Jueves, 20 de septiembre de 2018

El odio

Otra vez  he de echar mano de la psicología para describir algo tan feo, tan horrible, como lo vivido hace tres días en el hemiciclo de nuestra querida España. Lean aquellos que lo deseen, como las misma palabra fueron pronunciadas por dos personajes que hoy disfrutan de calles en nuestras ciudades, fueron tiro de palabra con blanco certero Año 1.936

Este no vuelve a hacer otro discurso o

 Se va enterar.

Claro que se enteraron, curioseen

Quien nos desgobierna en sus “maravillosos ciento y pico días” ante una pregunta “trapa” de la Oposición Cs,muestra la cara terrible del odio, gesto descompuesto, manos caídas y cruzadas— igual que el niño que es pillado por el profesor copiando. Me recordó otra vez el narcisismo del que sufren algunas personas con más o menos relevancia.

Quizá a fuerza de vernos en el lago, y saber en qué consiste, dejemos de querer ser siempre el centro y miremos a nuestro alrededor ¡también hay vida a parte de nosotros!

 Hago un  breve repaso (DSM V)

En el psicoanálisis, Sigmund Freud define el odio como un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad.​

La psicología define el odio como un sentimiento "profundo y duradero, intensa expresión de animosidad, ira y hostilidad hacia una persona, grupo.

 El odio patológico, empero, como máxima expresión de las bajezas humanas, tendría explicación en el adagio perruno de Séneca, quien afirmaba que es propio de los mediocres ladrar a los hombres eminentes, como los perros pequeños ladran a los forasteros.

 El niño comienza por no amarse más que a sí mismo. Pero aprende amar a las personas que le deparan, placer, alegría, distracción, juego. Odia instintivamente a los que traten de impedírselo. La sustracción de placer se le transforma en dolor. (Le retira del pecho y despierta hambre, y el hambre duele.) El niño aprende muy pronto el mecanismo de proyección. Padeciendo el dolor del hambre, el infante vivencia la intensidad de su odio, llegando incluso a atacar el pecho que lo amanta. ¡Cuantas veces las mamás se quejan de los mordisco que sus bebés les profieren!. Desea “¡A mí el placer y a ti el dolor!” O “¡A mí el amor y a ti odio!”...me viene al recuerdo el cuento tantas veces leído en sesiones de terapia EL LOBO BLANCO Y EL LOBO NEGRO, ante la pregunta del nieto

Abuelo que lobo ganará

Nieto aquel que tú alimentes

El qué odia, sé cree que siempre está expuesto a sentirse injustamente tratado, está indicando que es una persona: inmadura, irreflexiva, con falta de autoestima, inmadurez emocional y egocentrismo

No es ninguna broma la situación que hoy sufrimos y España está herida, muy herida

 

Cuento

 

EL ODIO  (Autor Scharremberg)

 Recuerdo de mí maestro Ramiro Calle

 

Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde

recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones.

 

Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

– ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

 

– No, gracias a Dios ya lo olvidé todo – respondió

 


– ¿Y tú?

 

– Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas – dijo el otro

 

Su amigo lo miró unos instantes, luego con ternura dice:

– Lo siento por ti.– Si es así, significa que aún te tienen preso