¿Avanzamos?

El panorama político ha vivido un par de semanas bastante movidas. No se falta a la verdad al decir que casi todos los sobresaltos que nos invaden cada día tienen su origen en actitudes, iniciativas o manifestaciones de Pedro Sánchez o alguno de sus allegados.  Se cumplieron sus primeros cien días en la Moncloa y, como es costumbre, hay que valorar la ejecutoria del gobierno salido de la moción de censura. La regla no escrita de esperar a esa redonda cifra ha suavizado la impaciencia de no pocos que ya creían tener razones más que suficientes para criticar lo que no es de su agrado. La fatalidad ha querido que haya surgido todo un rosario de desaciertos lo suficientemente importantes como para amargar la celebración a sus protagonistas. Son muchas las meteduras de pata que han contribuido a empañar los mágicos conejos sacados de la chistera de Sánchez y algo había que hacer. La obsesión por poner en marcha todo el aparato propagandístico encaminado a ensalzar las especiales dotes que adornan a su presidente, ha propiciado la necesidad imperiosa de que, antes que los medios hagan su análisis, deba ser el propio gobierno el encargado de efectuar su juicio crítico. Hay que pasar a la ofensiva. Tocan a rebato y entra en escena todo ese ejército de expertos en diferentes materias, asesores de imagen, escudriñadores de fallos del adversario, y responsables de algunos medios de comunicación, para sacarse de la manga algo que contrarreste la osadía de atacar al presidente. ¡Ya está!  Lo primero, una comparecencia de nuestro crak -lejos del Parlamento y nada de preguntas- bajo el lema “Avanzamos”; con invitación a empresarios encuadrados en el Ibex 35 y simpatizantes del puño y la rosa, y rodeado por la práctica totalidad de sus ministros/as. Así se gestó el acto de la Casa de América.

Cuando el cielo amenaza tormenta, el manual aconseja colocar la cortina de humo que distraiga la atención. Los primeros golpes se han parado a base de resucitar las cantinelas de siempre: Valle de los Caídos, ataques a la Iglesia, más impuestos para los ricos, papeles para todos, algún referéndum que entretenga a los independentistas, acabar con las corridas de toros, seguir hostigando al turismo, etc. Como eso es lo más lo más urgente, salimos del apuro y, de paso, se contenta a quienes quieren revivir sólo la mitad de la llamada Memoria Histórica - o, sencillamente, arrimar el ascua a la sardina de sus imposibles aspiraciones. Ahora se trata de seguir buscando muletillas porque siguen apremiando, ¡y son los que nos han instalado en La Moncloa!

 ¡Maldita sea! Si no era suficiente con el traspié sufrido por las dimisiones forzadas de dos Ministros y una Directora General y el odioso ABC se atreve a poner en duda la especial capacidad de nuestro líder, insinuando que su tesis doctoral es todo un dechado de plagio infantil y burdo. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Pedro Sánchez se rasga las vestiduras en el Congreso –después de mentir descaradamente- y, con el rostro desencajado por la sorpresa del ataque, llega a amenazar a quien se atreva a poner en duda su honorabilidad. Zafarrancho de combate y todo el gabinete sale en tromba para atacar al mensajero. El propio Presidente dirige un burofax a los medios que difunden la pretendida calumnia advirtiendo que, si no rectifican, emprenderá las oportunas acciones legales.

Aplicación inmediata de los programas “busca plagio” –después de los oportunos retoques- y todo un concierto de declaraciones para rebajar al mínimo la materia “fusilada”. Vamos, que se trata poco menos que de un error involuntario que se puede subsanar en una próxima edición. Total, maniobras arteras de la derecha fascista empeñada en atacar descaradamente a quien viene a salvar la patria. Supongo que con esta oportuna advertencia será suficiente porque, de lo contrario: ¡Que se vayan preparando!

Ahora resulta que la tesis del Sr. Sánchez es, también,  la madre que parió al libro que siguió a ese plagio. Puede dar gracias al boom de su tesis porque así podrá vender algún libro a quienes quieran enterarse de lo que nunca se debe hacer. Como español que se precia de serlo, me avergüenza tener de Presidente del Gobierno a un personaje con tan pocas luces y tanta soberbia. Esto me recuerda el chiste del pastor que en conversación con un paseante, al insinuarle su escaso nivel cultural, contestó: “Pues yo me he pasado tres años en la Universidad de Salamanca”. Ante la sonrisa de su interlocutor, replicó: “¡Sí, tres años retejando!”

Pues bien, Sr. Sánchez, está Ud. tan aferrado a su ambición –y tan jaleado por sus palmeros- que no acaba de darse cuenta de que todas sus decisiones son boomerangs que acabarán descabalgándole del sillón tan endeble que ocupa. Y lo peor de todo es que sus compañeros de moción de censura ya se han dado cuenta de su debilidad y pretenden alcanzar de Ud. todo aquello que no han conseguido hasta hoy. No acaba de asimilar que con 84 diputados, por mucho que quiera avanzar, no se puede gobernar sin que le pasen factura. Y esa factura, si alguien no le baja del caballo, acabaremos pagándola todos los españoles.

Si un Presidente del Gobierno proclama que nunca se apoyará en los partidos que pretendan acabar con la unidad de España y, acto seguido, se alía con ellos para conseguir el cargo en ridícula minoría, no puede decir que avanzamos.

El Presidente del Gobierno que se dedique a aumentar el déficit a base de sacrificar a la sufrida clase media –el impuesto a la banca, como el tema de los aforamientos han pasado a la nevera-, desoyendo las directrices de la UE y amenazando claramente la recuperación económica, que no diga que avanzamos.

Si un Presidente del Gobierno, a pesar de tan desagradables precedentes, está dispuesto a tolerar las continuas amenazas del secesionismo catalán y, a la vez, permite que el ministro de Asuntos Exteriores manifieste la “conveniencia” de conceder la independencia a Cataluña porque, de lo contrario, la alcanzará antes de 20 años; que la ministra de Administración Territorial  y la Delegada del Gobierno en Cataluña se dediquen a presionar a jueces y fiscales para que pongan en libertad a los rebeldes del 1-O -casualmente los tres colaboradores de Sánchez son catalanes y de su partido-, tampoco puede decir que así avanzamos.

Cuando un presidente del Gobierno de España, cuando más fácil lo tiene, decide no presionar al Reino Unido sobre la soberanía de Gibraltar en la negociación del Brexit, no puede asegurar que avanzamos.

Si un Presidente del Gobierno Español está dispuesto a permitir una reforma de la Constitución que deje la puerta abierta a futuras secesiones, nunca podrá decir que avanzamos.

Todo Presidente del Gobierno que ejerce su función a base de anunciar medidas que, ante la menor señal de rechazo por parte de alguno de sus compañeros de moción, o la mínima posibilidad de no poder sacarlas adelante, esté dispuesto a modificarlas, que no se moleste en decir que avanzamos.

El Presidente del Gobierno que pretende aferrarse al poder a base de mentir constantemente, si no quiere perder la costumbre, tendrá que decir que avanzamos.

Si para el Presidente del Gobierno todo lo anterior es avanzar, alguien tendrá que decir a los españoles: Media vuelta, ¡Ar!