Domingo, 21 de octubre de 2018

Los orígenes de la música

A pesar de que aún existen muchas incógnitas y no sabemos a ciencia cierta de qué manera nuestros antepasados comenzaron a desarrollar la música, sí existen evidencias de la consciencia del ritmo en las actividades cotidianas de los hombres primitivos. Probablemente las palmadas, las pisadas en el suelo y la percusión con huesos o palos sobre troncos de árboles, que habían sido previamente ahuecados, fueron los inicios de los ritmos percusivos. Por otro lado la imitación de los sonidos de la naturaleza, como los cantos de los pájaros o los bramidos de otros animales, pudieron desarrollar las facultades para hacer melodías de aquellos primeros homínidos. A pesar de todo, la mitología de todos aquellos poblados otorga a la música un origen que procede de lo divino.

Sea como fuere, las evidencias son que a comienzos del Paleolítico, 400.000 a. C. aproximadamente, ya existían instrumentos hechos con cuernos de animales y conchas marinas que eran utilizados como instrumentos para transmitir mensajes. A finales del Paleolítico, 150.000-100.000 a. C., ya se utilizaban silbatos de falange fabricados con huesos de las patas de los renos, siendo los instrumentos musicales más antiguos encontrados, y a pesar de ser unas flautas con las que solo se podía tocar una única nota, eran utilizados para transmitir mensajes a largas distancias. La flauta de agujeros, que podían tener hasta cinco hendiduras para la colocación de los dedos, comienza a aparecer en torno al 70.000 a. C.  y este ya sí se utilizaba como instrumento melódico, totalmente conscientes de que lo que realizaban con ellas era música.

En cuanto a las cuerdas, el bramador se posiciona como una de los primeros descubrimientos en torno a los 80.000-30.000 años a. C., es un fragmento de hueso o madera atado a una cuerda que al hacerse girar producía un sonido que no era más que un zumbido, pero que dependiendo de la velocidad de giro podía aumentar o disminuir su frecuencia, por lo que se obtenían distintas tonalidades. Probablemente este instrumento derivó de la boleadora, herramienta que se utilizaba para cazar.

En torno al año 30.000 a. C. ya se había desarrollado el arco musical, el cual era un instrumento simple que había derivado del arco para cazar, puesto que al tensar y soltar la cuerda, y al estar tan cerca del oído, aquellos primeros hombres ya percibían una variación de tono, lo que les ofrecía un mundo de posibilidades musicales, siendo, muy probablemente, el origen de todo instrumento de cuerda.

Pero sin duda la familia de instrumentos musicales por excelencia debió ser la de percusión.

El rascador de hueso ya se utilizaba de forma habitual en torno a los 80.000-30.000 a. C. y se encuentran tambores de madera de precisa construcción que datan del 40.000 a. C. hechos de cuerpo de arcilla y pieles tensadas con cordeles, sin embargo las sonajas son algo posteriores. Estos instrumentos se utilizaban para hacer llamadas y acompañar los ritos.

En la Edad del Bronce (1300-700 a. C. aprox.) aparecen los lur gracias a las técnicas de aleación de minerales de los que los hombres prehistóricos hicieron buen uso. Estos lur son una construcción en forma de cuernos, utilizados como trompas para producir sonidos a través del soplido y que eran utilizados de dos en dos, ya que cada uno generaba una nota. Se han encontrado en países como, Dinamarca, Suecia o Noruega y son el principio de la especialización en la construcción de instrumentos musicales de viento.