Viernes, 19 de octubre de 2018

¡Muévase!

Tal vez idealizo una España que disfrutaba descubrir la tolerancia, pero en la que acabo de ver encontré una vocinglería que lleva tiempo fomentándose desde la tele, los periódicos, las barras de bar, los taxis…

"Muévase, no se pare aquí", así, espetado sin sardina... ni sordina, con chulería más que autoridad; yo sé que los aeropuertos tienden a la hipertensión, pero los espacios pasando el arco son escasos, tienes que ir sujetándote el pantalón porque te han hecho quitarte el cinturón que vive su vida en la bandejita, la chica que iba delante de mí tampoco se movía y ocupaba su propio espacio vital, ante la posibilidad de que pudiera ser acusado de acoso si me acercaba más a ella, la encrucijada era complicada.

En lo que intentaba obedecer, me di cuenta de que ese "muévase" podrían ser las últimas palabras que me dirigía, en este viaje, un paisano español; y así fue, porque el amable joven de Aeroméxico que recogió mi tarjeta de embarque/pase de abordar  [qué lío con mis dos nacionalidades hispanoparlantes iguales nomás que diferentes] tenía acento francés.

Esperando a subir al avión, pensaba que la situación que acababa de vivir era una metáfora de la España que dejaba atrás en este último viaje... por ahora.

Me llevo la sensación de que abandonaba un país cabreado, de malas, de ceño fruncido. Claro que he vuelto a un México que me parece que sigue dividido: los simpatizantes del nuevo gobierno, expectantes unos, sedientos de venganza otros y justificando cosas bastante injustificables a las que ayer criticaban; los no simpatizantes, entre expectantes ante las consultas a quien no sabe del tema y burlones ante el ¡Hola! de Yáñez y el Fondo de Taibo ... 

La España que dejé, como digo, me pareció cabreada pero "a la antigua", más cerca del "que inventen ellos" que del Spain is different.

La España que recordaba disfrutaba descubrir la tolerancia (seguro que la idealizo),  pero en la que acabo de ver encontré una tolerancia que tolera poco y una vocinglería que lleva tiempo fomentándose desde la tele, los periódicos, las barras de bar y los taxis… y que da frutos; tengo la sensación de que la crispación llegó para quedarse.

Tomando al transporte público como metáfora, tal vez por eso muchos estamos prefiriendo, aquí y allá, esas otras maneras de transporte… Tal vez porque reflejan otras maneras de ser... O sea, de vivir.

Puede que algunos escucháramos a Rosendo a tiempo.

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