar el centro que deja, si es que tal lugar político aún existe en España y lo habitó alguna vez este líder con cara e ideas de guardia civil de los años cincuenta.

No voy a comentar sus ocurrencias acerca del “descubrimiento” de América con participación de “capital privado”, de quién lo tiene más grande (el imperio) o de España nación ancestral como ninguna. Cosas que, por cierto, también son “memoria histórica” de cierto tipo, no sólo está “la guerra del abuelo y de no sé quién”, como dijo Casado. Es posible que, tal como la concibe la derecha, esa España vieja, grande y unánime no haya existido nunca ni, ay, vaya a existir. (Pero sin duda este tópico se halla en el fondo de la actitud mayoritaria ante del llamado “desafío catalán”). Sin embargo, la inercia de las efemérides (el 12-O) nos lleva a decir que la Hispanidad no ha sido nunca nada más que una entelequia, incluso cuando la formuló Ramiro de Maeztu y la desarrollaron los teóricos de Acción Española, los mismos que avalaron intelectualmente al Movimiento Nacional: los Sainz Rodríguez, Vegas Latapie, Giménez Caballero, el canónigo Castro Albarrán, et alii. Todo lo cual acabó en la voluntad de imperio falangista y en la diarrea retórica de la formación del espíritu nacional. (Bueno, también motivó la famosa trifulca Unamuno-Millán Astray, que tanto nos entretiene últimamente).

Siendo conceptos esencialmente culturales los del Descubrimiento y la Hispanidad, conviene señalar que, con la excepción de Vargas Llosa y de Rubén Darío, casi todos los autores latinoamericanos del siglo xx los repudian, si bien a estas alturas de la historia lo que está en su punto de mira no es tanto una España decadente, aunque altanera, como el imperialismo norteamericano o el capitalismo propiamente dicho. Como indica por ejemplo Juan Gelman: “Europa fue la cuna del capitalismo y al niño ése, en la cuna, lo alimentaron con oro y plata del Perú, de México, Bolivia. Millones de americanos tuvieron que morir para engordar al niño, que creció vigoroso, desarrolló lenguas, artes, ciencias, modos de amar y de vivir, más dimensiones de lo humano (…). Pasaron siglos y la belleza de los vencidos pudre tu frente todavía”.

Más sencillamente, Elena Poniatowska escribió: “Llamar descubrimientos a lo que estaba no solo descubierto sino habitado y contaba con una cultura anterior a la Era Cristiana es simple y llanamente prepotencia europea”.