Domingo, 18 de agosto de 2019

En la mente del maltrato

Imagine. Se levanta un día como hoy, sale a la calle con energía, empieza a hacer su rutina diaria y, en medio de ese ir y venir, de esa monotonía, conoce a alguien. Saltan chispas entre ustedes, deciden quedar y conocerse.

Esta persona muestra, sin apenas saber de ti, que está tremendamente enamorado. Digamos que en cosa de un mes están saliendo juntos. Intenta agradarte y hacer que todo parezca perfecto. Es atento, servicial. Te enamoras.

Así va pasando el tiempo, le sigues adorando y viendo ‘semiperfecto’ pero habéis tenido algunas discusiones. Discusiones, por supuesto, de menor importancia.

“Se pone nervioso cuando salgo con mis amigas, pero es comprensivo y al final acaba cediendo, me deja salir.”

“Hemos decidido darnos las contraseñas de nuestro móvil en señal de amor y confianza.”

“No me apetece salir, estoy harta de que me digan cosas por la calle. Luego mi cielo se enfada y no me apetece discutir.”

“Creo que voy a deshacerme de Facebook, no me gusta porque hay otros chicos que me hablan o que dan like a mis fotos y eso pone triste a mi novio. Lo hago como muestra de amor y comprensión hacia él.”

“Él quiere saberlo todo de mí. Entre nosotros no hay secretos. Además, le molesta que yo sea reservada con ciertas cosas, es mejor contarlo todo y así me quito de problemas.”

“Él me ha llegado a llamar o a insinuar que soy una puta, que no soy pura… yo, en parte, lo entiendo. Es normal que me lo llame, tiene que ser muy duro para él…”

“Muchas veces, si está enfadado, deja de hablarme. Hay días que me quiere con locura, otros me ignora completamente. No sé qué hago mal…”

“Nuestro amor es para siempre. No funcionaría con otra persona, soporto ciertas cosas porque le quiero.”

“Es un poco celoso. Es porque me quiere.”

“Él me dice que mis amigas no me merecen, que es mejor que esté sola. Ya no tengo casi amigos, pero él sí sale con mucha gente.”

“Sí que me quiere, cuando discutimos me lo deja muy claro. Él me dice: no te enfades, si te vas me muero. Te necesito, no puedo estar sin ti. No funcionaría si no fuera contigo. Tú eres lo que yo más quiero en este mundo, sin ti me muero.”

Digamos que el maltratador es como una araña y tú eres la mosca. Espera a que caigas en su red pacientemente. La muerte de una mujer a manos del maltratador sería un fracaso verdadero. Lo ideal para él sería el sometimiento de la misma de por vida. Desde controlar su dinero (violencia económica), a controlar su mente (violencia psicológica), pasando por el maltrato físico (violencia física), violaciones o presión, chantaje emocional en cuanto al sexo (violencia sexual), la imposición moral o la obligación de adoptar otras costumbres… No como prueba de amor, que es el disfraz que utiliza, sino como prueba de sometimiento. Él quiere el control sobre la víctima, sigue un patrón que coincide en la mayoría de maltratos, un ciclo como bien señala Raquel Gil Prado:

Primera fase: cuento de hadas o luna de miel. Todo parece perfecto.

Segunda fase: acumulación de tensión. Recordamos que las agresiones no tienen por qué ser físicas, sino que el chantaje, el silencio, los gritos o las miradas intimidantes son también un tipo de violencia.

Cualquier problema cotidiano puede ser motivante de disputa y agresión por parte del maltratador. La víctima puede tener cierto control sobre estos episodios, en el sentido de poder prever en cierta medida cuando sucederán (Gil de Prado: Web).

Tercera fase: incidente violento.

La conducta de la víctima es castigada por la pareja. Esta segunda etapa  constituye el momento más breve del ciclo de violencia, y puede ser la clave para poner fin al maltrato acudiendo a la policía u otro organismo pertinente (Gil de Prado: Web).

Cuarta: etapa de arrepentimiento.

Se suele llamar etapa de la luna de miel. El agresor promete cambiar y vuelve a haber un clima de bienestar y armonía. La víctima cree que la nueva situación es la definitiva, que su pareja ha recapacitado y no volverá a cometer ningún acto violento. 

Cree que todo ha sido un episodio aislado y le encuentra una justificación en que su pareja ha tenido un mal día, o en alguna frase dicha por ella que pudo haberlo molestado y ‘sacado de sus casillas’ (Gil de Prado: Web).

 

Son múltiples realidades… Si nos asmomaos a las estadísticas españolas (porque en otras partes del mundo son igual o mucho más estremecedoras) un abismo infinito nos invade: 

“En los últimos 15 años, alrededor de 920 hombres han asesinado a sus parejas o exparejas, así como a los hijos de estas” (Godoy, 2018: Web). Este mismo autor afirma que

Quedándonos sólo en datos oficiales, el total de denuncias en 2017 estaría muy por encima de 150.000, un dato muy superior a las 134.462 contabilizadas en 2016 y las 123.725 de 2015 (2018:Web).

 Mientras que el número de víctimas sin denunciar en 2015 “era del 65%”. Al mismo tiempo, en 2017 “356 menores de entre 14 y 17 años investigados por maltrato a sus parejas” (Godoy, 2018: Web).

Las cifras provocan el llanto... Si eres mujer y sufres violencia física o psicológica no dudes en ponerte en contacto con los servicios de ayuda al maltrato de género como es el teléfono nacional 016 o el 900 100 009, así como la línea de Atención para mujeres sordas (DTS): 900 152 152. Todos estos teléfonos son totalmente gratuitos. También puedes contactar con ellos si crees que un familiar está sufriendo este tipo de violencia.

Encuentra más información en la página web: http://malostratos.org/ o en la página del Instituto de la Mujer: http://www.inmujer.es/ ¡habla con tu familia o amistades, busca ayuda, ellos te comprenderán! ¡Siempre hay salida, no estáis solas!

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