¡Pobres alumnos!

¡Pobres alumnos!

Hacia meses que me había apartado de este foro. La mala salud, cierto hastío, me tuvieron apartado. Han acaecido, entretanto, infinidad de sucesos, algunos peregrinos, otros respetables. De ellos elijo uno que me indigna profundamente. El que tiene que ver con la corrupción universitaria.

A los amigos, tengo pocos, les digo bromeando: “en la próxima reencarnación me apuntó de nuevo al quehacer universitario, eso sí, en matemáticas”. Con los años he aprendido, quizás aún no lo suficiente, que el conocimiento libera y la creencia ata. Recuerdo que allá por la década de los noventa hicimos amistad en Holanda con un ingeniero de una afamada multinacional alimenticia. Me dijo algo que me hizo pensar: “el éxito de una empresa reside en sus recursos humanos. Encontrar financiación es mucho más fácil que encontrar personas preparadas” Con el tiempo me he dado cuenta de lo acertado que estaba. La mayoría de las gentes piensa que con dinero todo se consigue. Falso. El dinero es una condición necesaria, no obstante, insuficiente.

La educación es la que procura la suficiencia. Educación en todas las etapas de la vida de una persona. Hasta hace muy poco en España se despreciaba la enseñanza primaria. Se hacían bromas con eso de ser maestro de escuela. En otros países más civilizados esa tarea se encomienda a los universitarios más capacitados. ¡Qué decir de nuestra enseñanza secundaria! Los que nos hemos, o siguen dedicados, a la enseñanza universitaria podrán atestiguar el deficiente dominio del lenguaje oral y escrito que exhiben sus alumnos. Tanto es así, que en muchos campus universitarios deben destinar tiempo y profesorado para superar tales carencias. Resulta deprimente constatar que muchos doctorandos no manejan esas herramientas con fluidez. Wittgenstein decía: “el mundo es nuestro lenguaje”. El mundo de tales alumnos resulta muy estrecho.

¿Culpa de los alumnos? ¿Culpa de los profesores? ¿Culpa del sistema educativo?  Culpa del sistema educativo sería mi respuesta. Pongamos nombre y apellidos: la culpa es de nuestros gobernantes de turno.  La educación no da votos, la justicia (otra malquerida) no da votos. En cambio, el ladrillo da votos, el tres por ciento da votos, el nepotismo da votos, el independentismo da votos, las momias dan votos, Marta Sánchez da votos, hasta los periodistas más soeces procuran o quitan votos. En suma, lo único importante para estos mediocres profesionales de la política es hospedarse en la Moncloa.

Si el director de un instituto universitario o profesor, permiten que se califique en función de la importancia social del alumno, convalide arbitrariamente asignaturas, dispense la asistencia, altere las notas de actas de examen a su conveniencia, debe ser expulsado de la universidad. Si el rector mira hacia otro lado, a sabiendas de lo que sucede, debe dimitir de inmediato. Si alguno de los gobernantes de turno se prevale de su cargo para obtener tales beneficios académicos debería ser inhabilitado. Si un rector o cargo político falsea su currículum o se atribuyen como propios logros científicos ajenos deberían ser inhabilitados.

Me temo que lo sucedido en la Rey Juan Carlos Primero (triste nominación) sea más que un episodio aislado, que una “manzana podrida” ¡Pobres alumnos!