Jueves, 20 de junio de 2019

Quod natura non dat

Al ruido se le combate con más ruido y ya tenemos liado el estrépito para dejar a un lado el tema universitario y regresar a Cataluña que es un recurso de lo más sonoro. Reconozcámoslo, cuando necesitamos que deje de hablarse de un tema –plagios presidenciales, subidas de la luz, del diesel, de la cuota de los autónomos, miedo a aligerar los aforamientos- no hay nada mejor que regresar al problema catalán o probar con reformar la Constitución, que también es un clásico dilatorio. Aquí el caso es no ocuparse de lo que preocupa y echar balones fuera con unas declaraciones muy medidas ¿Acaso alguien piensa que a la delegada del gobierno en Cataluña se le ocurrió lo de los indultos así, a bote pronto? que luego son respondidas por el resto de la claque y así vamos pasando los días dándole trabajo a los periodistas y a los contertulios de la tele que en vez de hablar de las miserias de los pseudofamosos, ahora se ocupan de la transcendental política española de andar por casa.

Como maniobra de ocultación y distracción no tiene precio. Hay cosas que estamos aprendiendo a marchas forzadas. A cortar y a pegar, a improvisar, a decir una cosa y su contraria y no al unamuniano modo. En estos tiempos de insustancialidad absoluta cualquiera hace un titular y nos mantiene ocupados mientras lo que de verdad importa sigue sin resolverse y se mantienen las interrogaciones retoricas de siempre ¿Es verdad que el diesel contamina? ¿Hasta cuándo los extremeños van a seguir teniendo un tren decimonónico? ¿Hay posibilidades de que ahorremos en administraciones reduplicadas y políticos que discuten las pensiones ajenas y no las suyas? ¿Hay vida en el PP más allá de Aznar? El presidente del gobierno se va a lucir palmito haciendo las Américas, pero no teman, queda el grueso de la tropa para capear el temporal y seguir con la maniobra dilatoria y con ese regusto a copieteo que ha quedado en el ambiente… ese plagio que más allá del valor académico o de impostura que uno quiera darle nos demuestra un panorama no de excelencia y mérito, sino de improvisación, ambición, prisa, falsedad en documento público e impudicia. Cuando Roldán afirmó su currículum más falso que ciertos grabados de Dalí nos reímos todos, sin embargo, del rey para abajo ahora parece que todos nuestros políticos son un producto de la ESO y de la picaresca nacional de ponerse licenciaturas (Puigdemont), masters (Casado) , doctorados (Rivera) y publicaciones (Sánchez) donde no las hay. Y todo esto mientras el resto del personal se las ve y se las desea para hacer que sus hijos estudien, salgan afuera a trabajar, que parece el destino de todos nuestros talentos, y aún mejor… hagan carrera en una universidad tan denostada que ni ochocientos años parece garantía de solvencia.

¿Hay algo más allá de esta mediocridad imperante donde solo la ambición desmedida y el “porque yo lo valgo” protagonizan el panorama? Sí, algo peor, la dejación de funciones de quien debe velar por hacer oposición y el desinterés con el que asistimos a este bochorno. Les dejamos hacer y así nos va. Quizás porque la alternativa aún da más miedo, o tal vez porque ya estamos acostumbrados a tanta ineptitud. O quizás porque nos representan en todos los sentidos, porque somos igual que ellos… aterrador.

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez