L´autre gauche divine    

En el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), el pasado martes día 23, tuvo lugar la presentación de la candidatura de Manuel Valls a la alcaldía de Barcelona. Nacido en la ciudad condal,  hace 56 años, hijo de padre español y madre suiza, se nacionalizó francés con 20 años. Dentro del partido Socialista de Francia, ha desempeñado cometidos desde concejal hasta Primer Ministro. Su especial forma de interpretar la política le ha llevado a un segundo plano dentro de su partido. Tras presentar su dimisión como Primer Ministro, renunció a su militancia en el PS y se incorporó al grupo Republic en Marche de la Asamblea Nacional. Como es lógico, después de la presentación de su candidatura, ha manifestado su intención de renunciar a todos sus cargos en la administración francesa y, de paso, su compromiso a residir en Barcelona durante toda la legislatura, con independencia del resultado de las elecciones; es decir, formará parte del Ayuntamiento de Barcelona, desde la Alcaldía o en la oposición.

Su propósito es representar a una plataforma transversal, por medio de una candidatura independiente, que ya cuenta con el apoyo explícito de C´s, pero abierta a todos los partidos que se declaren defensores del interés general, antes que de sus intereses particulares. En frase que define con claridad su filosofía, declara: “Yo respeto a los partidos, son imprescindibles para la democracia, pero la ciudad no es de los partidos, es de los ciudadanos”

Cuando estas líneas vean la luz, en toda Cataluña se estará conmemorando  el primer aniversario de la revuelta del 1-O, de tan triste recuerdo. A la vista de los graves disturbios del pasado sábado, en la Plaza de San Jaime, alentados por las brigadas callejeras de la CUP y los CDR, todo hace presagiar graves consecuencias, cada vez más difíciles de enderezar. A este estado de cosas se ha llegado por practicar una vez más la política del “buenismo”, tolerar las desobediencias y no tomar en serio las amenazas del independentismo. A este paso, Dios quiera que me equivoque, acabaremos asistiendo a tal grado de recrudecimiento y osadía que los altercados independentistas puedan desembocar en alguna desgracia irreparable. Hay que tomarse el asunto con la seriedad que requiere. En ninguna democracia occidental hubiera sido posible tal dejación de funciones. Las cosas se han hecho tan mal, dentro y fuera de España, que los sediciosos catalanes han conseguido revertir a su favor el apoyo y la comprensión de muchos países que teníamos por amigos- y no sólo me refiero a la vieja inquina que, desde los tiempos del Duque de Alba, nos han obsequiado desde Bélgica.

A este claro prossés independentista “made in Pujol”, después se han apuntado muchos “padres”: populistas, anticapitalistas, anti españolistas, no pocos socialistas y toda una ensalada de partidarios de una república, “modelo catalán”, empeñados en convertir su “nueva nación” en el próspero país de Jauja. La fractura que se palpa en la sociedad catalana es de tal magnitud que no se puede mantener –y mucho menos alentar- ni un día más. Para ello es imprescindible un cambio radical en la forma de acometer el problema. Los pretendidos diálogos, o esperar que los secesionistas reconozcan la gravedad del abismo en que han sumido a la próspera sociedad catalana de no hace tantos años, ya es perder el tiempo y, sobre todo, abjurar de la obligación de cualquier gobierno demócrata sometido a semejantes desafíos.

De este gobierno, envuelto en multitud de escándalos, se puede esperar todo menos enfrentarse a quienes pueden conseguir expulsarle de la Moncloa. De hecho ya se lo están diciendo con todas las letras. P. Sánchez se ha refugiado en su viaje a Canadá y USA, esperando que pase la tormenta. Mientras tanto, ha intentado utilizar la tribuna de la ONU para distraer a un grupo de aburridos asistentes con todo un dechado de lugares comunes. De alguna forma había que dejar constancia de cómo todo un doctor en economía está dispuesto a “colocar a España en su sitio” –se ve que se había perdido- y hacer de ella un país emprendedor donde “las ideas prosperen y la creatividad se convierta en realidad”;  vamos, todo un país “star-up”.Como diría su compañero Felipe: “y dos huevos duros más”

Suponiendo –que es mucho suponer- que los más que seguros altercados que se produzcan en el día de hoy no se le vayan de las manos a P. Sánchez, habrá que prepararse para la primera prueba segura–elecciones municipales del próximo 25 de Mayo. Exponente claro del desastre catalán ha sido la labor de Inmaculada Colau –qué mala leche la de quien tuvo la ocurrencia de ponerle ese nombre tan poco progre-, responsable de muchas de las medidas que tanto daño han hecho y siguen haciendo en Barcelona y, por simpatía, con toda Cataluña. Hasta que ese faro que siempre ha representado Barcelona a la hora de reflejar el empuje catalán en todo el mundo, no reciba su energía de otra fuente distinta a la actual, será muy difícil reconducir la situación. Es tarea de todos los catalanes partidarios de la ley y el orden. Ya  es triste que el primer paso le haya tenido que dar un ciudadano francés, alarmado por la actual situación. Esa otra mitad de catalanes que ven conculcados sus derechos cada día, van a tener la ocasión de dar la vuelta a la tortilla. Aunque sin emplear sus siglas, parece que C´s está dispuesto a apoyar abiertamente esa plataforma, no así PP y PSC, que, por cierto,  muy poco pueden esperar de los resultados que obtengan por separado. Ambas formaciones han llegado a tener una representación casi testimonial y todo apunta a que su porvenir en Cataluña sigue siendo bastante negro.

De la oportunidad, o no, de la “operación Valls” da fe la reacción de todos los partidos secesionistas –y algunos constitucionalistas. Han saltado a la nuez del francés hasta llegar al insulto xenófobo. Si Pedro Sánchez es consciente de la debilidad del hilo que le sujeta a su actual sillón, y se ve obligado a conceder, abierta o subrepticiamente, exigencias que nunca deben tolerarse, las fuerzas independentistas que gobiernan la Generalidad y muchos ayuntamientos, temen la coalición de los tres grandes partidos políticos a nivel nacional en candidaturas comprometidas a voltear el actual estado de cosas. Sólo se necesita la decidida voluntad de PP y PSOE. C´s, por su parte, ya lo ha anunciado renunciando a sus siglas.  En las últimas décadas del pasado siglo hubo una izquierda civilizada – La Gauche Divine- dispuesta a reformar las costumbres españolas tomando contacto con corrientes de arte o pensamiento que ilustraban la vida en los ambientes europeos, incluidos los liberales. Aquí y ahora no hay derechas ni izquierdas, hay que resolver inmediatamente un gravísimo problema Después de la decisión que tome cada partido, la opinión pública estará en condiciones de tenerlo en cuenta para futuras consultas. La improvisación y el alto listón que se autoimpuso Pedro Sánchez , unido a esa guerra que ya ha dejado dos ministros hundidos y otros dos tocados –muy posiblemente por fuego procedente de las propias trincheras-, pueden dar lugar al final anticipado de la actual legislatura .En ese caso, la vieja Gauche Divine del pasado siglo tendría que funcionar, a nivel nacional,  por medio de un consenso suscrito por todas las fuerzas constitucionalistas. Una vez logrado, que gobierne el que pueda hacerlo responsablemente. Después, que cada fuerza se valga de su habilidad para conseguir, entre todos,  enderezar el rumbo de España.  No parece que Pedro Sánchez se preocupe demasiado en llevarle la contraria a Maquiavelo. Alguien más sensato debería tomar las riendas del verdadero partido socialista.