Lunes, 9 de diciembre de 2019

A vueltas con el trabajo

“El trabajo decente sintetiza las aspiraciones de las personas durante su vida laboral. Significa la oportunidad de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, la seguridad en el lugar de trabajo y la protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que los individuos expresen sus opiniones, se organicen y participen en las decisiones que afectan sus vidas, y la igualdad de oportunidades y trato para todos, mujeres y hombres.”. 

Organización Internacional del Trabajo

 

“realizar un sueño que vuela hacia lo más alto de tal manera que a través del trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano exprese y acreciente la dignidad de la propia vida”.

Francisco

El próximo 7 de octubre se celebra la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, donde sindicatos, ONGs, la propia Iglesia Católica se movilizan en numerosos eventos, mesas redondas y manifestaciones en la calle, reclamando un trabajo decente y digno esencial para la vida de millones de personas. El trabajo decente no es un cuento, debe ser un elemento central en las acciones gubernamentales, dando prioridad a las personas y no a los grandes capitales, necesario para unas sociedades más solidarias y más justas.

Vivimos en una profunda crisis no solo de valores, las contradicciones del propio capitalismo, está provocando que el trabajo humano esté perdiendo su verdadero sentido. Esa quiebra entre el trabajo y la actividad creativa, entre el trabajo y el capital, se está manifestando en el rechazo y aversión por el trabajo cotidiano, la pérdida del significado del trabajo, así como una creciente precarización laboral.

Ésta última, tiene su punto álgido después de la crisis con la reforma laboral del año 2012. Más que una reforma ha su puesto un fuerte retroceso social para los trabajadores, con contratos temporales con fecha de caducidad, pérdida de derechos sociales, bajos sueldos, largas jornadas laborales, etc. La alternativa a la precariedad laboral es el paro, y así llevamos ya casi una década, provocando pobreza y exclusión social en un mayor número de trabajadores.

La diferencia entre las sociedades actuales y las de hace unos años suponía, que desarrollar una actividad remunerada, era una garantía de integración social que te permitía una vida más allá de la pobreza. Para muchos trabajadores en nuestro país, tener empleo no es una garantía de exclusión social y de pobreza, ha aumentado la temporalidad laboral, también ha disminuido las prestaciones sociales, además de bajadas sustanciales de retribuciones, abaratamiento del despido y modificaciones de los contratos de formación y tiempo parcial.

Cáritas, La HOAC, CONFER, Comisión General de Justicia y Paz, Juventud Obrera Cristiana, impulsan dinámicas de sensibilización, visibilización y denuncia, en todo el país. Subrayando que trabajo es una cuestión central en la sociedad y esencial para la vida de millones de personas, además de anunciar la importancia de un trabajo decentehacia el interior de nuestras organizaciones, hacia la Iglesia en general y hacia la sociedad”. Este año bajo el lema:  “El trabajo decente no es un cuento, para ello ha desarrollado la iniciativa de cuentacuentos en diferentes actos públicos, además de charlas y mesas redondas.

La doctrina social de la Iglesia subraya el trabajo como un aspecto fundamental de la vida humana, en un momento que la revolución tecnológica está modificando profundamente tanto el proceso productivo como las relaciones del trabajo con el hombre. Juan Pablo II (Laborem exercens), subrayaba que el trabajo no era una mercancía sometida a la ley de la oferta y la demanda, que no se puede especular con los salarios ni con la vida de las personas. Benedicto XVI (Caritas in veritate), afirmaba que el trabajo decente es “expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer”, haciendo un llamamiento mundial a favor del trabajo decente.

El Papa Francisco insiste en la importancia de la dignidad del trabajo y del trabajo digno para la realización de la dignidad humana, la lucha contra la pobreza y la configuración de una sociedad más justa y solidaria. Si falta el trabajo, la dignidad humana está herida. El trabajo decente es esencial para enfrentar los desafíos actuales de creciente injusticia social y desigualdad, reforzando al mismo tiempo la dignidad humana y contribuyendo al bien común. Invitaba Francisco a una “coalición mundial a favor del trabajo decente”, asumiendo los llamamientos de la Organización Internacional del Trabajo.

Ante el constante paro y la precariedad laboral, se hace necesario señalar una humanización del mundo, de la cultura, de la economía, del trabajo en base a los derechos humanos y la justicia desde los más necesitados, estableciendo relaciones de solidaridad entre los trabajadores. Para ello no solo es necesario denunciar el trabajo indigno, también luchar por un mejor reparto de la distribución de los bienes. Denunciar y modificar la idolatría de los mercados que ha impuesto el modelo liberal, que antepone la libertad sobre la justicia y la igualdad, posibilitando la especulación sobre la distribución de las rentas, creando paro y precarización laboral.

Según la OIT, La creación y promoción del empleo es el elemento central en el Programa del Trabajo Decente. Promueve la realización personal, el mantenimiento personal del trabajador y el de su familia, ayuda a las sociedades a alcanzar las metas de desarrollo económico, mejora los niveles de vida de los ciudadanos y contribuye al progreso social.

La OIT recomienda que todas las personas tengan cobertura de seguridad social, que debería incluir medidas de reglamentación de la seguridad de los ingresos básicos. La protección laboral debería también crear condiciones de trabajo saludables y seguras, así como la protección de los salarios y un horario de trabajo decente.

El tercer pilar del trabajo decente es el diálogo social, cuya finalidad es promover la creación de consenso y la implicación democrática de los principales participantes en el mundo del trabajo. Si el diálogo tiene éxito puede contribuir a resolver importantes cuestiones económicas y sociales, promover la paz y la estabilidad e impulsar el progreso económico.

Cito para terminar este artículo, unas palabras de José Luis Segovia Bernabé (Josito), que afirma que como cristianos ser compañero de Jesús nos exige ponernos del lado de todas las víctimas y excluidos del mundo obrero, ejercer de samaritanos y nicodemos, a la par de levantar la voz proféticamente ante toda pretensión de idolatrar un sistema económico que impide la dignificación del ser humano.