Algo tendra el agua...

El conocido refrán castellano tiene su aplicación más frecuente cuando se quieren alabar las buenas condiciones de algo, o de alguien. En el presente caso, Inés Arrimadas, portavoz del grupo parlamentario de C´s en el Parlamento Catalán y descendiente de padres salmantinos, nos gustaría resaltar la magnífica labor que desarrolla en las difíciles circunstancias que rodean  la situación actual de Cataluña; puesto de manifiesto en más de una ocasión a base de “poner en su sitio” a más de un político, de una y otra orilla.

Hay una norma no escrita que nunca falla en política. Para valorar la eficacia de las intervenciones de cualquier político, basta comprobar el grado de irritación que esos comentarios ocasionan en los adversarios. Si el aludido simplemente se sonríe es porque no siente dañada su imagen. Por el contrario, cuando se sienta personalmente atacado, ridiculizado e, incluso, puestos al descubierto sus fallos, cambiarán automáticamente sus facciones, se rasgará las vestiduras, pasará a la ofensiva y llegará hasta el insulto procurando buscar los “trapos sucios” en el adversario, sin importar mucho si son o no ciertos.

El pasado día 3, nuestra casi paisana Arrimadas, aprovechando su intervención en un debate sobre política general, exhibió una Bandera Nacional dirigiéndose expresamente al presidente Torra para afear su empeño en ofender a la mitad de  catalanes, como promotor de una política partidista, injusta e ilegal, teñida de claros tintes xenófobos, que busca el enfrentamiento entre súbditos con iguales derechos, y por amenazar constantemente al Gobierno y a la Justicia con la declaración unilateral de la  cacareada república catalana.

Que el Sr. Torra no quiera sentirse aludido por Inés Arrimadas, entra dentro de lo que cabría esperar en personaje carente de razones que justifiquen su postura, y decidido a huir hacia adelante, entre otras cosas, porque sus compañeros de viaje no le dejan otra salida. El resto de fuerzas independentistas que dominan el Parlament tienen muy claro lo que quieren y, como no son tontos- y han visto las consecuencias del 155-, están mareando la perdiz pero sin decidirse a ser los protagonistas personales de ese primer paso independentista. Esperan que sea una decisión colegiada para que la Justicia, ante una segunda infracción, se vea obligada  a procesar un grupo demasiado numeroso. De momento ya se están colocando una venda preventiva, a base de dirigir cartas a personas y organismos  que, hasta hoy, poco o nada habían significado para ellos.

Pero claro, hasta las mentes más indecisas, cuando se dan cuenta de lo fácil que resulta acceder a las peticiones que formulan al Gobierno central –léase millones a fondo perdido, trato de favor a determinados presos, etc.- acaban por creer que, un nuevo golpe de estado “de mentirijillas”, alguna vez se hará efectivo por el sencillo método de los hechos consumados. De ahí que todos ellos hayan visto la actitud de Inés Arrimadas como una intromisión que no la compete, ya que el Gobierno de Sánchez, que era el obligado a actuar, miró para otro lado.

Ahora bien, que uno de los que afearan la intervención de Inés Arrimadas fuera el socialista Miquel Iceta, nunca debería ser  normal. Es cierto que el PSC mantiene la letra S en su anagrama porque es muy amigo de seguir unido a la ubre socialista cuando el PSOE ocupa La Moncloa. Pero la realidad es que, de todas las letras que lo componen, la que siempre ha prevalecido sobre las demás ha sido la C. No pueden abjurar de su “ramalazo” independentista porque, si lo reconocieran públicamente, no tendrían razón de ser. Ese es el motivo de que al Sr. Iceta se le revolviera el vientre al ver la Bandera de España. Era la ocasión de ganar puntos ante los suyos –y ante los independentistas. Ya se había declarado partidario de acabar con la prisión preventiva de los responsables del 1-O. En cualquier democracia occidental, el portavoz socialista habría sido fulminado. Aquí no, porque el socialismo que ahora gobierna en España- es un decir- tampoco tiene las ideas muy claras.

Ante momento tan delicado como el que está viviendo Cataluña, el Gobierno está, claramente, haciendo dejación de funciones. De nada han valeido las recomendaciones  - incluidas las de distinguidos compañeros de partido- para que Pedro Sánchez abandone esa política errática. Es consciente de su imposibilidad para sacar adelante según qué iniciativas, pero ese mismo complejo de inferioridad le tiene aferrado al sillón y no lo abandonará hasta que las consecuencias de esa decisión acaben expulsándolo. Por si fuera poco, las continuas meteduras de pata –empezando por las suyas- de varios ministros de ese “gobierno de especialistas” en nada ayudan a mejorar las cosas.

 De nuevo se ha vuelto a colocar el carro delante de los bueyes. Cuando más se necesitaría el consenso de los partidos que se tienen por defensores del orden constitucional, volvemos a encontrarnos con la negativa del PSOE a velar por los intereses de los demás para no ser el malo de la película. Pedro Sánchez y toda su cohorte de “colocados” se aferran a las consignas que emanan  del cónclave monclovita y todo vale para aguantar hasta 2020. Échame pan y llámame perro. Es curioso que un partido al que no le tiembla el pulso a la hora de aumentar los impuestos o de imponer medidas restrictivas e impopulares, sea tan reacio a la hora de defender la unidad de todos, los derechos de todos, el bienestar de todos y la observancia de las leyes por parte de todos.

Sr. Sánchez, está Ud. jugando con fuego y va a conseguir que los españoles acabemos quemándonos. ¿Qué más tiene que suceder para que se convenza de que los independentistas van en serio? El valido Torra ya tiene el ultimátum de la ANC para que el 21-D declare unilateralmente la independencia. Esas huestes del “pacífico” Jordi Sánchez, la CUP, los CDR, los “carrerborrokas” de Arran y no pocos profesionales de la algarada pueden llevarse el gato a sus  aguas. Ud. sabe, perfectamente, que la situación actual en Cataluña no es “asumible”, pero no quiere reconocerlo, porque si lo hiciera tendría que prescindir de todos sus colaboradores. Por cierto, ¡que Dios le conserve la vista a la hora de escoger a sus gentes! Por favor, de momento, hable de lo que quiera menos de regeneración. Se ha comprado un espejo y no hace otra cosa que mirarse. Póngase a gobernar de una puñetera vez, o deje que lo haga quien esté más preparado.