Domingo, 21 de octubre de 2018

¿Cuál es la alternativa en la familia al caduco patriarcado?

Esta pregunta o reflexión me surgió presenciando la otra tarde en un café una escena que se ve desgraciadamente con frecuencia: Varios miembros de una familia están sentados en dos mesas pasando la tarde; están las tres generaciones de la familia, abuelos, hijos, nietos. Los dos niños, entre 4 y 8 años, supongo que están aburridos tanto tiempo en un café de adultos y chillan, gritan, corren entre las mesas de los clientes como si estuvieran en un parque. Muchos de los que estamos sentados, cerca, hacemos señales de desaprobación, soportando ese ruido molesto de los gritos infantiles. Pero en la mesa, los familiares de los niños miran y nadie dice ni hace nada. El abuelo parece ser el que más sufre con el desorden. Después de largo rato, el que suponemos es el padre, se levanta, coge a los niños y, a la vez, toda la familia se levanta dispuesta a marcharse del café. Se marchan.

Nadie en la familia fue capaz de ordenar a los niños que se callaran, no molestaran al público. En la familia actual generalmente no hay una figura de autoridad que tenga la función de señalar límites, de recordar las leyes, de sancionar si es necesario.

Desde que aparece la familia en la historia de la Humanidad, (exceptuando algunos pueblos muy minoritarios, que se han organizado como matriarcados) el padre ha sido el encargado de la función de poner límites, hacer cumplir las leyes dentro del hogar familiar. A la vez, esta función paterna tenía el acuerdo de la madre; “se lo diré a tu padre”, “cuando venga papá…”, son frases que todos hemos escuchado en el pasado.

La supresión de la función paterna como representante de la norma aún no ha sido suficientemente estudiada en sus efectos sobre la crisis de identidad del hombre contemporáneo, sobre el proceso de crecimiento de los hijos y sobre el malestar general del grupo familiar. La democratización de la pareja conyugal, proceso en el que aún estamos, ha dejado sin resolver este asunto clave de quién se encarga en la familia de ejercer el rol de autoridad. Podría ser la mujer, lo mismo que el hombre; pero la mujer se resiste a asumir una función más de las muchas que asume en la familia, una función que han pasado muchos siglos siendo el hombre el que la ha ejercido.

   Mientras la pareja actual está aún creando sus nuevos papeles, los niños sufren la ausencia de una figura de autoridad clara. Ellos saben que ambos, su madre y su padre, son los “jefes”, pero en lo cotidiano con demasiada frecuencia experimentan que ninguno ejerce como tal. Y eso les crea mucha angustia. Inconscientemente, a veces, casi conscientemente, gritan por eso y para eso: para que alguien ponga orden.