Martes, 23 de octubre de 2018

Esclavos

This is the end, 

beautiful friend, 

the end…

(The Doors)

Dime, ¿cómo hacemos? Si quiero pensar que merece la pena... Remuevo este café y pienso, ¿de dónde viene este azúcar? ¿Cuántas horas lleva este camarero detrás de la barra del bar? ¿Qué circunstancias rodean a esta persona? Oigo a esos dos hablar mal de un compañero y siento la falta de formación humana, de empatía…

Las prisas — ¡La cuenta, por favor!— coger el primer autobús, no saludar. Esa mujer está llorando. Mirar para otro lado. Llorar es algo incómodo, de débiles, ¡hay que mostrarse siempre fuertes! Ese es el problema, la verdadera fortaleza está en el que es capaz de mostrarse vulnerable sin miedo al qué dirán, porque sabe que él es su propio juez. El caos comienza en la incoherencia con lo que uno piensa, siente o en cómo actúa. El problema es que la gente no llora en público, no piden ayuda porque se avergüenzan, no hay un sentimiento de comunidad. Somos lobos esteparios y al sistema le interesa.

 

«Este azúcar…» Siglos de esclavitud detrás del azúcar, ¿y quién recogía la caña de azúcar? «La leche…» ¿A cuánto pagan al ganadero el litro? ¿Cuánto al camionero por jugarse la vida en la carretera día a día? ¿Cuántas horas lleva esta pobre mujer de pie que me cuenta que no ve la hora de largarse a casa y de olvidarse de poner cafés a tanto universitario?

Cómo cambiaría el mundo si cada persona se detuviese cinco minutos al día a reflexionar de dónde viene la ropa que usa, el móvil que toca. Inditex… La gente ha olvidado Bangladesh….

Móviles, tablets, portátiles (no digo marcas, pongamos un largo etcétera) no importan los niños en las minas del Congo, cogiendo el coltán con sus manitas. Son solo nombres en el mapa, son solo cifras. Nos hemos acostumbrado a tantos números en una pantalla que brilla y no para de contarnos cosas nuevas, cortas, cada vez más interesantes. Nuevos productos que comprar, ¡consume! Este móvil ya es viejo (1 kg de coltán = dos niños muertos). Las adicciones nos hacen olvidar nuestra miseria, nos alienan, nos mantienen entretenidos en la ignorancia y el confort.

 

El conocimiento nos hace libres, aprovecha las armas que tienes, tu formación como individuo, ¡no te quedes en la postura cómoda! ¡Avanza, evoluciona!

 

(Ilustraciones de Berta Pena)