Viernes, 19 de octubre de 2018

Ponciano

Nació en Cantalpino (Salamanca) Ponciano Lozano Alonso, donde sus padres Ponciano y María Luisa. Su padre simultaneaba las labores agrícolas con el oficio de zapatero. Mientras Ponciano hijo, en aquella época jugaba despreocupado con otros niños del pueblo: Ito, Casito, Victorio y muchos más a guardias y ladrones, pico, zorro y zaina y otros juegos de actualidad; cuando aquellos niños y niñas jugaban y se divertían ajenos a los “manejos” actuales de las-redes sociales y otros artilugios que estaban por llegar. ¡Y llegaron!...

Ponciano se fue haciendo mayor, escogiendo la profesión de Topógrafo… pero antes de contaros más “cosas” de él, tengo que deciros que para mí era un integrante acérrimo de ese tipo de gentes, rectas y austeras (¡que las hay!) que conservan ese orgullo castellano de… “no ser más que nadie, pero tampoco menos”.

 El fue un hombre a “caballo de dos épocas”, la rural acérrima y siempre maltratada y los indicios de mejora posteriores. Alguien ha dicho de ello, “Primero fue por la emigración y ahora es porque se mueren los habitantes  mayores que quedaron en cada rincón”. Pero lamentablemente no pudo llegar a ver los inicios de estos “tiempos locos” de los móviles, whatsApp y demás “zarandajas” de un mundo hiperconectado y con visos de una- Inteligencia Artificial- imparable. Los robots y el alargamiento de la vida hasta los 120 de edad o más…  Lo indudable es que: Él pasó por aquí y dejó su impronta; creyendo firmemente en que su país iniciaba una vida mejor y  de la que también podría ser protagonista. Y a su manera lo fue.

Yo pienso y me lo pregunto, que ahora, Ponciano murió en el año de 1997-¿Qué pensaría, como otros muchos, ahora al comprobar que todo aquello en lo que había creído y consideraba conveniente, se desmoronaba a pasos acelerados?

Pero dejemos esta-Reflexión en voz baja-en suspenso y centrémonos en otros temas no menos importantes. Pues cuando Ponciano falleció, mi esposa y yo estuvimos en su entierro y cuando regresábamos a Salamanca, recuerdo que la dije, aún impactado por el acto: Sabes… en que voy pensando… Pues en todas las persona y sobre todo en los familiares con los que hemos compartido duelo y conversación nostálgica, pero nos vemos y relacionamos… muy poco y sólo en determinada y a veces dolorosas ocasiones.

El funeral de Ponciano en la “Sacramental de San Isidro” en Madrid, tuvo para mi connotaciones especiales en algunos momentos; considerando que no le conocía mucho, aunque estoy seguro que congeniábamos y nos profesábamos mutuo aprecio. Y ese día 11 de octubre de 1997 hacía mucho calor en Madrid cuando en profundo silencio transitábamos por debajo de antañones cedros y no menos vetustos panteones ya deteriorados por el paso del tiempo y que eran representantes genuinos de otras épocas de esplendor y vanidades. Y en ese momento… una campana dejó oír su cadencia y a mí, particularmente, me produjo escalofríos. Pues siempre me ha sido impactante que una campana haga toque de entierro; proclamando que una persona que había muerto, pasó por esta vida… Y en esos momentos pensé… hasta Madrid ¡es humano!

Al despedirme de Luis Eloy, hijo del bueno de Ponciano le comuniqué la intención de hacer algo en Prensa sobre su padre y le pedí datos, amablemente me los proporciono pero con una apostilla: “Supongo que con esto tendrás suficiente, ya que no era un político o persona famosa; el resto queda para nosotros, la familia”.

Yo le diría a Luis Eloy, ya trascurrido un largo tiempo que: “Continuo manteniendo que su padre Ponciano, fue un cantalpines de honor, que pasó por aquí y que tuvo a orgullo el no ser más que nadie, pero tampoco menos”.

Y respecto a todos los familiares que estuvimos en Madrid el 11 de octubre de 1997 un “mensaje” cariñoso: “Que nos vemos poco…

NOTA. Hoy inicio una serie de Personajes, vivos o muertos, que pasaron por aquí y dejaron su –IMPRONTA- Y QUE PARA MI FUERON SINGULARES “A SU MANERA”. IMPRONTA O HUELLA-que es. “Señal que deja el pie del hombre o animal en la tierra por donde han pasado”. Pues, eso.