Jueves, 13 de diciembre de 2018
Béjar al día

Un paseo por edificios singulares de Béjar

Las edificaciones de la Calle Mayor, del neoclasicismo al estilo ecléctico de la opulencia fabril

Plaza de Nicomedes Martín Mateos, en la que se observa la estrechez de las fachadas por el precio del suelo

Ligada a la industria textil bejarana emergió en Béjar una burguesía adinerada de empresarios y cargos intermedios de las fábricas durante la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del siglo XX que cambió el urbanismo de la ciudad con construcciones de edificios que mostraban la bonanza económica de sus moradores.

Así surgió la Calle Mayor y el legado de sus edificios singulares bajo los que quedó oculta la antigua muralla medieval, en una época en la que lo antiguo era viejo, convirtiendo a esta vía en la arteria principal de la ciudad que enlazaba la Puerta de la Villa con la Plaza Mayor. Un paseo por esta calle otrora bulliciosa y llena de comercios, hoy descubre al visitante la opulencia de las moradas de aquellos fabricantes que no permitieron que se establecieran otras industrias en Béjar, para controlar el precio de la mano de obra, y aunque dieron trabajo a más de 4.000 personas en la fabricación lanera y a unas 600 en la del lino, su visión cortoplacista contribuyó a su propio declive.

La estructura de estas edificaciones de la Calle Mayor, según un reciente y magnífico estudio publicado, de Oscar Rivadeneyra, que ha dado lugar a una nueva ruta turística en Béjar; va unida a ese poderío económico, pues son estrechas en su parte norte de manera directamente proporcional a la apariencia de riqueza que querían demostrar las familias que las habitaban, lo que da un idea del encarecimiento que debió sufrir el precio del suelo en esa zona de la ciudad.

Son construcciones en las que se puede ver la sobriedad y elegancia del estilo neoclásico en la mayoría de las fachadas, aunque conviven con otras que sorprenden con un estilo ecléctico que trata de reunir y conciliar singulares tendencias. Muchas de estas fachadas que dan al norte, cuentan con balcones acristalados que permitían a las familias participar de la vida social de las tradicionales y abundantes procesiones que pasaban por la Calle Mayor, manteniéndoles a resguardo de las inclemencias del clima bejarano.

Sin embargo las casas se ensanchan hacia el sur para aprovechar el sol y el paisaje, con amplias galerías, arcadas, grandes ventanales acristalados y terrazas en las que se combina la piedra de granito con el modernismo del hierro,  para ir descendiendo hacia la ahora Calle Colón, entonces conocida como La Solana, en jardines colgantes y terrazas escalonadas, decorados con grandes coníferas, algunas de las cuales han pervivido hasta nuestros días.

Edificaciones que podríamos calificar de señoriales en una ciudad de provincias en la que la industria textil marcaba la estética del trazado urbano y además de dejar edificios fabriles en la zona del río, con pesqueras y puentes, turbinas y chimeneas; configuró el urbanismo de los últimos siglos, fruto de una sociedad tan singular como las construcciones que dejaron aquellos fabricantes empoderados en cargos políticos que dieron origen al refrán ‘Pareces más rico que los ricos de Béjar’.