Lunes, 9 de diciembre de 2019

¿Aumenta o disminuye la capacidad intelectual en las nuevas generaciones?

A raíz de los resultados dispares obtenidos en varias investigaciones recientes sobre las variaciones en la capacidad intelectual de las jóvenes generaciones ( las que han crecido utilizando sistemáticamente en sus vidas las nuevas tecnologías), el tema de la evolución del cociente intelectual está logrando un intenso debate, no solo entre psicólogos y sociólogos, sino en la población general.

Lo más probable es que la diferencia de resultados de estos estudios se deban a problemas o diferencias de las muestras y/o  de metodología empleada. La cuestión, pues, sigue abierta: ¿Son más “tontos” o más listos nuestros hijos que la generación de sus padres?

Se ha investigado mucho la influencia de las actuales tecnologías de comunicación en las funciones intelectivas; en resumen las opiniones contrarias se  dividen entre los que subrayan el positivo incremento de estímulos ( informativos e interactivos que proporcionan los nuevos móviles e internet) en la vida de  los niños y jóvenes, y los que ponen el acento en los aspectos cognitivos negativos que producen estas tecnologías: una atención más dispersa, menor capacidad de análisis y síntesis, conocimientos más superficiales de todos los temas.

Pero el uso de internet y las nuevas tecnologías no es el único elemento que está repercutiendo en la riqueza o pobreza del pensamiento y de la creatividad. Quizás ni siquiera el más importante. Hay otras dos actividades que han experimentado en las últimas décadas una decisiva disminución. Las dos tienen que ver con la palabra, por lo tanto con el pensamiento: EL MENOR TIEMPO EMPLEADO EN LA ESCUCHA DE LA GENERACIÓN DE LOS PADRES y EL MENOR TIEMPO DEDICADO A LA LECTURA, en estas generaciones.

Una iniciativa social nacida en la Universidad de Chicago, titulada “Thirty millions words” tiene como objetivo expandir la idea de que los padres hablen más y mejor a sus hijos ( comprobado ya cómo la riqueza de vocabulario, razonamiento, información de experiencias, transmitida por los padres y sustitutos, influye en el mayor nivel intelectual de los niños). Es una evidencia que la televisión y los juegos con dispositivos tecnológicos han hecho disminuir el diálogo y la trasmisión de información entre las generaciones. La iniciativa de “Thirty millions words” va en la línea de recuperar el enriquecimiento intelectual que crea el diálogo intergeneracional.

La actividad de la lectura ha sufrido un gran retroceso, en general, en las jóvenes generaciones. Nuestra sociedad pone la imagen en el centro de la información y la palabra queda relegada a un nivel secundario. Solo hace falta ver un minuto un informativo de cualquier televisión para observar que la pantalla está llena de diversas imágenes y se escucha una sola voz dando cuenta fragmentada  de todas las simultáneas escenas que en un momento aparecen en la pantalla. Mientras que en la lectura el lector recrea activamente el pensamiento del escritor,  la percepción pasiva de imágenes no incrementan los procesos de pensamiento, análisis y síntesis, de lo percibido.

Lo sabemos muy bien todos: al finalizar de ver-escuchar cualquier telediario, todo el “popurri” que nos hemos tragado nos deja como al principio, con los pies fríos y la cabeza caliente.